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Madonna se quiebra en México en un concierto dedicado a Frida

La reina del pop se emociona sobre las tablas y reconoce que después de 30 años no siempre tiene la fuerza para continuar

En su primer concierto en la Ciudad de México, Madonna se dividió en dos. Una de ellas apareció durante la primera hora del espectáculo, la que tiene acostumbrado a un público siempre fiel: la artista más provocadora, sensual e irreverente. La segunda fue la que sorprendió. Sola frente a las tablas y ante un auditorio lleno hasta la bandera, la reina del pop enmudeció. Su voz se quebró para reconocer que no siempre tiene la fuerza suficiente para continuar.

"Muchas gracias por estar ahí durante 30 años. Estoy pasando por momentos muy difíciles en mi vida y no siempre puedo actuar como quisiera. Siento que no soy tan fuerte. Pero os miro y me dais la fuerza que necesito", confesó una Madonna emocionada sobre la plataforma central del enorme escenario.

Si hacía falta algo más para que los fans más devotos de la artista se entregaran definitivamente a su ídolo era ese momento de debilidad humana que mostró Madonna la noche del miércoles. Hasta ese momento, La Reina, que comenzó el show bajando de las alturas en una jaula, parecía inmortal. Cada gesto, cada movimiento, era recibido por su público con un sonoro grito. El mismo día del concierto se conoció la noticia de que su hijo Rocco Ritchie, de 15 años, no quiere volver a casa de su madre.

Hasta la confesión, Madonna no dejó de trepar por escaleras imposibles, sobre los hombros más fornidos de sus bailarines. También hizo lo mismo sobre el suelo. Todo enmarcado en coreografías perfectamente sincronizadas con más de 10 cambios de vestuario. Su gira Rebel Heart, que comenzó en Canadá en septiembre del año pasado, se gestó como uno de sus proyectos más ambiciosos: tecnología, decorados y elementos escénicos propios de un rodaje de Hollywood, y un vestuario a la altura de una colección de alta costura.

Todo para demostrar que a sus 57 años está en plena forma. Y que sigue poniendo el dedo en la llaga. En un país donde una inmensa mayoría de la población se considera católica -alrededor de un 83%, según la arquidiócesis mexicana-, colocó a un elenco de bailarinas de striptease moviéndose alrededor de una barra de pole dance con forma de cruz y ataviadas con cofias de monja.

Uno de los momentos más destacados de la noche fue cuando señaló a una Frida Kahlo entre el público y admitió que los colores más bonitos eran los que ella pintaba. Justo antes de cantar su famosa True blue. Las menciones a la artista mexicana continuaron durante todo el concierto, especialmente en la parte final: "Amo a Frida Kahlo. Ella se buscaba a sí misma en sus cuadros y yo hago lo mismo con mis canciones. Esto va para Frida. Canten conmigo", coreó para continuar con su canción Who's that girl?.

I always wanted to share the stage with Frida My Hero ‼️. my Unapologetic Bitch🍌❤️#rebelhearttour

Una foto publicada por Madonna (@madonna) el

Hasta la primera mitad del concierto era difícil recordar que Madonna también canta. Después de intercalar las canciones del album que da nombre a su gira con las más míticas como Like a Virgin, la reina del pop se sentó sola con un ukelele y entonó La vie en rose.

En las últimas canciones remontó e interpretó Material Girl con atuendo de cabaret y tacones de vértigo. Sobre el brillante vestido de lentejuelas se puso una camiseta que le arrojaron del público con un cuadro de Frida Kahlo: "¡Siempre había querido tener una!", gritó. Y se despidió a su manera. Un letrero gigante en la pantalla decía: Bye, bye, bitches.

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