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“El periodismo es el ejercicio de la verdad y la literatura, lo contrario”

El escritor Raúl Tola relata en 'Flores amarillas' una historia de familia y de mafia que transcurre en el Perú de mediados de siglo XX

Raúl Tola (Lima, 1974) no puede andar por las calles de su ciudad natal sin ser reconocido. Lleva años haciendo televisión, incluso ahora, que vive en España, continúa con su programa semanal de entrevistas -graba varios cada vez que va-. Su vida se divide en sus dos profesiones, tan relacionadas y tan diferentes: el periodismo y la literatura. "He hecho lo posible por separar la parte televisiva, el vértigo y el frenesí, de la del escritor. Son muy distintas y contradictorias, si no corren paralelas se pueden confundir. Uno no puede permitir que la lógica del periodista se cuele en la literatura y al revés, tampoco. El periodismo es el ejercicio de la verdad, mientras que la literatura es lo contrario. Una novela es un mundo aparte que empieza con la primera palabra y acaba en la última", dice el autor de Flores amarillas (Alfaguara), publicado en 2013 en su país y a final de 2015 en España.

Leía mucho para huir de la mediocridad del mundo

Tola define su libro como una historia de familia en el ignorado Perú mafioso de los años 50. Un relato muy cinematográfico. "Se podría hacer una serie", bromea. Una historia de familia -de su familia- y de mafia, género que le interesa al autor y del que siempre quiso escribir aunque no encontraba la manera porque la iconografía de su país no le parecía tan apropiada como la de Nueva York o Chicago. Después se dio cuenta de que los relatos que había oído desde niño podían ser el germen de la novela. "No es el escritor el que busca las historias, son ellas las que le encuentran y esas estaban ahí antes de que yo naciera".

Confiesa que a veces piensa que escribió Flores amarillas para viajar e indagar en su historia: "He empleado técnicas periodísticas: he ido a Brunate (Italia), el pueblo fundacional de los Versaglio -protagonistas de la novela-, he conversado con sus habitantes. He entrevistado a mis tíos". El libro es un homenaje a sus ancestros. A pesar de que hay hechos y personajes identificables, remarca que es un mundo diferente y que se suele cometer el error de realizar constantes paralelismos con la realidad. Así lo advierte en una nota al principio, aunque también mantiene que hay que ser muy riguroso con los datos para evitar que el lector salga de la sensación "hipnótica y onírica" que se produce al sumergirse en un libro. "Algunas precisiones históricas me las apuntó Mario [Vargas Llosa]". Tola lleva a gala su amistad y admiración por el nobel, al que le envió la novela cuando era un embrión: "Guardo la carta con las anotaciones que me hizo. El libro que más veces he leído es Cartas a un joven novelista, donde en un ejercicio de brillantez y generosidad resume lo que sabe".

El novelista tiene vocación literaria desde niño. "Leía mucho para huir de la mediocridad del mundo". Tiene la costumbre de leer la primera mitad del año a los clásicos y la segunda, obras contemporáneas. El libro que más le ha marcado ha sido Guerra y Paz, de Tolstói: "Creo que ahora, con este mundo tan ancho y ajeno, es imposible hacer una novela total. Hay que acotar a lo que abarcamos". Flores amarillas retrata los encuentros y desencuentros en las relaciones familiares. Tola intenta dar algún quiebro y cruzar géneros. "He querido aportar algo distinto a la literatura de mafia, darle un sabor latinoamericano. En Perú no hay muchas novelas sobre familias migrantes y yo estoy a medio camino, soy un peruano que no se puede explicar sin Italia". Su próximo libro, que sería su cuarta novela, vuelve a estar a caballo entre América y Europa, trata sobre dos peruanos que se ven afectados por la ocupación nazi. Quiere mostrar que su país también ha formado parte de los grandes acontecimientos históricos: el Resurgimiento italiano, la Segunda Guerra Mundial... Hay peruanos que los vivieron en primera persona y el autor lo quiere evidenciar.

Cuando uno está en estado de novela hay que estar atento todo el tiempo

Pero Tola no solo está interesado en la historia, cuando acabe su cuarta novela, que está ya en un proceso muy avanzado, quiere ocuparse del año 2000 en Perú. Lo vivió en primera persona, empezó a trabajar un año antes en la única señal de televisión independiente de su país. "Fuimos uno de los factores que contribuyó a la caída del régimen de Fujimori y creo que haber visto todo lo que pasó me permite afinar al contar esos años". Afronta este proceso de manera diferente, acaba de ser padre y eso le da un nuevo impulso, además de que reconoce que ya no escribe solamente para satisfacer veleidades literarias, ahora tiene una responsabilidad añadida. Esto también influye en la forma de trabajar, con Flores amarillas fue más desordenado, en la última ha tratado de ser más profesional: se ha marcado un horario, pero "cuando uno está en estado de novela hay que estar atento todo el tiempo a lo que te pueda servir".