Los Strauss con el mejor sabor

Jansons dirige su mejor Concierto de Año Nuevo y uno de los más destacados en décadas

Mariss Jansons (Riga, Letonia, 1943) se refirió a la música del Concierto de Año Nuevo, el pasado martes ante la prensa, casi con términos propios de un maestro repostero. Interpretar bien un vals o una polca de los Strauss puede ser algo tan complicado como ejecutar un postre magistral. “Si uno exagera coge mal sabor, y si no llega sale insípido”, afirmó. Pero Jansons domina a la perfección los ingredientes de esta música ligera y alegre, pero también extremadamente delicada. La compara sin dudarlo con Chaikovski, uno de sus compositores predilectos, y del que conoce bien su secreto: “No hay que añadir azúcar a la miel”.

El maestro letón redimensiona estas composiciones de baile de los Strauss y sus coetáneos. Las trata al mismo nivel que si hubieran sido firmadas por Mozart, Beethoven, Brahms o Mahler. Algo teóricamente sencillo pero impresionante en la práctica. Encuentra el tempo correcto para cada pieza, su fluctuación adecuada, la respiración ideal, la dinámica justa, paladea un fraseo para acto seguido subrayar una transición. No es un repostero sino más bien un mago. O tampoco. En realidad no necesita batuta para conjurar a los músicos de la Filarmónica de Viena, le basta muchas veces con el simple movimiento de sus manos.

Musicalmente el Concierto de Año Nuevo de este 2016 que acabamos de estrenar ha sido de los mejores recientes. Infinitamente superior a los escuchados en 2015 con Zubin Mehta o en 2013 con Franz Welser-Möst. En esta ocasión se ha intentado equilibrar las dos partes que lo dividen. En la primera con más obras nunca antes escuchadas, como la interesante marcha de Stolz, que conmemoraba los 70 años de la ONU (representada en el concierto por Ban Ki-moon), o la extraordinaria versión del vals Muchachas de Viena de Ziehrer, con ese novedoso efecto del tema introductorio silbado por la orquesta. Pero también se ha intentado dotar desde el inicio con más bromas, algunas bien conocidas como el cornetín tocado por el propio Jansons en la polca rápida El tren del placer que ya realizó Carlos Kleiber en 1992.

La segunda parte ha vuelto a ser un año más lo mejor del concierto. A destacar, en especial, el vals Sones de las esferas de Josef Strauss, un compositor que Jansons reivindica en sus programas como director del Concierto de Año Nuevo. Y también el Vals del Emperador de Johann hijo, todo un reto al ser una de las composiciones más interpretadas en estos festivos conciertos desde su origen en 1939.

Brillante fue también la actuación de los Niños Cantores de Viena, con una cristalina pronunciación del alemán. La realización televisiva de Michael Beyer resultó variada y contó con dos vistosas escenas de ballet protagonizadas por los solistas de la Ópera Estatal. En el intermedio de la retransmisión se pudo ver un documental sobre Salzburgo dirigido por Grandits con actuaciones de músicos de la Filarmónica de Viena, como la saga de clarinetistas Ottersamer, casi parecida a los Strauss (padre y dos hijos, aunque el pequeño sea de la Filarmónica de Berlín). No hay duda que la gran protagonista del Concierto de Año Nuevo es la proverbial orquesta vienesa, este año con más presencia femenina incluso en la sección de viento con la joven fagotista Sophie Dartigalongue. Jansons lo sabe bien y no dudó en demostrarlo al marcharse un momento durante la interpretación de la Marcha Radetzky. Fue un gesto que le honra. Se acaba de anunciar que en 2017, el director del Concierto de Año Nuevo será el venezolano Gustavo Dudamel. Le deseamos toda la suerte del mundo.

 

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