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‘Ninette’, la atemporalidad de las pasiones

César Oliva adapta el clásico de Miguel Mihura, que se sube a las tablas del Fernán Gómez

Ninette y un señor de Murcia vuelve a su origen, al teatro. La comedia de Miguel Mihura regresa a las tablas el 14 de enero con unas de las versiones más fieles del texto original. Natalia Sánchez se mete en la piel de la nueva Ninette bajo las órdenes del dramaturgo César Oliva, y acompañada en el reparto por gigantes de la escena como Miguel Rellán y Julieta Serrano. El montaje se estrena este viernes en el teatro Fernando Fernán Gómez y emprenderá una gira por España tras permanecer hasta el 14 de febrero en el cartel madrileño.

Ninette tiene variedad de rostros. El de Paula Martel, la primera que le dio vida en el teatro en 1964. También el de Teresa Rabal, que hizo lo propio en el 72. O quizás el que más recuerden las nuevas generaciones, el de Elsa Pataky en el filme de José Luis Garci de 2005. Literatura, teatro, cine y televisión, el clásico de Miguel Mihura no perece con los años ni se resiste a ningún formato. "Tiene una cosa muy vigente, habla del ser humano", señala Miguel Rellán, el padre de la protagonista en la obra. "Del ser humano lo dijo todo Homero, Shakespeare lo remató y Ninette crea herencia. Por el dinero, el poder, el amor, el sexo, y todo lo que se deriva de ellos; la traición, los celos. Están en La Odisea, en Ricardo III y en la obra de Mihura", reflexiona el actor. Todo el compendio de personajes, según Rellán, "es vigente y seguirá siéndolo. Sus circunstancias de vida, lo que dicen y lo que luego hacen habla de nosotros y de lo pequeñitos que somos". 

La inagotable predilección de público y crítica por este clásico del teatro se basa en la atemporalidad de las pasiones que transmite, aún estando ambientada en los años 60. Y en su tono de comedia. "El espectador se sitúa medio siglo atrás, en pleno franquismo. Sin embargo, las nuevas generaciones se divierten como si hubieran nacido en aquel entonces", comenta César Oliva, el director. Miguel Rellán compara el texto con el humor de Billy Wilder en Con faldas y a lo loco y Luis García Berlanga en Bienvenido Mr. Marshall o El Verdugo. "Con ellos me he reído, pero no son genios de la carcajada, sino de dejar la sonrisa puesta".

Esta nueva adaptación pretende mantenerse fiel a la ortodoxia de la obra de su autor, según el director. "Nos vamos a encontrar una Ninette muy propia, muy de Mihura" que sigue "con absoluto respeto el texto original" adelanta César Oliva. "He querido llevar al teatro un montaje perfecto y fino, lejos de la vulgaridad. Creo que es una lección de teatro", señala el dramaturgo, que confiesa haber aceptado el proyecto "porque ya no se ve un género tan puro".

Ninette y un señor de Murcia es, no obstante, una comedia que engaña. "Dentro de ella hay un drama terrible, el de la represión de una dictadura", recuerda el director. La tragedia instrínseca al humor se hace más evidente cuando se exponen en la misma historia la España gris y reprimida de la dictadura y la luminosidad de París. Esperpéntico, casi trágico, es el contraste entre Ninette, la francesita hija de exiliados, y Andrés (Jorge Basanta), el anodino y banal señor de Murcia que viaja a la capital francesa tras recibir una herencia anhelando una bocanada de libertad. Por la intervención de su amigo Armando (Javier Mora) acaba alojado en la pensión de madame Bernarda (Julieta Serrano) y monsieur Pierre (Miguel Rellán), el apartamento donde reside la joven con sus padres. Lo que sigue, mejor descubrirlo (o redescubrirlo), desde las butacas del teatro, sin prejuicios, como sentencia Miguel Rellán. "Necesitamos las etiquetas y los géneros. Pero la vida no, la vida lo mezcla todo".