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091, una historia de redención y rock‘n’roll

La banda de Granada repasa su leyenda tras su aclamado y esperado regreso a los escenarios en el festival Actual de La Rioja dos décadas después de separarse

Los nervios flotan en el ambiente como si fuera el primer concierto en la vida de estos cinco tipos. La espera se mata cómo se puede. José Ignacio Lapido entra y sale del camerino para hablar por teléfono mientras su hermano Víctor, José Antonio García, Tacho González y Jacinto Ríos se mueven de un lado para otro o intentan concentrarse sentados frente a una mesa repleta de fruta, patatas fritas, chocolatinas, sándwiches, botellines de cerveza y botellas de vino, ginebra y whisky. En el Palacio de Deportes de Logroño, convertido en un enorme escenario para acoger el festival Actual de La Rioja, está prohibido fumar, tal y como se anuncia por la megafonía cada dos por tres, pero, entre bambalinas, casi todos encienden y consumen cigarros. Hace apenas medio año atrás, pocos, por no decir nadie, pensaban que estos cinco tipos, vistos como como una parte irrepetible de la historia del pop-rock español, volverían a juntarse. Pero, en los primeros compases de la medianoche del 4 de enero de 2016, dos décadas después de su último concierto en Granada, el público corea el primero de los tres números que dan nombre a la banda: “¡Cero!”. Los 091 están a unos minutos de regresar a los escenarios ante una expectación que ha pillado por sorpresa a todos, pero especialmente a sus protagonistas.

Así lo reconocen los cinco en una relajada charla en un céntrico hotel de Logroño horas antes de su esperada vuelta a los escenarios. “Nos despedimos totalmente en serio y negábamos la vuelta con determinación, pero, bueno, el paso del tiempo influye y la celebración del aniversario en 2016 nos gustó”, explica José Ignacio Lapido, el primero en tomar la palabra y que vuelve a sus labores de guitarrista aparcando su carrera en solitario. “Influyó mucho que un grupo de seguidores fieles, que parece que aumentaba cada año, nos insistió tanto que nos convencieron a dedicar un año entero a tocar las viejas canciones”, añade. Al poco de conocerse la noticia de su regreso el pasado octubre, se acabaron las entradas para verles en algunas de las ciudades anunciadas y, desde entonces, no paran de sumar fechas y festivales interesados en incluir su nombre en sus carteles. “Ha superado todas nuestras expectativas”, comenta el bajista Jacinto Ríos.

El grupo granadino 091 en el pasillo de los camerinos del Palacio de Deportes de Logroño. EL PAÍS

Ellos mismos lo recuerdan: cuando su gira de despedida en 1996 solo vendieron todas las entradas en tres conciertos de más de 20 programados. Entonces, ¿qué ha pasado? “Tal vez las canciones se han conservado bien, sobre todo por el espíritu de las letras que reflejaban el estado de confusión como sucede ahora”, apunta el baterista Tacho González. “El paso del tiempo ha sido benévolo con nosotros”, señala José Ignacio Lapido. Los demás asienten con la cabeza sin tener una respuesta exacta mientras Víctor Lapido reconoce con guasa que esta reunificación “tiene sentido” aunque solo sea por cantar una canción como Qué fue del siglo XX en el siglo XXI que “es lo que corresponde”.

Al tiempo que se alumbraba un nuevo país democrático, 091 se formó en Granada a principios de los años 80. Fue en el mítico bar Silbar, que se situaba en la zona de Pedro Antonio de Alarcón, cuando decían que era el lugar con más bares de toda Europa, donde se dio, como tantas veces se ha dado en la escena musical de la ciudad, el germen del grupo. “Era un sitio donde podías escuchar punk rock y bandas de la new wave”, comenta José Ignacio, aunque recuerda que fue en el bar Santa María donde conocieron a José Antonio García, el Pitos, que se convertiría en el cantante. “Les conocí porque el dueño tenía una gramola y sabía que era músico y me dijo que iba un grupo del que ponía su primer single en el bar. Me uní a ellos en ese bar de tapas barato”, cuenta José Antonio, que entonces estaba en el grupo TNT. “Nuestro origen está en un sitio donde iban los militares y yonkis a comer bocadillos de calamares”, apunta entre risas González.

De cuando Joe Strummer se prendó de unos chavales

La influencia de The Clash en el grupo va más allá de lo meramente artístico. Joe Strummer quedó prendado de 091 cuando los conoció en el mítico bar Silbar, que se situaba en la zona de Pedro Antonio de Alarcón, cuando decían que era el lugar con más bares de toda Europa. El músico británico tenía aspecto de leñador y entonces, en 1985, era novio de la española Paloma Romero, conocida posteriormente como Palmolive, batería del grupo The Slits. “Venía muy quemado de Reino Unido y se veía reflejado en nosotros de cuando era más joven”, comenta el baterista Tacho González.

El ídolo de aquellos chavales andaluces terminaría produciendo su disco Más de cien lobos, cuya maqueta tituló: Grabando en Recogidas with sexy señoritas. “Fue muy divertido porque se empeñó en meter el ruido de una persiana al comienzo y final de una canción y se la acabó cargando de tanto subirla y bajarla”.

Bajo el influjo de The Clash y Sex Pistols, pero también de esa nueva ola británica más pop con Elvis Costello, The Jam y Graham Parker al frente, la banda, defensora de un rock de guitarras y poseedora de un extraño halo de romanticismo callejero, se ganó un sitio, pequeño pero seguro, en la década protagonizada por el pop de la movida madrileña. “No entramos en la movida porque, aparte de venir de Granada, teníamos unas directrices artísticas muy concretas. Compartíamos afinidades con gente como Los Ilegales, Siniestro Total, Los Enemigos, La Granja, Los Deltonos o Los Rebeldes”, explica José Ignacio. “La discográfica nos quería meter en los 40 Principales y se equivocaron por completo”, cuenta José Antonio García. “Intentamos no tragar con todo, pero muchas veces no te quedaba remedio, como hacer playback en televisión, pero solo veían el camino de los 40 Principales”, añade.

Fue en los noventa, cuando se fue el bajista Antonio Arias a Largatija Nick y los ochenta caducaron de la noche a la mañana sin ellos terminar de dar el salto de nivel de audiencia, cuando decidieron poner fin al grupo, pese álbumes sobresalientes como Tormentas imaginarias. “Era un despiporre. No querían pagarnos la gira de presentación por España, pero sí nos llevaban con Los Inhumanos a Venezuela”, cuenta Lapido. No tardaron en ver cómo otra banda de Granada, que llegó a girar con ellos de teloneros, llegaron a un sitio dentro de la escena de la música independiente española que parecía reservado para 091. Eran Los Planetas. “A nosotros nos dieron todos los premios posibles en la programación de Radio 3, pero nosotros éramos de otra época y ese circuito que ha generado todo el indie de estas dos décadas se necesitaba nutrir de caras nuevas y nosotros no lo éramos en esos años”, dice Víctor Lapido.

Su despedida fue en 1996, con un multitudinario concierto en Maracena, en Granada, que acabó editado en un doble disco en directo llamado Último concierto. Su influencia se vio pronto. Al poco tiempo, salieron dos álbumes de homenaje hechos por músicos españoles, tanto de grandes discográficas como de la escena indie. Mientras en los siguientes años, su nombre salía a la palestra en entrevistas a todo tipo de artistas, pese a que sus discos están descatalogados y desde hace años no se pueden conseguir en ningún lado, algo que se solventará a partir de marzo con la puesta a la venta de todos sus trabajos, incluido en formato vinilo.

Ahora es 2016. Es el primer concierto de una larga gira. El público, que ha venido de varias partes de la geografía española, corea el nombre del grupo. Los cinco hacen una piña en las escaleras que suben al escenario. Van todos vestidos de negro. Se apagan las luces. Y, en cuestión de un minuto, atruenan las guitarras. Humo rojo y un cartel gigante con tres dígitos: 091. Es el comienzo de una historia de redención. Es el comienzo de una historia de rock’n’roll.

091 durante su concierto en el festial Actual de La Rioja. EL PAÍS

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