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‘El abrazo de la serpiente’, un hito para el cine de Colombia

Directores, productores y críticos de cine explican por qué el filme se ha convertido en un éxito dentro y fuera de Colombia

El abrazo de la serpiente está rodada en blanco y negro en un paraje multicolor, el Amazonas colombiano. La película está protagonizada por dos indígenas que se comunican en su lengua, que no es el castellano. Su director, Ciro Guerra, en la treintena, ha entregado por el momento solo tres películas y todas entran en la categoría de independiente. El realizador tardó cinco años en conseguir que se estrenara. Y en la taquilla ha conseguido ser la séptima película colombiana más vista de 2015 en el país, con 119.462 espectadores, una cifra modesta si se compara con los más de dos millones del documental Colombia magia salvaje o el 1.123.000 que ha reunido la comedia Uno al año no hace daño, según datos de Cine Colombia, principal empresa de exhibición y distribución.

Esta carta de presentación comenzó a ganar arrestos cuando en mayo de 2015 recibió 10 minutos de ovación tras su proyección en el festival de cine de Cannes, de donde volvió a casa con el galardón de la Quincena de Realizadores. A partir de ese momento, el mundo conoció El abrazo de la serpiente y se embarcó en un recorrido de éxitos que el jueves consiguió un nuevo hito: la nominación al Óscar en la categoría de película de habla no inglesa.

Para entender cómo una película independiente ha escrito una nueva página en la historia del cine de Colombia, hemos consultado a los colegas de Guerra, los que han trabajado con él y los que han disfrutado sus películas, para que expliquen a EL PAÍS las claves.

El Amazonas, el otro protagonista: "No solo es una buena película, sino que de verdad filma con talento un sitio que hacía mucho tiempo que no se había filmado", opina Franco Lolli, productor y director de cine. Mauricio Reina, crítico de cine del diario EL TIEMPO, comparte esta idea: "Sumerge al espectador en un estado hipnótico que lo lleva a las entrañas de un pedazo casi desconocido (o al menos ignorado por muchos) de nuestra naturaleza, nuestra cultura y nuestro país". Esta región colombiana se convierte para Jorge Forero, productor y director que ha trabajado con Ciro Guerra, en el lugar perfecto para narrar "el encuentro de dos culturas, la confrontación de dos maneras de mirar el mundo en un momento en el que el planeta está en el límite de su capacidad para resolver problemas".

David Melo, exdirector de Cinematografía del Ministerio de Cultura encuentra en la película una manera diferente de narrar el pasado de Colombia: "Conecta brillantemente diferentes momentos de nuestra historia para reflexionar sobre los efectos de la colonización y las posibilidades aun desaprovechadas del diálogo intercultural, en especial vistas desde esta país marcado históricamente por fuertes expresiones de conflicto político y social". Para el cineasta, Guerra ha sido capaz de realizar "una exigente producción en zonas de escaso nivel de desarrollo en las que se recrea el Amazonas de hace un siglo y en el trabajo con protagonistas de grupos originarios que usan sus propias lenguas".

Una historia épica con personajes heróicos: "Ante todo es una buena película: bien filmada, bien narrada y, sorprendentemente, bien actuada, porque no es fácil encontrar dos indígenas que se paren delante de una cámara y empiecen a actuar con la naturalidad con la que lo hacen Nilbio Torres y Antonio Bolívar", cree Reina. El filme recoge, para Forero, "elementos clásicos de una narrativa de héroes, de grandes aventuras que la convierten en épica aunque se trate de cine independiente y, sobre todo, que ayudan a que el público conecte con lo que se cuenta". El escritor Ricardo Silva recuerda que "El abrazo de la serpiente continúa una tradición que empieza en La Vorágine y que ha sido enriquecida por los relatos de los grandes viajeros. El río, de Wade Davis, un libro monumental, se siente en cada uno de sus encuadres".

El empeño del director: Guerra tardó cinco años en estrenar su tercera película. No cejó en su empeño y en este camino de obstinación le acompañaron Cristina Gallego, de la productora Ciudad Lunar, y una potente campaña de promoción desde el grupo Caracol. "El éxito también es el de un autor muy serio y muy admirable, que es el innegable Guerra, de unas políticas públicas que han estimulado la creación de cine colombiano y de la capacidad de los espectadores por dejarse llevar por la travesía del director, mientras reconocen su coraje para ir al fondo de sus tramas, de sus exploraciones", dice Silva. "Hacer cine en Colombia es como hacer los juegos olímpicos de invierno en Barrancabermeja, por eso el tesón, la terquedad, el talento y, como siempre se requiere un poco, la suerte han sido determinantes", acompaña Javier Mejía, director y guionista.

La nueva industria del cine en Colombia: El cambio en la legislación a principios de siglo provocó el despegue del sector, un factor que algunos de los expertos arguyen para entender el fenómeno de El abrazo de la serpiente. "Se comienza a percibir la formación de una muy, pero muy pequeña industria de cine colombiano y la profesionalización del gremio", recuerda Mejía. "Los recientes éxitos de películas colombianas no han sido por generación espontánea, hay un trabajo sin duda de mucha gente que por años han batallado para que esto esté pasando".

La hazaña de la taquilla: "La película tiene además el mérito de haber sido un éxito inesperado de taquilla en Colombia (para los estándares de una película como esta) incluso antes de que se conocieran sus posibilidades en los Oscar", opina Reina. "Es una hazaña completa para estos tiempos", acompaña Forero haciendo referencia a los 120.000 espectadores que desde mayo de 2015 han acudido a las salas. "Lo que representa un valioso hallazgo para el futuro del cine colombiano: hay matrimonios difíciles que sí pueden funcionar, como el de la producción independiente con valores artísticos y la taquilla", remata el crítico de cine.