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ENTREVISTA

Aaron Sorkin: “Pienso más que escribo”

“Los guionistas somos los verdaderos escritores de hoy”, sostiene. El autor de 'Steve Jobs' no escribe en Twitter porque los 140 carateres no dan ni para empezar

Lo que parecía imposible es posible. Aaron Sorkin se ha quedado sin palabras. El hombre cuyos guiones suelen tener aproximadamente el doble de páginas de lo normal de la verbigracia que les pone, el que ha generado entre los actores camisetas como la de “he sobrevivido a un guion de Sorkin” por la cantidad de texto que se tienen que aprender y la celeridad con la que deben decirlo, el autor que puso en práctica el sorkinismo de hablar y andar a la vez de sus personajes, no puede articular palabra. La culpa la tiene el Globo de Oro que acaba de conseguir. Es el segundo de su carrera. Tiene además un Oscar con La red social y cuatro premios Emmy con El ala oeste de la Casa Blanca. Pero el galardón que le acaba de conceder la Asociación de la Prensa Extranjera por el guion de Steve Jobs no se lo esperaba para nada. “Todo el mundo sabe tanto de Steve Jobs, es alguien que levanta tantas pasiones, que cuando acepté el proyecto solo pude ver ante mí un campo minado, la perfecta receta para el fracaso”, comentó el guionista hace tiempo a la prensa. Minado o no, Sorkin aceptó el reto. Es lo habitual en la carrera de alguien que soñó con ser actor, pero encontró en una máquina de escribir su salida artística como dramaturgo y en Hollywood su casa. Alguien capaz de transformar el ingrato y anónimo trabajo de un guionista en el centro de la obra y que recibe la admiración —o las críticas— de su público como si fuera una estrella de rock. Sin embargo hoy, mientras camina a buen paso y con el Globo en las manos por los pasillos y las cocinas del hotel Beverly Hilton donde se celebra la ceremonia, se ha quedado sin palabras. Las únicas que tiene se las ofrece a su hija, Roxy, a quien acaba de dedicar el galardón. “¿Imaginas quién es el Sorkin del mes?”, le bromea ahora por teléfono más consciente de su victoria.

'Algunos hombres buenos'. Filme de 1992 dirigido por Rob Reiner con guion de Sorkin a partir de la obra teatral. Drama judicial con Tom Cruise al frente.

Aaron lleva siendo el Sorkin del mes desde 1988 cuando escribió Algunos hombres buenos. Fue la obra que le puso en el mapa y, como quien dice, su primer trabajo, un libreto teatral ligeramente basado en un caso real y que Hollywood adquirió incluso antes de su estreno off-Broadway. Desde entonces la fama le acompaña en los tres medios, cine, teatro y televisión, e incluso fuera de ellos, en ese mundo real donde su vida no siempre ha sido un campo de rosas. Quizá por eso y en medio de todo este éxito, Sorkin, el autor, tiene un único deseo mientras frota el Globo de Oro cual si fuera la lámpara de Aladino. “Siempre pienso lo mismo, que preferiría ser juzgado por lo que escribo porque esa es la mejor versión de mí mismo. Poderme encerrar en una habitación escribiendo y cambiando las páginas acabadas por una bandeja de comida por debajo de la puerta en lugar de todo esto”, describe con humor.

'El ala oeste de la Casa Blanca'.  Esta serie coral, que duró siete temporadas, mostró la maquinaria humana que rodea al presidente de EE UU (Martin Sheen).

Sus palabras se aproximan a su forma de trabajar. La forma en la que ha parido casi todos los episodios de esa serie que le dio la fama, El ala oeste de la Casa Blanca, o la que más recientemente le consiguió algunas de sus peores críticas por su excesivo idealismo, The Newsroom. O esos otros guiones para cine como El presidente y Miss Wade, Malicia, La guerra de Charlie Wilson, La red social o Moneyball: Rompiendo las reglas. El método Sorkin es encerrarse en su oficina —“o en casa cuando no hay nadie”—, encender la televisión (“siempre en la CNN sin sonido, como si fuera parte del papel pintado”) y escribir. “Bueno, me paso mucho más tiempo pensando que escribiendo, paseándome, subiéndome por las paredes. Soy muy bueno para no escribir”, explica con más realismo que sarcasmo alguien que es conocido por sus tardanzas a la hora de entregar su obra. “Y son bastantes más los días que escribo mal que los que me luzco”, apunta sin falsa modestia uno de los ídolos de Hollywood, tan adorado como vilipendiado por un talante y una labia que es fácil leer como arrogante. Pero, como él mismo explica, cuando finalmente se pone a escribir, explota. Es la misma energía que se nota en sus diálogos, imparables; en su vocabulario, preciso y casi imposible de decir. Nadie habla así, lo sabe, y sin embargo, cuando se escucha su melodía, es perfecta.

'La red social'.  Sorkin adaptó el guion en este filme de David Fincher en 2009 sobre Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) y la creación de Facebook.

Su motivación es siempre la misma. “Siempre me pregunto qué es lo que haría Shakespeare”, dice sin modestia alguna. Y así nacen sus King Lear o sus Richard III, personajes que le sirvieron de inspiración para contar la historia de Steve Jobs. O sus Quijotes, la semilla que le dio otro grande de la literatura como Cervantes cuando se sentó a escribir The Newsroom. O la biografía del fundador de Apple. “En cualquier loco, en cualquier visionario, hay algo de quijotesco. Aunque el caso de Jobs no es tan romántico. El sueño del Quijote nunca fue vender un ordenador a todos los mortales”, añade con un Mac en su mesa. Hay más influencias: Esquilo, el dramaturgo Paddy Chayefsky y el guionista William Goldman, al único al que todavía le da a leer lo que escribe. “Uno de los pluses de ser escritor es que mejoras con los años. Como los directores de orquesta. Te vas depurando. Te tomas tu tiempo y sabes que puedes hacerlo mejor. Somos muchos los que estamos dando nuestros mejores guiones, por eso vivimos en la edad dorada de los guionistas. Es un buen momento para escribir”, asegura categórico y con satisfacción.

'The Newsroom'.  La serie de periodistas, protagonizada por Jeff Daniels y Emily Mortimer, recibió críticas que precipitaron su final en 2014.

No siempre fue este su sueño. Su idea era ser actor. De ahí que este nacido en Nueva York hace 54 años se apuntara al departamento de arte dramático de su colegio. Desde que tenía cuatro años iba con sus padres al teatro y estaba fascinado por obras que no podía entender como¿Quién teme a Virginia Wolf? Pensó que le fascinaban los actores hasta que se dio cuenta que eran las palabras, música para sus oídos incluso cuando eran incomprensibles. “Ante todo me considero un dramaturgo por naturaleza. Es donde me encuentro más cómodo —intenta etiquetarse—. Y cuando escribo para cine o para televisión pretendo que estoy escribiendo una obra”. ¿Nunca se le pasó por la cabeza escribir una novela? Su rostro de pánico vale más que mil palabras, aunque en este caso su labia está en forma. “No tengo ningún deseo de quitarles a los novelistas el pan de la boca, pero los guionistas somos los nuevos escritores, los verdaderos autores. Me alegro de que sigan existiendo literatos, pero estoy muy contento con la voz cada vez más clara de los guionistas”, sentencia. Esta no es la primera vez en la que sus palabras, siempre tan rotundas, le meten en problemas. Pero Sorkin no defiende su trabajo por egocentrismo, sino por solidaridad. Si hay algo que le gusta de ser guionista es la posibilidad que le ofrece de trabajar en colaboración. “Estoy ahí para hacer realidad la visión del director”, afirma sumiso y contradictorio, porque sus guiones, una vez escritos, son sagrados. “Es cierto que me gusta escribir solo porque siempre, siempre, siempre, interpreto lo que escribo. Pero también quiero estar seguro de que lo que escribo se puede decir. Las películas en las que trabajo siempre son mejores de lo que escribo. Y lo que escribo es bueno, pero me encanta lo que ocurre cuando trabajas en equipo y no en solitario. Por eso escribo guiones y no libros”, recapitula.

'Steve Jobs'.  Sorkin es el autor del guion de este biopic sobre el cofundador e impulsor de Apple que protagoniza Michael Fassbender.

Otras cosas que Sorkin no escribe: en Twitter, Facebook o en cualquier otra expresión de las redes sociales. “Ciento cuarenta caracteres no me darían ni para empezar”, dice con humor. Se conoce y sabe sus pautas. Le gusta desarrollar historias que transcurran en espacios reducidos —un tribunal, los pasillos de una redacción—, a ser posible donde se vean las tripas de la bestia (entre bambalinas, en los vestuarios de un equipo de béisbol) y donde “literalmente”, como subraya, exista una lucha contra el tiempo. Todo eso no cabe en 140 palabras. Pero la verdadera razón es su desconfianza hacia un medio en el que además se vio ridiculizado durante el Sony leak. Su relación con la tecnología es de preocupación. “Veo a mi propia hija más preocupada por la imagen que da en la Red, un lugar donde la popularidad se puede medir en me gustas, que por su vida real”, dice. También le inquieta el anonimato de una conversación que por esa razón suele tornarse en “mezquina y verdulera”.

A Sorkin le gusta escribir sobre personajes que considera más listos que él. Como Jobs; como Molly Bloom, la reina del póquer de la que ha escrito un guion de 201 páginas que será su debut como director, o Lucille Ball, la reina de la televisión cuya historia también quiere llevar a la pantalla. Y sobre todo a Sorkin le gusta escribir sobre antihéroes, personajes que nunca quiere juzgar. “Prefiero escribir de ellos en ese momento en el que se presentan ante Dios para ver si entran en el cielo”, resume, presentándose a la puerta de la sala de prensa de los Globos de Oro para ser juzgado.

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