“Tengo una atracción por lo intenso”

El realizador mexicano ganó en 2015 el Oscar por ‘Birdman’. Este año podría repetir galardón con ‘El renacido’, filme protagonizado por Leonardo DiCaprio que conquistó la semana pasada tres Globos de Oro

Los surferos dirían que Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 1963) ha cogido la ola buena. El domingo pasado su película El renacido se llevó tres Globos de Oro y el jueves obtuvo 12 candidaturas a los Oscar, convirtiéndose así en la favorita. En España este prewestern, según definición del director, basado en hechos reales, se estrena el 5 de febrero. Rodada con luz natural, en agrestes localizaciones canadienses y argentinas, las dificultades de su filmación parece que hubieran dado para otra película. Antes de que empiece la batalla por la estatuilla de Hollywood, Iñárritu está presentando por Europa la historia de Hugh Glass, un trampero que en 1823 es abandonado y dado por muerto por sus compañeros. El viernes por la tarde, vía telefónica, el mexicano responde desde Roma. Y advierte: “Te hablo con resaca. Tengo en la cabeza un guacamole de cosas”.

Pregunta. El año pasado ganó cuatro oscars, tres para usted, con Birdman. Este año es el favorito.

Respuesta. Hago lo que puedo para no ser engullido.

P. Cuando estrenó Birdman me dijo que estaba cansado de platos mexicanos picantes, que quería algo dulce. Pero con El renacido vuelve a ese picante.

R. (Risas). Esto es lo mío. Ha sido una película intensa, complicada. Más que hacerlo, es un filme al que he sobrevivido. Tengo una atracción por lo intenso y complicado, y solo puedo ser fiel a mí mismo.

P.Cumplió los 50 años y se definió como “tocado por la melancolía”. ¿Lo ha superado?

R. En cuanto empecé con la preproducción de El renacido, no hubo hueco para la melancolía. Mi padre decía que la depresión es una enfermedad de la burguesía. Los trabajadores no se pueden regodear en la melancolía.

P. ¿Qué ha encontrado en Leonardo DiCaprio que no le han dado otros actores?

R. Un compromiso insistente en la búsqueda de la perfección. Compartimos una insatisfacción crónica en donde nos exigimos lo máximo. Es íntegro como pocos actores. Yo le expliqué con precaución y meticulosidad la forma en que yo iba a rodar esta película, que no es fácil, porque exigía que confiara en mí. Y así fue, nunca me retiró la confianza. Es un caballero. De su arte ni hablo. Bueno sí, es muy meticuloso y tiene un ritmo interior extraordinario, con el que bailaba en pantalla un tango con El Chivo [Emmanuel Lubezki, director de fotografía habitual de Iñárritu].

P. ¿Dónde encontró la historia de Hugh Glass?

R. Hace siete años leí un tratamiento de guion. No había mucho más allá del ataque del oso que casi le mata y el título. Me atrajo la sencillez y lo primitivo de la anécdota. Sobre eso reescribí el guion. Hace cinco busqué las localizaciones, ya con DiCaprio, pero se cruzó El lobo de Wall Street y yo pasé a Birdman.

P. En todas sus películas obliga a reflexionar sobre la trascendencia y lo que significa vivir.

R. A mí me gustaba explorar la fisicalidad de esos infinitos horizontes del paisaje americano, y al mismo tiempo tener delante esa respiración en primer plano del protagonista, quería que la gente experimentara lo que siente alguien que ha perdido todo. Me atraía mostrar el silencio en la naturaleza, y de la interacción del hombre y la naturaleza. Explorar qué lleva a un hombre a sobrevivir.

Filmografía y reconocimientos

Amores perros (2000). BAFTA a la mejor película de habla no inglesa. Candidata a un oscar.

11 de septiembre (capítulo México) (2002).

21 gramos (2003). Candidata a dos oscars.

Babel (2006). Oscar a la mejor banda sonora y candidata a otros seis.

Biutiful (2010). Candidata a dos oscars.

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) (2014). Ganadora de cuatro oscars y candidata a otros cinco.

El renacido (2015). Ganadora de tres Globos de Oro y candidata a doce oscars.

P. Es un hombre no vivo, casi un fantasma con ecos shakespearianos.

R. Es un ángel, un demonio, un espíritu flotante al que sigue la cámara. Intenté abordar la espiritualidad del personaje. No sé si lo he logrado. Si algo no me emociona, lo abandono. En el arte busco catarsis, y cuando la obtengo, me libero. Vivo una transformación. Si no la encuentro, me quedo flojo.

P. ¿Cuándo es la última vez que ha sentido esa catarsis?

R. Uff, no me acuerdo. Mi resaca…

P. El renacido habla de un país en construcción, donde todos son inmigrantes. Es casi imposible no ver una respuesta a Trump.

R. En el meollo está la germinación de Estados Unidos, que se ha visto poco en el cine. Había franceses, canadienses, españoles, los mexicanos acabábamos de independizarnos de ustedes… Y por supuesto, nativos americanos. Como artista solo puedo ser fiel a mí mismo y a mis circunstancias. Y estas son las de un mexicano que desde hace 15 años vive en EE UU. Me siento un outsider con mi piel oscura. Y el entorno actual no es favorable a los mexicanos en este país. Por eso he jugado con las razas, he reflexionado sobre el racismo en mi película. La pureza de la raza, como apunta Trump, es una masturbación enferma e inexistente: la naturaleza es una orgía de mezclas. Todos tenemos sangre de todos.

P. Hay una espiritualidad en Glass que escasea hoy en día.

R. Más que espiritualidad, es compasión. Hoy en día alguien compasivo es calificado como débil, ridículo.

P. ¿Usted hubiera entrevistado a El Chapo? ¿Haría una película sobre él?

R. Entiendo a Sean Penn. Lleva 30 años de activista. Y ha escrito muchos artículos. Posee una gran curiosidad y le atraen figuras controvertidas. Tiene todo el derecho a buscar a El Chapo. Hizo una crónica fantástica sobre cómo llegó a él y, desafortunadamente, una entrevista no muy lograda porque no le pudo preguntar. El resultado informativo es pobre; la experiencia, muy rica. Julio Scherer dijo: “Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”. Yo también; otra cosa es el resultado.

P. ¿Se plantea alguna película sin que aparezcan volando algunas personas?

R. (Risas). Puede que haya llegado el momento. Pero, ¿sabes qué? Últimamente he soñado mucho que levito. Me pasaba también de niño. Aunque ahora en mis sueños me acompaña flotando mi padre, que murió hace tres años y yo estaba muy unido a él… Siempre con ligereza, él, que era muy gordo. Esas relaciones que me impactan emocionalmente y que explican mi percepción de la vida me llaman la atención lo suficiente como para que la sobrenaturalidad marque mi cine.