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Senectud sin Senado

'El grito en el cielo' es el espectáculo broche de una etapa larga de La Zaranda

“Somos la vanguardia, somos un referente”, dice la voz oficial, convenientemente amplificada, a unos pobres ancianitos, asilados en una institución polvorienta, hermoseada por una luz cosmética, como la que baña a la pobre Winnie en Días felices.Es la hora de los ejercicios de rehabilitación: “Centro derecha, centro izquierda. Progresamos”, dice la monitora. Que alguno caiga muerto, no es óbice para que la propaganda cese. “Sea positivo. Repita conmigo: ‘Nada malo va a pasar. Se puede salir vivo de una enfermedad mortal”.

El grito en el cielo, espectáculo broche de una etapa larga de La Zaranda, recrea una residencia de la tercera edad que huele a manicomio, a Buchenwald y a torre del castillo de Tordesillas: un lugar del que no hay escapatoria, salvo en espíritu. “En cuanto les va faltando sitio, nos dan el viaje”, sospecha uno de los viejos. “Estoy vacío por dentro: me han sacao toos los órganos”, se lamenta otro.

Cada día más clowns, los jerezanos Francisco Sánchez, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos y la madrileña Celia Bermejo —nueva en la compañía, pero perfectamente empastada, aunque gaste otro acento—, tienen cierto aire de personajes boadellanos, cuando giran cuales caballeros espectrales en un carrusel grotesco esterilizado por una luz hiriente. Aun sin novedades, es un montaje punzante y más acrisolado que los dos anteriores de la compañía.

EL GRITO EN EL CIELO

Autor: Eusebio Calonge. Dirección: Paco de La Zaranda. Madrid: Teatro Español, hasta el 31 de enero; Fuenlabrada: Teatro Tomás y Valiente, 27 de febrero; Vilarreal: Auditorio Municipal, 12 de marzo; Toledo: Teatro Rojas, 15 y 16 de abril; Ponferrada: teatro Bergidum, 14 de mayo.