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“La última vez que lloré fue al despedir una época en Barcelona”

El escritor y politólogo mexicano Emiliano Monge responde al carrusel de preguntas del diario

"¿A qué hora se hizo tan temprano", se pregunta uno de los personajes de la última novela de Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978) Las tierras arrasadas (Literatura Random House). Una cuestión que bien podrían plantearse los miles de migrantes que cruzan la frontera entre México y EE UU y que caen en manos de traficantes, a los que da un papel protagonista Monge en su nuevo libro.

El escritor asegura que le cuesta reconocerse como tal, a pesar de tener un lugar importante entre los autores latinoamericanos actuales: "Siempre me sale que estudié Ciencias Políticas". Monge presentó la semana pasada en España Las tierras arrasadas y se mostró sorprendido del frío que encontró en Madrid: "Me he tenido que comprar una bufanda. Me ha cambiado el viaje". Ante la pregunta ¿Messi o Ronaldo?, lo tiene claro: "Messi, la duda ofende".

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?

¡Híjole, hace tiempo que no me reí a carcajadas con un libro! Pero quizás El banquero anarquista, de Fernando Pessoa.

¿Quién sería su lector perfecto?

Alguien a quien le interese la literatura como un reto, aceptando que al leer hay que poner de tu parte tanto como puso el escritor.

¿Qué significa ser escritor?

Pertenecer, desgraciadamente, a una élite y un trabajo intenso de compromiso con uno mismo y con los demás y, sobre todo, es la consecuencia de ser un lector enfermizo.

¿Qué música le sirve para escribir?

La verdad es que la música me hace perder mucho la atención. Solo la escucho si me centro en ello. No tengo la facilidad, que envidio, que tienen algunos de acompañar actividades de la vida con ella.

¿Qué libro le cambió la vida?

La vida me la ha cambiado la experiencia de la lectura. Me impactaron mucho Moby Dick, Vergüenza, La tentación del fracaso, El desierto y su semilla...

¿Quiénes son sus influencias literarias?

Hay muchísimos. Han ido cambiando con el tiempo. Las influencias te impactan en un momento y se quedan para siempre. Hay toda una serie de lecturas del siglo XX que es cierta novela de la Revolución… Hernández y Fernández, Rulfo, Josefina Vicens, los llamados Escritores del desierto; Julio Ramón Ribeyro; Juan José Saer; Rodolfo Walsh; Inés Arredondo...

¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?

Con David Bowie.

¿Qué libros están normalmente en su mesilla de noche?

Ahora, en el hotel, están una edición especial del 50º aniversario del Farabeuf, o la crónica de un instante de Salvador Elizondo, una recopilación de cuentos de César Aira y Fauna y desplazamientos de Mario Levrero. En México, los que tengo cerca siempre son el Ulises de Joyce, Pedro Páramo, de Rulfo y Moby Dick.

¿Qué personaje literario se asemeja a usted?

Mis amigos dicen que me parezco a Karl, el gigante medio tonto de Big Fish.

¿Qué libro le hubiese gustado haber escrito?

No puedo pensar en los que más me gustan. Sería más la tristeza de perdérmelos como lector que el gusto de haberlos escrito.

¿Y hay alguno que haya escrito del que se arrepienta?

Peros tengo de todos. Me alejo muy pronto de ellos y trato de que el siguiente sea distinto y ajeno al anterior. No he leído ninguno mío impreso. Todo lo que he hecho es susceptible de haberlo reescrito por completo.

Si pudiera adquirir cualquier pintura, ¿cuál sería?

Me gustaría alguna de Francis Bacon o de Lucian Freud.

¿Cuándo fue la última vez que lloró?

Al despedirme de toda una época en Barcelona…

En una fiesta de disfraces, ¿de qué se disfrazaría?

Las dos o tres veces que me han invitado he ido sin disfrazarme. No sé cómo dar el paso a ser divertido en vez de ser ridículo.

¿Cuándo fue más feliz?

Hoy en día, sin duda alguna.

¿El mejor suvenir que ha llevado a casa?

Cuando viajo me gusta ir en condiciones de pasear. Soy de recoger cosas en los paseos. Las que más guardo son tornillos, hierros o piedras.

¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?

No eran mucho de consejos, pero bastante de ejemplos. El no claudicar, entregarte al 100% en lo que haces.

¿Primera borrachera?

En sexto de primaria a los 11 años con un amigo, Rodrigo Valdez El Gordo, en casa de sus padres a escondidas. Estábamos buscando otra cosa, nos encontramos un par de botellas de ron, nos miramos y dijimos: "¡Venga, vamos!" No recuerdo cómo fue la borrachera, aunque fueron un par de chupitos, pero sí el regaño de su madre por la noche.

¿Un sueño recurrente?

Hace mucho que no tengo un sueño recurrente… Pero a veces sueño que estoy otra vez en la preparatoria y que tengo un problema: se descubre que no aprobé matemáticas.

¿Qué le reprochan sus amigos?

La facilidad con la que cambio de opinión. No entienden que la verdad está sobrevalorada y que estar de acuerdo con uno mismo no se puede más allá de unos días.

¿Qué le asusta?

La ceguera en todas sus acepciones.

Si pudiera tener un superpoder, sería…

Modificar el tiempo.

¿Adónde vuelve cuando sufre?

A la habitación.

¿Qué es un buen fin de semana para usted?

Estar en casa por el día y ver a los amigos por la noche.

¿De pequeño quería ser?

Quería ser futbolista, pero el sueño quedó en el camino.

¿Qué le diría a su presidente Peña Nieto?

Que renuncie. Que haga el favor de renunciar. Y que se lea la acepción de dignidad en el diccionario.