Un artista de lo sutil

La obra del mexicano Martín Soto Climent gana debida presencia en su país

Su carrera se ha desarrollado con el apoyo de galerías de Europa y Estados Unidos

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Martín Soto Climent (México DF, 1977), un artista prohijado por galerías de Europa y de Estados Unidos, empieza a recibir atención en su país después de demasiado tiempo. Su actual exposición en el Museo del Chopo, precedida por otra en la galería Proyectos Monclova, le da visibilidad en el panorama local y lo proyecta hacia una relación con su ciudad, núcleo creciente de arte contemporáneo, que vaya más allá de la que ha mantenido hasta ahora: “Visitar a la familia, ir al mercado y comer quesadillas”, explica por correo desde París, donde prepara una instalación para el Palais de Tokio.

En el Chopo, un peculiar pabellón de hierro fabricado en Alemania hace más de un siglo que fue Museo de Historia Natural, luego un edificio abandonado y desde 1975 un centro cultural y de confluencia juvenil básico para el desarrollo de expresiones rompedoras y de vanguardia, Soto Climent ha presentado un montaje llamado La Bella Durmiente.

Cuadro con piel de animal en la exposición de Soto Climent en Proyectos Monclova.

Es una arquitectura de elementos colgantes armada con restos del primer estudio que tuvo en México DF. Rejas, puertas, ventanas, jaulas de pájaro, el herrumbroso bloque de muelles de un colchón, una tina de baño, distribuidos en suspensión, inmóviles. Componiendo en el aire una habitación onírica que para el artista “oculta un valor simbólico y afectivo, una gran belleza durmiendo en el olvido”.

Sobre puertas dispuestas en horizontal, “dormidas”, están expuestos lo que el artista llama “mis tesoros”. En diálogo con el pasado del museo, exhibe como maravillas pequeños objetos que ha ido recogiendo a lo largo del tiempo, desde un hueso de vaca que recubrió de hoja de oro a unos zapatos de tacón.

En una jaula hay: un cráneo de cabra.

En una jaula hay: una peluca rubia que se mete dentro de una caracola de mar. La de la Bella Durmiente.

La instalación está en la planta alta del edificio que se insertó hace unos años en medio del amplísimo pabellón con la intención de modernizar su potencial expositivo. “Una intervención sumamente violenta y desafortunada”, opina Soto Climent, que aprovechó la estructura de vigas del viejo techo de hierro para amarrar los cables de los que pende su instalación, de manera que la obra se relaciona más con lo antiguo del museo del Chopo que con lo nuevo. Además, la relación de los delgados cables con las vigas crea un juego de contrastes propio de la sutil combinación de humor y estética que caracteriza el trabajo del artista. Lo fino con lo grueso. Lo fuerte con lo frágil. Lo liviano con lo pesado. Arte y técnica.

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Monedero en la exposición de Soto Climent en Proyectos Monclova.

La mezcla de lo poético y la ironía fue notoria en su exposición en Proyectos Monclova del pasado verano. En la sala principal de la galería colocó una serie de cuadros abstractos con gestos eróticos. Unos eran marcos recubiertos de piel animal a la que aplicó leves pliegues que sugerían formas genitales. Otros eran fotografías de espuma de poliuretano a la que aplicó torsiones sensuales. En un pequeño cuarto oscuro colocó sobre un pedestal un monedero de piel con el forro interior rojo vuelto hacia fuera, como una vulva femenina. Iluminado con un preciso foco de luz cenital escondido en el techo, el monedero, un objeto corriente, adquiría la belleza deslumbrante de un producto de lujo. Las sencillas bolas doradas del cierre lucían como pepas de oro. Manipulando un monedero de señora, el artista le da la vuelta a la concepción común del valor material de las cosas.