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Lecturas para reflexionar ante el laberinto español

Seis filósofos y escritores recomiendan autores y libros que ofrecen salidas a la realidad. Desde Marco Aurelio hasta Sloterdijk, pasando por Zambrano o Pérez Galdós

Ambiente electoral en el Colegio Bernadette de Aravaca, en Madrid, el 20 de diciembre de 2015.

“Examina de dónde ha salido cada cosa, de qué elementos se compone, en qué cosa se transmudará, cuál será después de mudada, sin sucederle por ello mal alguno”. A reflexiones como esta de Marco Aurelio, reunidas en Meditaciones,se refiere Chantal Maillard para acercarse a la España surgida tras las elecciones generales del pasado 20 de diciembre. Junto a esta poeta y ensayista, un filósofo, un novelista, un politólogo, un crítico literario y una académica de la lengua y escritora han creado, a iniciativa de EL PAÍS, una cartografía literaria al hilo del año político que termina en un rompecabezas y en otro que entrará en un laberinto.

Responsabilidad, recordatorio de qué es la política, cómo debe ser un político y despojarse de prejuicios partidistas son algunos de los aspectos en que coinciden los autores consultados. Invocan grandes voces del pasado, como Séneca, Voltaire, Hannah Arendt, Max Weber, María Zambrano, Karl Marx y Benito Pérez Galdós; y del presente, como Claudio Magris y Peter Sloterdijk.

Arendt, Faulkner, Weber

Hannah Arendt y sus textos de ¿Qué es la política? (Paidós) es en lo primero que piensa José Luis Pardo. En ellos, asegura el filósofo, “una y otra vez su autora se esfuerza por distinguir entre ‘los prejuicios contra la política y la evidencia del gran escalofrío (del cual los totalitarismos nos dieron un botón de muestra) que recorrería el mundo si, para conjurar los males que a veces se derivan de ella, se procediera a la anulación de la política”. El momento español sugiere otras lecturas en Pardo: “El Discurso pronunciado por William Faulkner ante el Consejo del Delta el 15 de Mayo de 1952 (en Ensayos y discursos, Capitán Swing), en donde intenta reivindicar la herencia de los padres de la Constitución de EE UU frente al desprestigio de la política de baratillo; pero todo esto me ha llevado a un lugar obvio: la conferencia de Max Weber sobre Política como vocación (Biblioteca Nueva), en donde, tras definir la actividad política como una mezcla de convicción y responsabilidad, desconfía del político convencido que se niega a aceptar responsabilidades por sus decisiones en un mundo abyecto al que se opone, y sospecha que casi siempre se trata de ‘odres llenos de viento que se inflaman con sensaciones románticas’. Por el contrario, manifiesta su respeto por la madurez del político responsable que mide las consecuencias de sus acciones y, llegado el caso, se atreve a decir, como Lutero: ‘No puedo hacer otra cosa, aquí me detengo’. Solo quien no se quiebra ante un mundo que considera estúpido o mezquino, ‘solo quien frente a todo esto es capaz de responder con un ‘sin embargo…’, solo un hombre constituido de esta manera tiene vocación para la política”.

Voltaire, Magris, Bégout

A este último se refiere Josep Ramoneda cuando empieza por decir que él parte “del prejuicio favorable (aunque probablemente infundado) de que los dirigentes que han de encontrar la manera de formar gobierno en las próximas semanas ya tienen hechas las lecturas políticas básicas”. Mencionadas estas premisas, el politólogo sugiere textos literarios breves “para dar aliento al espíritu en momentos de mudanza. Por supuesto, todos los caminos conducen al Cándido, de Voltaire, guía para no perder nunca de vista el desagradable principio de realidad y afrontarlo con sano escepticismo sin dejarse arrastrar por los eufemismos, las falsas ilusiones o el pesimismo irreductible”, dice. Claudio Magris, en “Las fronteras del diálogo, nos recuerda el sentido de la palabra diálogo en unos tiempos en que se utiliza para encubrir algo más prosaico como es la negociación pura y dura. Bruce Bégout en Sobre la decencia común, un ensayo a propósito de Orwell, apela a la virtud de la decencia como fundamento de la práctica política. En el breve ensayo Fortalecer el miedo, Mia Cuoto advierte de que ‘hay quien tiene miedo de que el miedo acabe’. En su Diccionario para ociosos, Joan Fuster evoca tres pasiones del alma, el escepticismo, el cinismo y el egoísmo, que nos ayudan a liberarnos de las trampas de los tópicos y del sentido común. En fin, para no olvidar nunca de dónde venimos, un texto clásico de Pier Paolo Pasolini: El artículo de las luciérnagas”.

Pérez Galdós

La clave para entender la España actual está en los Episodios nacionales, de Benito Pérez Galdós, asegura José-Carlos Mainer. El escritor, profesor y crítico literario recomienda su lectura por los parecidos entre la época descrita y la actual: “Galdós empieza a escribir los Episodios en un momento de euforia, cuando el país parece que se reorganiza tras el reinado de Isabel II, y aquí sucede después del franquismo. Luego empieza a escribir de otra manera cuando el país se colapsa, y llegan los indignados, las ilusiones. En el fondo las cosas seguían siendo las mismas. Luego llega el 98. Galdós distinguía tres aspectos patentes en su obra: La idea de la importancia de la educación y que de no prestarle la suficiente atención sería un obstáculo para el desarrollo del país; la angustia económica como algo fundamental, lo primordial en la vida del país; y el problema de las falsas ilusiones y las fantasías como freno al desarrollo. Y eso se traslada hoy a temas como la corrupción”.

Séneca, Zambrano, Marx

Ante ese panorama, Maillard recomendaría la lectura de El Capital de Marx, “para ser leído sin prejuicios partidistas y aplicado a la industria global”. En ese espíritu universal, Clara Janés considera que “uno de los libros que estaría bien leer es El pensamiento vivo de Séneca, de María Zambrano”. La poeta y académica recuerda que “Zambrano destaca su valoración de la dignidad y considera al cordobés un mediador entre la vida y el pensamiento, dos cosas que nos atañen a todos los humanos. Desde que lo leí me quedó como norma una frase citada: ‘Vivir quiere decir servicio marcial”.

De Cicerón a Sloterdijk

Frente al panorama de incertidumbre, Álvaro Pombo no duda en afirmar que “se está en la obligación de detenerse un instante y reflexionar: hay que cambiar de vida y de piel como recomienda Peter Sloterdijk”. Es lo que dice el novelista y académico quien recomienda el libro Has de cambiar de vida(Pre-Textos), el filósofo alemán. “Debe ser algo que no afecte solo al individuo, sino también al colectivo. Sobre todo en días de esta banalidad de la geometría móvil de números en los políticos. Se requiere una redención política fundamental”, reclama Pombo. Y no olvida que el otro elemento clave es la educación en la libertad: “Por eso es importante el proyecto pedagógico de José Antonio Marina. La educación es la clave de todo, de un país y un estado que la valore en su verdadera grandeza y medida. Mientras esto no suceda seguiremos dando bandazos”.

Escenarios ya vividos en los libros en diferentes épocas de la humanidad y ahora aquí invocados. Entre los más populares figuran desde Cómo gobernar un país, de Cicerón o El príncipe, de Maquiavelo, hasta Todos los hombres del rey, de Robert Penn Warren, pasando por El espíritu de las leyes, de Montesquieu, Fouché o el genio tenebroso, de Zweig, o incluso Yo, Claudio, de Robert Graves.Y, claro, unos cuantos ensayos de Michel de Montaigne, como en el titulado De lo útil y lo honroso que empieza diciendo “Nadie está libre de decir bobadas. Lo malo está en decirlas con muchas intención”. Luego da luz sobre buena parte de la condición humana, desde las semillas de la cualidades del individuo hasta su destierro que destruye vidas; o desde los deberes para con los padres o el prójimo hasta la conveniencia de “tener ciudadanos piadosos con sus padres”, o alerta del despertar de ambiciones mientras afloran las traiciones.