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CRÍTICA | EL MUNDO ABANDONADO

La muerta que canta

Barbara Sukowa y Katja Riemann recorren esta película vacía de carisma con toda la dignidad de la que son capaces

Fotograma de 'El mundo abandonado'.

Una canción de Gustav Mahler apoyada en un poema del romántico Friedrich Rückert inspira el título de la última película de Margarethe Von Trotta, cuya Hannah Arendt (2012) se convirtió en sleeper –corredora de fondo y pequeño éxito inesperado- en la cartelera española de hace un par de años, permitiendo cierta reconciliación con el recuerdo de una cineasta y actriz que había sido relevante delante y detrás de las cámaras en el Nuevo Cine Alemán de los setenta. El mundo abandonado parece escrupulosamente diseñada para enturbiar esa reciente conexión con viejos recuerdos cinéfilos.

EL MUNDO ABANDONADO

Dirección: Margarethe von Trotta.

Intérpretes: Barbara Sukowa, Katja Riemann, Matthias Habich, Robert Seeliger, Gunar MÖller, Karin Dor, Arne Jansen, Tom Beck, August Zirner.

Género: drama.

Alemania, 2015.

Duración: 101 minutos.

"He abandonado el mundo/ En el que malgasté mucho tiempo/ Hace tanto que no se habla de mí/ ¡Que muy bien pueden creer que he muerto!", dice la canción en su primera estrofa, desgranada por Barbara Sukowa en la piel de una diva operística que es la doble perfecta de la difunta madre de la protagonista, una oficiante de bodas civiles con madera de solista de jazz. El parecido abre la puerta al enigma, tras el que se oculta un secreto familiar en forma de historia de amor contrariado. Al espectador se le puede disparar una razonable y justificada señal de alarma muy pronto: en cuanto aparece el manager de la diva –personaje acusadamente acartonado- y, en menos tiempo del que se dice cliché, inicia una relación sentimental con la protagonista que suena a recurso narrativo tronado, gastado por el uso y rebozado en aroma de naftalina. Que las actrices Barbara Sukowa y Katja Riemann recorran esta película vacía de carisma, turbación y verdadero misterio con toda la dignidad de la que son capaces dice mucho de su savoir faire. O del poder embaucador de la directora.

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