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Don Quijote cabalga de nuevo

'El caballero de la triste figura', de Tomás Marco, encuentra un acomodo en el circuito off

Un momento de la representación de 'El caballero de la triste figura'.

No le viene nada mal a esta ópera el espacio de la Sala Negra de los Teatros del Canal. Después de haber recorrido varios escenarios españoles, siguiendo la estela de los diversos aniversarios cervantinos desde el de 2005, El caballero de la triste figura, de Tomás Marco, encuentra un acomodo sugestivo en ese ámbito off, casi todo el escenario, de la Sala Negra. El trabajo escénico de Guillermo Heras o las coreografías de Mónica Runde, encarnadas en cuatro brillantes actores bailarines, se expanden bien en una atmósfera que oscila entre lo experimental y lo onírico; mientras que el coro de ocho cantantes, femeninas en esta ocasión (ya que la partitura admite que sean voces de niños), se permite intervenciones actorales muy notables a la vez que cantan sus partes con seguridad.

Para los que ya hayan visto esta ópera de Marco en otros escenarios, se encontrarán con que la Sala Negra se convierte en un actor más. Aquí los espectadores, pocos, eso sí, pueden sentirse virtualmente dentro de la cueva de Montesinos o parte del ejército de ovejas. Esta es, quizá, la principal aportación a esta nueva producción.

Marco se siente cómodo en esta narración musical del loco universal. La orquesta camerística comenta bien y es la principal fuente de puntos de vista dramatúrgicos, a veces humorísticos y otras funcionales; se ve la mano de un autor que ha escrito mucha música para la escena. Y esto es clave, ya que la declamación cantada soporta la hora y media de duración con procedimientos casi prácticamente recitativos, útiles para la comprensión del texto pero con riesgo de cansar. Es sorprendente el buen uso que Marco hace del sintetizador con numerosos sonidos de sampler, y muy característica la función de la percusión. La decena de miembros de la Orquesta titular del Teatro Real de Madrid siguieron con solvencia la batuta firme de Manuel Coves.

EL CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA

Tomás Marco.

Ópera de cámara sobre textos de Miguel de Cervantes.

Dirección musical: Manuel Coves.

Dirección de escena: Guillermo Heras.

Coreografía: Mónica Runde.

Escenografía: Rafael Garrigós.

Coro Intermezzo. Orquesta Sinfónica de Madrid.

Mezzo: María José Suárez.

Barítono: Alfredo García.

Tenor: Eduardo Santamaría.

Soprano: María Rey-Joly.

Producción de Teatros del Canal y Acción Cultural Española. Con la colaboración del Teatro Real.

Lugar: Sala Negra de Teatros del Canal, 26, 28 y 30 de enero.

El barítono Alfredo García ya conoce bien el personaje de Don Quijote que interpreta desde el estreno de esta ópera en 2005. Seguro en lo vocal y lo teatral, García se adueña del reparto. La soprano María Rey-Joly sufre por la indefinición de sus varios personajes por más que los cante muy bien. La mezzo María José Suárez está muy segura en el papel de narradora, es de las veteranas del reparto. En cuanto al tenor Eduardo Santamaría, responde bien a las exigencias del papel de Sancho por más que cueste trabajo imaginar al cachazudo personaje en el registro de tenor.

La coproducción con el Teatro Real de esta ópera permite al primer teatro lírico de la capital cubrir varios expedientes a la vez: el centenario de la muerte de Cervantes, el compromiso con la ópera española y la producción de espectáculos en formatos alternativos a los de la gran sala. Desde ese punto de vista, esta propuesta es una buena idea. Pero el éxito de la operación puede tener algo de casual, así que será bueno que se mime esta oferta alternativa para que sea parte constitutiva de la propuesta del Teatro Real.