Selecciona Edición
Iniciar sesión

La herencia de dos gigantes del libro

La agente literaria y el presidente del grupo Planeta han sido recordados en la cita más importante del libro en español

Claudio López Lamadrid, editor general de Penguin Random House Mondadori, fotografía el retrato de Carmen Balcells en la FIL.

La industria editorial se mueve en toda América Latina entre la dispersión en editores independientes y la concentración en grupos gigantescos. Muchos sellos pequeños ejercen de agentes de sus propios autores hasta que dan el salto a una agencia o a una multinacional. La profesionalización ya no es exclusiva de los grandes pero fueron dos de ellos —la agencia de Carmen Balcells y la editorial Planeta— los que más hicieron en la segunda mitad del siglo pasado por hacer compatible profesión y vocación gracias a combustibles llamados premio literario, adelanto y derechos de autor. Agentes y editores se necesitan mutuamente y no es raro que muchos escritores tengan con ambos una relación filial. Detrás de toda Mamá Grande, sobrenombre universal de Balcells, hay casi siempre un Papá Grande que juegan sus cartas, a veces entre la tensión y la chanza.

Una tarde de abril de 2013, José Manuel Lara Bosch, de 67 años, hizo una propuesta decente a Carmen Balcells, de 83: “¿Por qué no tenemos un hijo?” La respuesta de la agente literaria dobló la apuesta: “Podríamos tener gemelos y llamar a la niña Armonía y al niño Próspero”. Esa surrealista negociación tuvo lugar en una entrevista de los dos popes con el periodista Xavi Ayén en La Vanguardia. Preguntados por el estado de sus empresas en cinco años”, ella tiró de realismo mágico: “Espero que para entonces la tecnología haya avanzado tanto que me permita dirigirla desde el más allá”. Él, de pragmatismo clásico: “Dando más servicios al autor, desde el marketing hasta la información sobre su público”.

Lara Bosch murió en enero de este año y Balcells ocho meses más tarde. La Feria Internacional de Libro de Guadalajara (México) les rindió homenaje el pasado domingo. Si Balcells, la agente del boom latinoamericano, cambió la relación entre las editoriales y los autores, Lara Bosch, convirtió la editorial en uno de los grupos más importantes de un mercado de 400 millones de hablantes.

En sus últimos años de vida Lara Bosch solía decir que lo que quería era ser pequeño editor independiente y la escritora María Dueñas, gran superventas de la factoría Planeta, recordó en Guadalajara que, además de preocuparse por los autores “más allá de su trabajo literario”, lo que a él le gustaba era eso, “hacer libros”. Además, sus colegas editores lo recuerdan como un empresario que pedía a los suyos que no “planetizaran” los sellos que se iban sumando a su firma, algunos de ellos míticos —y no siempre “desplanetizados”— como Destino, Seix Barral, Espasa o Paidós. Heredero del imperio creado por un sevillano instalado en Barcelona, José Manuel Lara padre, Lara Bosch mostró un interés por el mercado latinoamericano efusivamente reconocido en la FIL. “Tuvo siempre vocación americana y fue el gran gestor de la industria en América Latina”, expuso Enrique González, presidente de la Cámara Colombiana del Libro.

Al otro lado de la mesa negociadora Lara tuvo muchas veces a Carmen Bacells. “Muchas veces llevas razón, pero me tocas los cojones”, llegó a decirle Lara padre. La agente literaria representó a seis premios Nobel de Literatura y puso bajo los focos, y a resguardo de la prosaica vida laboral y de la codicia editorial, a muchos autores latinoamericanos. “Era una alquimista del boom”, expresó Raúl Padilla, presidente de la FIL. Dura como el diamante pero de lágrima fácil según García Márquez, la industria editorial la reconoce como la agente que revolucionó al mercado. “Ha traspasado la leyenda de ser una agente literaria”, apuntó Marisol Schulz, directora de la FIL.

Reinvención

Su empresa de representación, Carmen Balcells Agencia Literaria, seguirá en la brecha. Su hijo, Luis Miguel Palomares, continuará con el trabajo y ya planea una reinvención. “La agencia se va a modernizar y a expandir a otras áreas. Está la posibilidad de representar guionistas, de reforzar nuestro departamento de derechos internacionales y ser más proactivos: ofrecer el libro para diferentes soportes, entre ellos el cine”, explicó. La saga de Próspero y Armonía parece tener muchos tomos por escribir. Por lo pronto, el último premio Planeta de España lo ganó Alicia Giménez Bartlett. De los 601.000 euros del galardón un pellizco corresponde a su agencia, Carmen Balcells. Su fundadora solía decir, como siempre, entre bromas, que ella no tenía amigos, tenía porcentajes.

Lectores las 24 horas

Con permiso de Lara y Balcells, el apodo de Próspero le cuadraría perfectamente a Markus Dohle, un aseado renano que sonríe desde los carteles que anunciaban su intervención en la FIL: “El futuro de la edición”. Dohle es el director ejecutivo de Penguin Random House y pasó por Guadalajara para hablar del porvenir de una industria condenada a cambiar con sus clientes. Los nuevos hábitos de los lectores traerán nuevas formas de hacer que esos hábitos sean rentables. En papel o en el formato que sea. “Siempre he creído que encontraremos una forma de coexistencia entre el libro electrónico y el de papel”, afirma Dohle. En un mercado mundial en el que el 80% de los consumidores utiliza todavía el viejo, e impecable, invento de Gutenberg, Dohle remarca que el libro ha sobrevivido siempre a los cambios en el modo en que los lectores “consumen contenidos”.
“El comercio electrónico nos ha dado además la ventaja de que el consumidor esté con nosotros las 24 horas del día, todos los días del año”, añade Dohle, responsable de un grupo formado por editoriales como Literatura Random House, Debate, Grijalbo, Sudamericana, Debolsillo, Plaza & Janés, Lumen, Alfaguara o Taurus. Patrón de nombres y sellos históricos, Dohle no desprecia las nuevas plataformas de autopublicación nacidas en Internet. De ahí el impulso que su grupo ha dado a una “red social literaria” como Megustaescribir.com o a una escuela de escritura y edición como Cursiva. “Creemos que contar historias tiene un futuro”, insiste. “No nos importa en qué plataforma se haga”.