Escapando de la crisis

Las tentativas de traslación al cine de la salvaje crisis económica y social de los últimos años han llegado desde los sectores más posibilistas de la producción

El hecho de que las dos cuestiones más interesantes alrededor de Bendita calamidad, debut en el largo de Gaizka Urresti, sean externas a la película en sí ofrece una primera aproximación a las dudosas virtudes respecto de su calidad y a la indudable importancia de su creación y gestión. La primera es la confirmación de que, con El desconocido y poco más como excepciones a la regla, las tentativas de traslación al cine de la salvaje crisis económica y social de los últimos años han llegado desde los sectores más posibilistas de la producción, incluso desde películas en el borde de lo amateur, mientras el cine de alcance más comercial pasaba de puntillas por la tragicomedia española del paro y las penurias. El segundo hecho externo es la confirmación de que hay una serie de pequeñas películas que alcanzan el territorio nacional de la distribución previo paso por un terreno conocido: el de las ciudades, ambientes y gentes que las protagonizan, que acude a las salas locales en masa, otorgando esperanzas a sus responsables de que ese triunfo puede repetirse posteriormente fuera de su círculo de actuación, algo que luego no se confirma.

BENDITA CALAMIDAD

Dirección: Gaizka Urresti.

Intérpretes: Jorge Asín, Nacho Rubio, Luis Varela, Enrique Villén, Carlos Sobera.

Género: comedia. España, 2015.

Duración: 110 minutos.

Bendita calamidad se une así a obras como El mundo es nuestro, Justi&cia, A esmorga o Las aventuras de Moriana, de diversa calidad pero demostrativas de que algo se mueve en el cine alejado de los principales centros de actuación: Madrid y Barcelona. Respecto de la película en sí, Urresti, de amplia carrera como cortometrajista y productor, con Raíz (2003) como mejor obra, comprueba lo difícil que es llevar a la meta el sainete español que aúne comicidad y reflejo social. Pasada de metraje, con diversos problemas de ritmo y una irregular concepción de sus diversas tramas alrededor de la corrupción inmobiliaria y los problemas económicos, sólo aguanta medianamente por el buen trabajo de Jorge Asín, Nacho Rubio y Luis Varela, que aunque tienen que lidiar con situaciones y diálogos dispares, sacan partido a una película de gran éxito en Aragón que, muy posiblemente, no acabe de arrancar en el resto de España.