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Julia Gutiérrez Caba y Natalia Menéndez: el teatro y la vida

Las actrices repasan sus carreras en el ciclo ‘El puente de La Abadía’

“El teatro es la vida porque la profesión va incorporada a tu propia vida. Desde que te levantas hasta que te duermes vas pensando todo el rato en tu trabajo”. Julia Gutiérrez Caba forma parte de una sobresaliente saga de la interpretación española. Suyas son esas palabras que hablan de alimento espiritual, y del físico. Joven a sus 83 años, ayer en una de las charlas del ciclo El puente de La Abadía. Conversaciones sobre la vida en el teatro, compartió el escenario del Corral de Comedias de Alcalá de Henares con la directora teatral, y también actriz, Natalia Menéndez, actual responsable del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro e hija de otro grande de la escena: Juanjo Menéndez.

Así que su diálogo, organizado por el Teatro de La Abadía y EL PAÍS y moderado por la redactora del diario Aurora Intxausti, arrancó por la infancia de ambas. En el clan Gutiérrez Caba, se mamaba el escenario: “En mi casa, el teatro era la vida. Tardé un poco en decidir meterme en una profesión tan respetable por el miedo a no estar a la altura. A este oficio se puede acceder de muchas maneras, yo entré sabiendo a lo que venía: una profesión diferente”. Menéndez fue con seis años al teatro a ver a su padre: “De repente lo vi mucho más grande, con una mujer que decía que era su mujer y un hijo que decía que era su hijo. Mi padre no quería que fuera actriz. Me examiné sin que lo supiera en la escuela de arte dramático. Cuando aprobé, le dije: ‘Lo siento, pero vas a tener a una actriz en la familia”.

Ambas echaron de menos el aprendizaje, los pasos cortos aunque continuos que se hacían antes en la interpretación: “A este oficio se llega por muchos caminos y no sé cuál es el mejor”, decía Gutiérrez Caba. A su izquierda, Menéndez explicaba: “En esa época se valoraban los peldaños y el aprendizaje era más lento. Se ha perdido esa admiración por el que tiene más años de experiencia”.

¿Qué se come antes de un estreno?

Natalia Menéndez había preparado esa pregunta para su veterana compañera. Y ella entró al trapo: “Ahora tomo alimentos que no me den sed. Pero hace años, cuando hacía dos funciones, cenaba o merendaba fuerte, tanto que una vez Alberto Closas lo comentó maravillado”. Eran tiempos de dobles funciones, de trabajos de cine y televisión antes del esfuerzo escénico vespertino. ¿Una directora se permite cenas contundentes? “Pues tampoco”, respondió Menendez. “Los nervios... Solo tomo comida de enfermo”.

Cómo leer los textos

Mientras que la veterana reconocía no haber trabajado nunca con una directora —aunque sí ser dirigida por una primera actriz—, Menéndez explicó cómo llegó a esta profesión: “No hay diferencia entre actuar y dirigir. Hace años leía los textos a veces como actriz y veces como directora. Una vez discutí en la escuela con un director sobre La sirena varada, de Casona, y él también me empujó por ese camino. Hoy cuando leo el texto me empiezan a saltar imágenes, y ya estoy ligada personalmente al texto”. Y sobre si una directora es buena actriz, Menéndez explicó: “Como intérprete soy dócil hasta límites insospechados… salvo si me faltan al respeto o me gritan”. Y ahí recordó Julia Gutiérrez Caba: “Necesito ayuda, no que me regañen. Como dice Fernando Delgado, he sido cera en mano de los directores. Nunca tuve anhelo de hacer papeles. He ido haciendo trabajos según me iban llegando. En realidad, me ha gustado más la sorpresa de que me necesitaran. Aún me sorprende que mi familia haya vivido exclusivamente de la profesión. Nunca hubo nadie con un puesto fijo, porque en este oficio no los hay. Nuestra profesión nos nutría y nos alimentaba como seres humanos”.

Tras reír recordando los nervios de los estrenos (“Por mucho que ensayes el estreno es incontrolable porque nunca has tenido enfrente a la otra mitad del espectáculo, el público”), Menéndez hizo un alegato emocionante por Cervantes, ahora que llega un año de celebraciones y autoridades cortando cintas: “Miguel de Cervantes fue muy atrevido. No se han hecho esfuerzos de base en poder entenderlo un poco, y eso que han pasado gobiernos y gobiernos. No se ha enseñado a disfrutar a Cervantes, y hay un hueco enorme entre él y nosotros”. Aún quedan muchas batallas que dar en el teatro español.