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Nadie le tose a Iñárritu

La Asociación de la Prensa Extranjera resarce al cineasta con 'El Renacido', una obra maestra, tras no premiarle en 2015

El año pasado Birdman y su director, Alejandro González Iñárritu, triunfaron en los Oscar. Pero no en los Globos de Oro, donde le adelantó por la izquierda Boyhood y Richard Linklater. La Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood tomó buena nota. Sí, habían premiado a una obra maestra; sin embargo habían fallado como visionarios y en su propio interés crematístico. Así que este año tocaba compensar. Han tenido suerte, porque El renacido es la mejor película del mexicano, un western sobre venganzas, sobre el nacimiento de una nación -hay una soterrada reflexión acerca de ello-, sobre la fuerza de la naturaleza... “No negaré que el rodaje fue largo y físicamente muy duro, pero El renacido es la experiencia más vasta y profunda de mi vida”, decía en verano a EL PAÍS el cineasta. "Es la lucha interior de un hombre por encontrar su deseo de seguir viviendo una vez que lo ha perdido todo”, aseguraba su estrella Leonardo DiCaprio. “Es un momento de injusticia”, contaba el director. “Un momento que sigue siendo relevante porque sorprendentemente no hemos mejorado tanto”.

Cierto. En 1823 Hugh Glass, un trampero en un país en construcción, se convierte en un superviviente contra la naturaleza y contra los propios seres humanos. DiCaprio da una profunda humanidad a un hombre sin vida -terrible contradicción-, movido por un único objetivo: reparar una brutal injusticia. Todo lo anterior lleva de añadido enormes dosis de mítica cinematográfica. Como que se rodó con luz natural, en 80 días de filmación -en orden cronológico, algo muy raro hoy en día- a lo largo de nueve meses, en Calgary y la Patagonia argentina. Al lado de Iñárritu, Emmanuel Lubezki, su director de fotografía, la tercera pata de un trípode fílmico perfecto.

Del resto premiado en los Globos de Oro, uno solo puede sospechar en motivaciones poco cinematográficas de los jueces en algunos de los trofeos: lo de Jennifer Lawrence en Joy mejor no comentarlo; o lo de catalogar a Marte de comedia; o el mejor guion para Aaron Sorkin por un libreto tan perfecto -el de Steve Jobs- en su fachada como sin alma. ¿Kate Winslet por Steve Jobs? Bueno, discutible. No por obvios son malos los galardones a Sylvester Stallone con Creed (va para Oscar también), Ennio Morricone y su banda sonora de Los odiosos ocho (aunque el maestro ha trabajado poco) o para la mejor película de habla no inglesa para la húngara El hijo de Saúl, de László Nemes (lo sentimos por otro soberbio largometraje, El club, del chileno Pablo Larraín).

Al final, de estos Globos de Oro se recordará que los invitados se bebieron 400 botellas de champán Moët & Chandon, que a DiCaprio se le escapó una sonrisilla y un gesto malévolo cuando le rozó Lady Gaga y los premios a Iñárritu.

Y para los Oscar, por si Iñárritu aspira al doblete consecutivo. Ya hubo dos directores que lo obtuvieron previamente: Joseph L. Mankiewicz con Todo sobre Eva y Carta a tres esposas; y John Ford con Las uvas de la ira y ¡Qué verde era mi valle!. En cambio Lubezki sería el primer director de fotografía en lograrlo tres años seguidos. ¿Qué opinará Donald Trump cuando le digan que desde Kathryn Bigelow con En tierra hostil ningún estadounidense ha ganado el Oscar a mejor dirección?

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