América mira a su pasado

La chilena 'La once', la peruana 'Magallanes', la argentina 'El clan' y la cubana 'Vestido de novia' son candidatas al galardón a mejor película iberoamericana

El cine latinoamericano no es flor de un día. Tras un 2015 en el que ha seguido produciendo importantes cintas como El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, candidata al Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, o El club, de Pablo Larraín, y en el que los Iñárritu, Isaac o García Bernal han copado reconocimientos, los Goya también contarán en su ceremonia del próximo 6 de febrero con su propio toque latino. Cuatro películas que se detienen en distintas realidades sociales con una mirada al pasado de la región son las nominadas al premio a mejor película iberoamericana: La once, El clan, Magallanes y Vestido de novia.

El omnipresente Ricardo Darín —por Truman (2015), una de las favoritas— que opta al premio al mejor actor protagonista, la cubana Yordanka Ariosa, al de actriz revelación, y el argentino Pablo Barbieri, al de mejor montaje, son las otras pinceladas que llegan de América Latina. Desde que existen los Goya, Argentina es el país que en más ocasiones ha ganado el premio a mejor película iberoamericana (15) y el que más candidaturas ha tenido (23). Este año opta a aumentar estas cifras.

'El Clan', de Pablo Trapero

El director argentino Pablo Trapero retorna con una nominación a los Goya 16 años después. El clan, coproducida por El Deseo —de los hermanos Almodóvar—, cuenta un relato real, que a la vez es "surreal y escalofriante", planteado desde un principio como un "silencioso homenaje" y personal a Luis Buñuel, al que Trapero considera como una "gran influencia desde siempre" para su trabajo.

El clan continúa con la senda del cine con carga social que caracteriza al director, ya que reconstruye la historia real de una familia que practicó secuestros y ejecuciones a principio de los ochenta. Al frente de ese clan se encontraba Arquímedes Puccio, un economista y exdiplomático de los servicios secretos que escogió como víctimas a los ricos amigos de uno de sus hijos, estrella del rugby. Trapero, que aguarda la ceremonia con "expectativa", tuvo que afrontar muchos desafíos para abordar un "tema incómodo en unos años difíciles".

"No había tanta información [sobre el caso], eso requirió hablar con mucha gente que conocía la historia de cerca: familiares de las víctimas, jueces, abogados que habían intervenido. El más grande [de los desafíos] fue entender la dimensión de los sucesos y convertir esta historia real en una ficción para el cine", explica.

El clan, cinta por la cual Trapero fue reconocido con el León de Plata a mejor director en la Mostra de Venecia, inició como un proyecto en 2007 que el realizador trabajó paralelamente a otras producciones en distintos momentos. Toda la labor que representó la película se tradujo en un gran éxito en su país (el mejor estreno de la historia de una cinta argentina) y también internacionalmente. Afirma que fue "muy grato" presenciar el "buen vínculo" que el filme logró con el público.

"Cuando termina la película empieza la vida de la historia. Mucha gente se sintió cercana a lo que cuenta la cinta. Es muy reconfortante cuando el público te regala dos horas de su vida para ver un filme y que después, al terminar, haya encontrado algo más allá de ese tiempo, es como una relación muy intensa entre el espectador y la película", finaliza.

'La once', de Maite Alberdi

Lo que la chilena Maite Alberdi ha querido mostrar en el documental La once es el papel que juega la amistad a lo largo de la vida y el retrato de "una generación viva que demuestra el nivel de cambios históricos radicales que ha vivido el rol de la mujer en la sociedad", según sus propias palabras a través de correo electrónico. Las protagonistas, un grupo de amigas nacidas en torno a 1930, se han reunido cada mes durante más de 60 años para tomar once —como se llama en el país andino a la merienda—. La directora es nieta de una de esas mujeres con historias dispares, pero con ese nexo común de las tardes compartidas.

Alberdi tiene claro que trabajar en documental "da la facilidad de que en la vida real hay historias más sorprendentes y únicas que las que uno pueda imaginar y escribir". La cinta, que comenzó a rodarse en 2009 y se prolongó durante cinco años, cumple con las palabras de la directora: "Hay que tener paciencia, porque los rodajes documentales toman muchos años, las historias se demoran en desarrollarse en la realidad para lograr tener un guion cinematográfico". Pero la realidad gusta en Chile. En cartelera durante cuatro meses —"algo muy inusual para una película nacional", asegura Alberdi— y superando los 25.000 espectadores, cifras que dejaron atrás a cintas de ficción tradicionalmente más aceptadas por el público, La once ha recabado ya 12 premios.

¿El secreto? El filme logró un gran nivel de identificación con el público de todas las edades. Todos tienen una abuela, una mamá o una tía a la que recordaban, dice su directora. Durante 70 minutos el espectador se adentra "en un mundo de intimidad femenina al cual no tiene acceso normalmente" y comparte con esas mujeres que superan los 80 toda una vida con sus complejidades. Con un presupuesto aproximado de 220.000 euros y tras luchar por esa financiación, Alberdi asegura que conseguir el Goya sería "un sueño y un hito para una película documental liderada por un equipo de mujeres".

Ella y dos de las protagonistas estarán en la ceremonia del Madrid Auditorium Hotel el próximo 6 de febrero y la directora chilena sabe que es algo irrepetible: "Para ellas ha sido una experiencia única en esta etapa de la vida soñar con ir a la gala de los Goya. Es algo que jamás pensaron que les podía ocurrir, así que estoy disfrutando mucho con ellas este momento". Chile vuelve desde que en 2013 Gloria, de Sebastián Leilo fuese nominada. En 2010, La vida de los peces, de Matías Bize fue la última cinta chilena en hacerse con este galardón. Alberdi se siente "muy orgullosa" del cine chileno, "de la diversidad de historias y estilos que tienen los directores acá".

'Magallanes', de Salvador del Solar

La cinta, rodada en Perú en 2015, es la ópera prima de Salvador del Solar, actor y ahora, por primera vez, director peruano, se adentra en las consecuencias del conflicto de los ochenta y noventa en el país con Sendero Luminoso —organización terrorista de ideología comunista— a través de la historia de Harvey Magallanes, un taxista de Lima que fue soldado del ejército peruano y luchó contra la organización. El mexicano Damián Alcázar representa al protagonista de la película, que se reencuentra con una mujer a la que ayudó 25 años antes a escapar de la esclavitud sexual.

De presupuesto limitado —650.000 dólares—, el filme consiguió el premio cine en construcción del Festival de San Sebastián en 2014, antes de ser siquiera estrenado. Del Solar ha contado con actores como los peruanos Christian Meier y Magaly Solier. El director considera que no se trata de una película meramente política, sino personal, y que invita a reconocer que es complicado recordar y lo necesario que es hacerlo. "Más que un ejercicio por abrir las heridas, Magallanes es un intento por ayudar a comenzar a cerrarlas", aseguró Del Solar a EL PAÍS.

Del Solar intenta retratar en Magallanes, coproducida por Argentina y España, a las mujeres que en las ciudades tratan de olvidar un pasado trágico e injusto —16.000 personas desaparecieron en el conflicto peruano, que duró 20 años—. El director asegura que su historia "acompaña el presente del Perú bastante más de lo que nos gusta admitir". De conseguirlo, Magallanes sería la primera película peruana en ganar este reconocimiento, desde que lo hiciera Caídos del cielo, de Francisco J. Lombardi en 1990.

'Vestido de novia', de Marilyn Solaya

La Cuba de 1994 fue una Cuba convulsa: la de la crisis económica tras el fin de los subsidios soviéticos, el maleconazo, la crisis de los balseros… Vestido de novia, una película de la dramaturga cubana Marilyn Solaya (Camagüey, 1970), muestra sin embargo otra Cuba: la patriarcal y desigual.

Rosa Elena, una asistente de enfermería de 40 años, se enfrenta a una sociedad machista que no acepta su transexualidad. Ni siquiera su marido, Ernesto, es capaz de comprenderla cuando descubre su pasado. La cinta, de 104 minutos, no solo critica la transfobia, sino también la misoginia y la violencia. Tras someterse a la operación de reasignación de sexo, la sociedad comienza a tratar a Rosa Elena como la mujer que ella se siente. Con todos los inconvenientes que eso supone: desigualdad, malos tratos, infravaloración… Su historia se inserta en ese contexto "complejo, lleno de prejuicios. No solo contra la diversidad sexual, sino contra la diversidad en general. Un contexto que todavía está vigente", explica por teléfono Solaya, su guionista y directora.

El camino para llegar hasta Vestido de novia ha sido largo: 10 años. Tras conocer a Mavi Susel —la primera transexual cubana que se sometió a una cirugía de reasignación de sexo en la isla, en 1988—, Solaya hizo un documental sobre esta mujer: En el cuerpo equivocado (2010). Pero la directora quería más. Deseaba mostrar al mundo otras muchas dificultades que los transgénero superan. Por eso se embarcó en el que es su primer largometraje de ficción, que ha sido premiado en varios certámenes como el Festival de cine de Málaga. Premios a los que la cinta ha llegado "sola, sin publicidad", afirma Solaya. "Por eso quería agradecer a los que apostaron por una película diferente". Diferente, diversa, como las personas a las que Vestido de novia da voz.

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