El Cela que se buscaba la vida

‘La forja de un escritor’ rastrea mediante una serie de artículos escritos por el Nobel, la primera etapa del autor

Las épocas de balbuceos y primeros pasos en un escritor, suelen estar llenas de arenas movedizas, despistes y palos de ciego. A pesar de que Camilo José Cela pareciera haber nacido convencido de que ganaría el Premio Nobel, no se libró de aquel periodo, donde se toma conciencia y se busca una voz. La forja de un escritor (Fundación Banco Santander), nos desvela todo eso con una selección de artículos escritos entre 1943 y 1952, seleccionados por Adolfo Sotelo Vázquez, gran experto en el autor de La colmena.

“Refleja la época en la que Cela se buscaba la vida”, asegura. Los años en que escribía a destajo y por unos duros, colaboraciones en todo tipo de prensa. Con la perspectiva que da el tiempo, compilados, debidamente seleccionados para esta colección de Cuadernos de Obra Fundamental en el año de su centenario, nos hablan de un periodo fundamental, ya publicados los trallazos de La familia de Pascual Duarte y La colmena, aunque esta última no superara la censura y apareciera en Buenos Aires. “Hablan de la obsesión del joven Cela por encontrar una voz propia apoyada en dos pilares: la mirada y la memoria, esa fuente del dolor, como él la calificaba”, afirma Sotelo Vázquez.

Sobre esas dos columnas, Cela edificó su obra hasta el final. “Si desde la primera frase de La colmena –“No deberíamos perder la perspectiva”- hayamos toda una estructura en la primera, en Madera de boj, su última obra, encontramos, aparte de una enorme preocupación por el tema familiar, la segunda. Son temas que siempre han marcado el paso de los grandes autores y, en eso, Cela prueba ser muy deudor de dos fundamentales, como son Faulkner y Flaubert”.

Hablan de la obsesión del joven Cela por encontrar una voz propia apoyada en dos pilares: la mirada y la memoria"

Los artículos reunidos en La forja de un escritor han sido estructurados en tres partes: “Una que refleja experiencias vitales, otra sobre el oficio de la escritura y otra sobre la pintura y otras artes”. El último apartado se justifica además, por sus propios escarceos con la pintura. “Coqueteó con la idea de convertirse en artista plástico aquellos años”.

Una obsesión que reflejó a lo largo de toda su obra y de su faceta de animador cultural. “La revista Papeles de Son Armadans, aparte de ser una gran iniciativa en la que, además de publicar textos en gallego o catalán y acoger a los autores del exilio en pleno franquismo, aborda la relación de la literatura con otras artes, y concretamente, en gran medida, con la pintura”.

Muchos jóvenes escritores acudían a él en sus últimos años en busca de consejo. Se mostraba esquivo e incómodo para darlos. A veces soltaba: Lo mejor es que se equivoquen solos. Otras daba guías así cuando le pedían que planteara el argumento de una buena novela: “Un hombre y una mujer se aman. Punto final. Con talento le sale a usted La cartuja de Parma”. La forja de un escritor bien puede ser, a juicio de Sotelo Vázquez, un excelente manual para echar a andar vocaciones.