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“A veces no me gustaría vivir en mi ciudad. Ni en mi país”

La actriz brasileña Fernanda Montenegro responde al carrusel de preguntas de este diario

Arlette Pinheiro Esteves Torres (Río de Janeiro, 1929), más conocida por su nombre artístico, Fernanda Montenegro, es la actriz más reconocida de Brasil. Con la película Estación Central de Brasil (1998), fue la primera actriz latinoamericana en ser nominada al Óscar a Mejor Actriz. No lo ganó, pero por ese mismo papel conquistó el premio de mejor actriz de la Berlinale. A lo largo de los años, la primera dama del teatro de Brasil demostró su talento en el cine, la televisión y el teatro. En 2013, ganó el premio Emmy Internacional por su actuación en el telefilme Doce de Mãe.

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?

A carcajadas, ninguno. Sin embargo, toda buena lectura es una gran diversión.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?

Mi casa. Preferiblemente, mi habitación. Preferiblemente, mi cama.

Respecto a su trabajo, ¿de qué está más orgullosa?

De haber sobrevivido a 70 años de vida pública. Empecé a los 15 años y ahora tengo 86 y la gente me ha aguantado bien.

¿Cuándo fue la última vez que lloró?

Lloro todos los días, por razones subjetivas. Pero la última vez fue cuando me enteré de que en Río mataron a cinco jóvenes honestos, dignos, con 50 disparos. En un coche, como si se tratara de un sitio de exterminio.

¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?

“Tenga un oficio. Una profesión”.

¿Cuál es su rutina diaria para ensayar?

No tengo ninguna rutina establecida. Cuando trabajas con teatro, vives de acuerdo con el grupo de trabajo. Todo se resuelve en la sociabilidad en el teatro, no se hace teatro solo.

¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?

Con Fernando Torres, mi marido, que ya se fue. Mi compañero de 60 años.

¿Cuándo fue más feliz?

Soy feliz cada vez que veo a mis hijos y mis nietos. Es el momento más feliz para mí, porque sé que mi descendencia no se ha acabado conmigo.

¿Qué le deja sin dormir?

Sorprendentemente, después de un día de trabajo duro, el sueño no viene por la noche. Hay una dinámica en el cerebro, una mezcla de sentimientos, imaginación y fuerza física que exige un gran esfuerzo.

¿Algún sitio que le inspira?

La propia naturaleza. Es un lugar común, lo sé, pero es cierto. El bosque, las nubes...

¿A qué edad se dio cuenta de que quería ser actriz?

Nunca hubo una razón que me llevara. Fue un instinto, una vocación, algo que se acercaba lentamente y un día se consolidó. Cuando eso pasó, ya sabía que no iba a hacer otra cosa en mi vida.

¿Qué le reprochan sus amigos?

Creo que muchas cosas. Tal vez por sólo presentarme cuando quiero ser vista.

¿Qué le asusta?

La posibilidad de perder mi memoria, porque es lo que soy.

¿Dónde no querría vivir?

A veces no me gustaría vivir en mi ciudad por ser tanta la violencia que veo alrededor. Ni en mi país.

¿Qué es un buen fin de semana?

Muchas veces es quedarme en casa leyendo. Otras veces es salir a comer con mi familia.

¿Qué le diría a la presidenta Dilma Rousseff?

Evalúe bien y con calma si vale la pena continuar en el infierno que está viviendo ahora.

¿Qué personaje se asemeja a usted?

Todos los que hice, tanto los de buen carácter como los de mal carácter.

¿Quiénes son sus influencias artísticas?

Mi abuela, analfabeta, italiana. Ella fue una gran contadora de historias en una época en la que no había ni radio ni televisión. Ella era portavoz de un imaginario que sólo tienen los analfabetos.