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“De mí mismo cambiaría mi falta de voluntad para dejar de comer pan”

El actor colombiano Juan Pablo Raba, que da vida a personajes de las series 'Narcos' y 'Agents of S.H.I.E.L.D'., se somete al carrusel de preguntas de este diario

Un profesor le conminó a imaginar que solo los separaba un vidrio. Que él, el docente, era el culpable de un delito que le afectaba profundamente. Y entonces, le pidió que reaccionara. Pero no pudo: le inundó la emoción, apretó los puños y lloró. Así fue cómo el colombiano Juan Pablo Raba (14 de enero de 1977, Bogotá) descubrió a los 21 años que quería ser actor. El intérprete que da vida al narcotraficante Gustavo Gaviria en la serie Narcos, y a Joey Gutiérrez en Agents of S.H.I.E.L.D —el primer personaje gay con poderes de Marvel en televisión— asegura que todos estos papeles se parecen de algún modo, al igual que las personas. Y por eso, lo que más le gusta de su profesión es la capacidad de los actores de hacer sentir a los espectadores otras vidas, para que abran sus mentes.

¿Qué libro le cambió la vida?

Todos los libros nos cambian la vida de una forma u otra. Los libros llegan siempre en momentos específicos. Uno que a mí me puso mucho a pensar fue La rebelión de Atlas, de Ayn Rand.

¿Qué significa ser actor?

Es una forma de comunicación. Para mí es una necesidad artística para expresar mis sentimientos y mis posiciones frente a la vida. Y hacia afuera, es generar debate, crear emociones.

En una fiesta de disfraces, ¿de qué iría vestido?

Últimamente de cualquier cosa que divierta a mi hijo.

¿Qué película daría a un niño para introducirlo en el cine?

Toy Story, en especial, la tercera parte. Pero también la regalaría a un adulto.

¿Cuál es su lugar preferido de su casa?

El comedor o la cocina. Creo que las conversaciones bonitas y creativas se dan alrededor de la mesa.

¿Qué tipo de personaje le gustaría interpretar?

Demasiados. Me gustan los personajes oscuros, psicóticos, en crisis. Aunque también me atraen los de comedia.

¿Cuál es su olor preferido?

El de la lluvia, y el del césped recién cortado. Y si se mezclan, ya es increíble. El café, recién molido. Mi mujer y mi hijo. Los coches nuevos. El mar. Y el invierno. No me gusta el frío, pero me gusta cómo huele el invierno.

¿Recuerda su primera borrachera?

Sí, era muy pequeño. Tenía 10 u 11 años. Un amigo mayor que yo se quedó en mi casa y atacamos el minibar. Pero la resaca fue tan horrible que tardé mucho en volver a beber.

Si pudiera tener un superpoder, ¿cuál elegiría?

El de descubrir a los corruptos y acabar con ellos. Yo podría llegar a ser demasiado severo con un corrupto, porque no solo roba dinero, roba sueños.

¿Qué cambiaría de usted mismo?

Mi impaciencia, mi afán, mi impulsividad. Que no me molestara tanto la impuntualidad. Y mi falta de voluntad para dejar de comer pan. Me encanta el pan.

¿Qué no puede faltar en su nevera?

Agua, mostaza, manzanas, limón, yogurt... Y jugo de manzana, para mi hijo.

¿Qué música escucha en el coche?

Rock pesado.

¿Qué fue lo último que comió y le sorprendió?

En un restaurante de Madrid, en la Taberna de la Carmencita, me sorprendió todo.

¿Qué quería ser de pequeño?

Soldado, miembro de la Interpol, piloto... Muchas cosas.

¿Cuál es el mejor regalo que ha hecho?

A mi esposa, un certificado de adopción de dos gorilas en África.

Si pudiera coleccionar el trabajo de algún artista, ¿el de quién sería?

Edvard Munch.

¿Cuándo ha sido más feliz?

Yo soy, por decisión, una persona muy feliz.