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De una aldea a la lengua de 500 millones de personas

El libro ‘La maravillosa historia del español’ recorre la expansión y desarrollo del castellano

El catedrático Francisco Moreno, autor de ‘La maravillosa historia del español’.

¿Cómo y dónde surgió el idioma en el que está escrito este artículo y que comparten 500 millones de personas en los cinco continentes? Ese viaje de 13 siglos, desde una aldea en el señorío de Castilla, al norte de la península Ibérica, a mediados del siglo VIII, hasta hoy, segunda lengua materna más hablada después del chino, lo condensa en 336 páginas La maravillosa historia del español (Espasa), un encargo del Instituto Cervantes a Francisco Moreno Fernández, catedrático de Lengua Española de la Universidad de Alcalá de Henares. Lo de “maravillosa” es porque “la historia del idioma español está repleta de hechos, personajes, documentos… a menudo poco conocidos, que reflejan lo que ha sido un pueblo. Es una lengua de historia muy larga y geografía muy ancha”, contesta desde EE UU, por correo electrónico, Moreno Fernández, director del centro que tiene el Cervantes en la Universidad de Harvard. En el prólogo, Moreno advierte de que su libro “no es una historia romántica ni idealista, ni identifica el español con un sino de gloria”.

Hasta donde puede saberse, el castellano se formó “como una lengua popular, de campesinos y pastores”, influida por las que se hablaban a su alrededor: lenguas romances, el vasco y el árabe de los musulmanes invasores. Luego llegó la escritura, con sus primeras huellas en las ya conocidas glosas silenses y emilianenses, comentarios manuscritos en textos latinos datados entre los siglos X y XI, y la expansión a través de los monasterios y el Camino de Santiago, explica esta obra. En ocasiones, el desarrollo del castellano fue gracias a “las acciones militares”; y desde la época del emperador Carlos I, “se convirtió en una lengua de prestigio por razones políticas”. Más adelante, se expandió con “los procesos de colonización”, sin embargo, Moreno matiza que la presencia en América de hispanohablantes “no fue numéricamente relevante” hasta que esas tierras se constituyeron “como repúblicas, a partir de 1810”, con su independencia. Y de ese vínculo, destaca Moreno que la lengua americana que más palabras “ha aportado al español es el náhuatl” (cacahuete, tomate), “que se extendía desde el sur de Estados Unidos hasta Centroamérica”.

Moreno (Mota del Cuervo, Cuenca, 1960) aclara que su libro no está dirigido a historiadores o filólogos, que también, sino “a personas con inquietud por la lengua española y la cultura hispánica”. De ahí que su obra haga hincapié en proporcionar “una mirada social” a la evolución del castellano y que se dé “protagonismo a la América hispanohablante”. Si entramos en cuestiones filológicas, este experto subraya “la forma en que el español ha asimilado y naturalizado elementos de muy distinto origen”, así como el alto grado que existe hoy “de comunicatividad entre hispanohablantes de cualquier latitud”.

La maravillosa historia del español incluye breves referencias a una treintena de personajes y de palabras que, en opinión de este exdirector del Cervantes en Chicago, ayudan a conocer “la evolución social de la lengua española”. De todos ellos, Moreno se queda con el ecuatoriano Eugenio Espejo, hijo de indígena y mulata nacido a mediados del siglo XVIII, “un ilustrado, abogado, médico y periodista, que contribuyó a modernizar su comunidad en el pensamiento y en la lengua”, y que fue uno de los promotores del independentismo. Moreno manifiesta, lógicamente, su admiración por el humanista Antonio de Nebrija (1444-1522), autor en 1492 de una obra capital de este idioma, la Gramática de la lengua castellana. Pero otra Gramática fundamental fue la del caraqueño Andrés Bello (1791-1865), que demostró “que las variedades americanas no debían ser tratadas como desviaciones, sino como formas diferentes de manifestarse el castellano”.

En cuanto a las historias de las palabras escogidas, llama la atención “queso”, que ya apareció como “keso”, en el año 980, en una lista de variedades de este producto escrita por un monje en el dorso de un papel usado. Otra palabra interesante es “arroba”, cuyo símbolo, @, no es una invención de Internet, sino que está datado desde el siglo XV, cuando se utilizaba para abreviar el continuo uso de esta medida de peso en los listados mercantiles. El símbolo @ pasó a otros idiomas; a la máquina de escribir y, en 1971, a las direcciones de correo electrónico, porque en inglés se leía “at” (“en”) y así podía indicar el lugar en que se alojaba el mail de un usuario, explica Moreno. Otro palabra que mueve el mundo, “dólar”, también es de origen español, ya que fue una moneda acuñada en época de Carlos I.

¿Hay algo hoy que pueda amenazar la fortaleza del español? Para este catedrático, “su debilidad está en el escaso reconocimiento que recibe como lengua para la ciencia y la tecnología, incluso en los países hispánicos”. ¿Y el espanglish? “No”, zanja, “porque en muchas de sus manifestaciones, el espanglish es español en sí mismo. Es más, en ocasiones, el espanglish es un puente hacia el español para gente que, de otra manera, le habría dado la espalda”.