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Odio mi cuerpo

Eddie Redmayne muestra un control más sutil y delicado de sus recursos expresivos que el del director Tom Hooper

“Einar empezaba a sumirse en un vago mundo de sueños en el que el vestido de Anna podía pertenecer a cualquiera, incluso a él”, escribe David Ebershoff en el primer capítulo de su novela La chica danesa, publicada en el año 2000 y que ahora ha adaptado al cine Tom Hooper con los acostumbrados automatismos de quien sabe que está facturando antes un producto oscarizable que una película con alma. A casi nadie le sorprenderá saber que, en la traducción cinematográfica de esa frase, el actor Eddie Redmayne muestra un control más sutil y delicado de sus recursos expresivos que ese Hooper cuya idea del cine académico pasa por la alternancia arbitraria de planos exquisitamente compuestos y planos generales de transición en gran angular que toda retina sensible suele recibir como un puñetazo a traición.

LA CHICA DANESA

Dirección: Tom Hooper.

Intérpretes: Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Amber Heard, Ben Whishaw, Matthias Schoenaerts, Jake Graf, Sebastian Koch, Henry Pettigrew.

Género: drama. Reino Unido, 2015.

Duración: 119 minutos.

La frase citada pertenece al momento clave en que el protagonista experimenta ese indefinible extravío interior que, de forma irrefrenable, revela su verdadera identidad adormecida: la de Lili Elbe, una mujer. Cotizado paisajista en la Dinamarca de principios del siglo XX, el pintor Einar Wegener debió a un puro azar –un ocasional posado con ropas femeninas para un cuadro de su esposa Gerda Gottlieb por incomparecencia de la modelo- la asunción de su naturaleza transgenérica, que acabó convirtiéndole en el primer paciente de una operación de reasignación de sexo. Niels Hoyer, amigo del pintor, publicó en 1933 el libro Man into Woman a partir de los diarios personales de Einar / Lili durante su pionera metamorfosis. La novela de Ebershoff no quiere ser una biografía fidedigna del personaje, sino una indagación en clave de ficción literaria sobre el efecto de ese cambio de sexo en su entorno afectivo y social.

A Hooper no le interesa tanto Einar / Lili como una especie de épica sentimental encarnada en la figura de su entregada esposa, a la que Alicia Vikander aporta una carnalidad y una afectuosa obstinación que, no obstante, se estrellan una y otra vez contra el nada exhibicionista recital de un Redmayne mucho más justo de tono aquí que en su exigente –y un tanto agotadora- encarnación de Stephen Hwaking. Lástima que el director sólo esté a la altura de lo que el actor le ofrece en la secuencia del peep-show, único momento de la película donde parece que Hooper se haya preguntado por la puesta en escena.

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