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¿Por qué Guns N' Roses fue la banda más grande del mundo?

El grupo lideró una potente escena en Los Ángeles en los 80 hasta convertirse en la maquinaria de rock duro más perversa y mejor engrasada

Paradójicamente, los Guns N' Roses originales anunciaron que vuelven a los escenarios dos días antes del adiós definitivo de Mötley Crüe en Los Angeles con un fin de fiesta con fuegos artificiales. En cierta forma, es como, si cuando Kobe Bryant esté a punto de colgar su camiseta con los Los Angeles Lakers, Michael Jordan hace un comunicado diciendo que va a pisar de nuevo las canchas de la NBA para dar unas cuantas exhibiciones. Rivales enconados en la época, Guns N' Roses se convirtió a finales de los ochenta en la banda de rock más grande del mundo, y Appetite for destruction en el debut codiciado.

Axl Rose llegó desde la recóndita Lafayette a una jungla urbana, que, lejos de devorarle, se hizo dueño de ella, en tanto que Slash era el socio que buscaba, con su mata de pelo rizada, un piercing distintivo en la nariz, y ese estilo único tocando su guitarra Gibson Les Paul. Por aquel entonces, sus ídolos eran músicos con el encanto y la fuerza misteriosa de los súper héroes de DC y la Marvel; el peligro tóxico de Aerosmith, el glamour pendenciero de New York Dolls, las excentricidades de Led Zeppelin y Van Halen...

Con Guns N' Roses y Mötley Crüe a la cabeza, en Los Angeles hervía una nueva escena con varias acepciones, aunque no hay diferencias entre el hair metal o el sleazy rock. Coqueteaban con la ambigüedad sexual, llevaban toneladas de laca para creparse el pelo, se divertían con chicas despampanantes y conducían coches rápidos. El área de dos kilómetros y medio que comprende Sunset Strip era el lugar que soñaba todo aquél que optara a ese estilo de vida. Bon Jovi, desde su morada en New Jersey, y Whitesnake, reconvertidos convenientemente para la ocasión con el álbum 1987, habían dejado el campo abonado para que Guns N' Roses y demás monagos aprovecharan la ocasión. De repente, Cinderella, Poison o Warrant eran favoritos de la MTV, Mötley Crüe hacían más travesuras que nadie (recomendable leer The Dirt), y por supuesto: Guns N' Roses lograban que la bola cada vez fuera más grande.

Antes de convertirse en un aparato logístico con unas proporciones exageradas que no podían controlar ni ellos mismos, con los dos volúmenes de Use your illusions en 1991, con videoclips representando bodas lujosas y funerales desafortunados en la pieza November rain, y un Axl Rose cada vez más endiosado, el quinteto que nació de las cenizas de Hollywood Rose era la maquinaria de rock más perversa y mejor engrasada en el planeta. Por mor de un concierto en el mítico The Ritz de Nueva York el 2 de febrero de 1988, emitido a través de la televisión (un aforo minúsculo comparado con los estadios de fútbol en los que tocarían después, caso de su publicitada actuación en el Rock in Rio II en Brasil), cercioraban lo que se barruntaba con Appetite for destruction. Canciones como Welcome to the jungle, It´s so easy, Paradise city y Sweet child o´mine eran una explosión incontrolable pocas veces vista. Magia y desenfreno multiplicados por mil. Pero, fruto del exceso y los egos, el motor de Guns N' Roses gripó en 1994.

En efecto, Izzy Stradlin, como eje en la composición del grupo, figuraba como músico de culto con sus Ju Ju Hounds, manteniéndose al margen de rumores y disputas, y Duff Mckagan se apuntaba al carro de la oportunidad, siendo cualquier proposición buena para él (Neurotic Outsiders junto a Steve Jones de Sex Pistols y John Taylor de Duran Duran fue su juguete favorito). Steven Adler no supo controlar sus impulsos y el consumo descontrolado de drogas le llevó por el camino equivocado. Axl Rose pensó que el mundo giraba alrededor suyo y ha estado 20 años dando palos de ciego con otros compañeros defendiendo la marca. Y Slash ha engrandecido su propia leyenda (Velvet Revolver fue su único intento fallido junto al recientemente malogrado Scott Weiland), haciéndose definitivamente en el tipo más listo de la clase y quien tenía la llave para abrir la caja de Pandora. Porque de su entendimiento con Axl dependía la vuelta de Guns N' Roses.

“Por suerte, cuando grabamos Appetite for destruction, no existía la tecnología como la entendemos hoy, había imágenes que fue mejor no mostrar en público. Eso quedará para siempre en mi memoria”, decía Slash. Con el impacto del grunge se apagaron las luces del circo del sleazy a la espera de que se inflara otra vez el globo. Pero no en vano D Generation, Buckcherry o Avenged Sevenfold e incluso los suecos Backyard Babies, han querido reavivar en distintas etapas y circunstancias el fuego adictivo deGuns N' Roses. Sin embargo, el tiro siempre salió por la culata. Ahora toca visitar de nuevo ese paraíso en el que la hierba es verde y las chicas son guapas.

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