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“Para mí no hay nada más natural que hablar de la sexualidad”

Sharon Olds recibe este sábado el Premio Leteo en León. Su voz se caracteriza por la radicalidad de temas de sexualidad y política

La poeta Sharon Olds, en su apartamento de Nueva York.
La poeta Sharon Olds, en su apartamento de Nueva York. EL PAÍS

El lugar del que emerge la voz poética de Sharon Olds (San Francisco, 1942) no resulta fácil de rastrear. Para algunos se trata de una voz incómoda. Helen Vendler, una de las críticas de poesía más autorizadas de Estados Unidos, la rechaza abiertamente. Entre otras cosas, la voz de Olds se caracteriza por la radicalidad con que da cuenta de experiencias a las que ningún ser humano es ajeno. “A muchos les molesta la manera en que abordo la sexualidad o ciertos aspectos de la intimidad familiar como qué significa ser madre o ser hija. O que escriba la dolorosísima crónica del abandono de una esposa por parte del marido. O las fases terribles de la muerte de un padre, víctima de cáncer”. Pero es en esto en lo que radica la fuerza de su poesía. El salto del ciervo,su libro más reciente hasta la fecha, galardonado en 2013 con el Premio Pulitzer, es la crónica de las secuelas que deja en una mujer un divorcio inesperado.

La voz de Olds logra conectar con lectores que no están acostumbrados a leer poesía, arrastrándolos hacia zonas primordiales de la percepción y el sentimiento de un modo que resulta tan directo y elemental como profundo. Y sí, la experiencia puede resultar perturbadora, pero también liberadora. La voz de Olds penetra en la sensibilidad de quien la lee con una inmediatez poco común y en cualquier momento puede dar un giro desconcertante, que a la propia poeta no le resulta fácil de explicar, como ocurre con el poema titulado El pene del Papa, cuya intención, pese a lo que pueda sugerir el título, no es irreverente. Una voz que hoy recibirá el León el XV Premio Leteo, que concede el Club Cultural Leteo, presidido por Rafael Saravia.

¿Cuál es el origen de sus versos? “En primer lugar está la danza… el baile, en su sentido primigenio … La verdad es que la poesía siempre ha estado ahí, desde que era muy niña. Dentro de mí había una voz que cantaba, y se trataba de sacarla fuera, primero llevándola al mundo de los sonidos, luego al de la página”. Esto último tardó muchos años en suceder. Olds tenía 37 años cuando publicó su primer libro, Lo que dice Satán. El volumen sorprendió, entre otras cosas, por la naturalidad con que habla de la experiencia sexual. Nadie había abordado el asunto con la desnudez con que lo hace ella. “Eso molestó a mucha gente, pero para mí no había nada más natural. Como poeta, me pareció un regalo, como si me dijeran: he ahí una zona de la experiencia humana que o se trata de un modo que la envilece o se pasa por alto, ¿por qué no hablas de eso? Y es lo que hice, pero no es sólo el tema de la sexualidad en sí. Hablo de manera parecida de lo que significa ser madre, y de hecho, el motivo por el que no publiqué antes es que yo era madre a tiempo completo. La maternidad es algo que yo elegí libremente y que me hizo sentirme plenamente realizada. Luego, cuando escribí sobre lo que significa tener hijos, también hubo gente a la que le molestó mi manera de hacerlo”.

La poesía de Sharon Olds tiene una dimensión decididamente política: “No puedo permanecer callada ante lo que veo que sucede en mi país. No puedo sancionar con mi poesía las atrocidades que lleva a cabo mi gobierno. Por eso cuando el marido de Laura Bush me invitó a la Casa Blanca rechacé la invitación”. Consciente de la imagen negativa que tiene muchas veces su país en el exterior, la visión de Estados Unidos a la que se acoge Sharon Olds es la de Emerson (sobre quien escribió su tesis doctoral), Whitman y Thoreau, la América del Norte representada en poesía por las grandes voces de la democracia: “La gran suerte de la tradición poética norteamericana reside en el hecho de que tenemos una madre y un padre formidables, Emily Dickinson y Walt Whitman. Nuestra tradición está firmemente anclada en la unión de dos voces poderosísimas, una masculina y otra femenina. De esa conjunción milagrosa deriva todo lo demás”.

Uno de los libros más potentes de Sharon Olds es El padre (1992), crónica desgarradora de la agonía y muerte de su padre. La influencia de Sylvia Plath es muy patente, aunque la singularidad de su voz sigue siendo algo inexplicable. “Muchas veces me preguntan dónde se forman mis poemas y nunca sé qué decir, de la misma manera que no sé qué es la imaginación. No soy una poeta intelectual. ¿En los pulmones? ¿En el movimiento físico del brazo? Cuando escribo no tengo la menor idea de lo que estoy haciendo… Cuando los jóvenes poetas me piden consejo siempre les digo lo mismo, que lleven una vida sana, porque el lugar del que procede la poesía es un lugar sano”.