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Alta temperatura dramática

'La niña perdida' de Elena Ferrante es un fresco histórico y social desde abajo llevado con pulso maestro

Esta novela es la cuarta y última de una tetralogía que narra las vidas y amistad de dos niñas nacidas en un barrio pobre de Nápoles a mediados del pasado siglo. Las anteriores se titulan, por orden cronológico, La amiga estupenda, Un mal nombre y Las deudas del cuerpo. La cuatro están contadas por una de las mujeres, Elena Greco, Lenù, lo que supone un relato retrospectivo cuidadosamente narrado por ésta desde fecha actual, principios del siglo XXI, ya no lejos de la ancianidad.

Lenù era una niña tranquila, adaptable, más pasiva que su inquieta, valerosa y dominante amiga Lila (o Lina). La elección de narradora es importante porque Lenù, desde su supuesta inferioridad, es una observadora privilegia del escenario que las rodea: un barrio duro, violento, empobrecido e inculto, donde las gentes son buenas y malas a la vez. Cuando esta cuarta novela se inicia ellas son ya dos mujeres maduras y templadas por el sufrimiento; han tenido hijos de parejas de las que se han separado, Lenù convive con un tipo que la engaña y Lila con un hombre a quien no ama, pero con quien se entiende bien, y las dos se encuentran distanciadas entre sí por acontecimientos anteriores. Sin embargo, su relación, por zarandeada que haya sido, sigue siendo imborrable.

Lenù va alcanzando una cierta notoriedad como escritora, lo que supone una apertura al mundo exterior; Lila, en cambio, permanece encerrada en el barrio, donde pretende cambiar las cosas frente al dominio de unos mafiosos: los hermanos Solara.

Desde ambas, Elena Ferrante hace un despliegue formidable de la vida en el barrio, un poderoso esfuerzo de creación de un escenario lleno de pasión, de conflicto, de vida, contado con una agudeza y sugestión inolvidables, asentado en nueve familias. Todos los personajes, principales y secundarios, convierten el relato en un mosaico vivo de impresionante variedad y colorido. Las interrelaciones entre todos y cada uno confluyendo a su vez en las dos amigas, la integración del ambiente en ellas y de ellas en el ambiente, convierten la novela en un fresco histórico y social desde abajo llevado con pulso maestro. Lila y Lenù han vivido etapas decisivas de la vida italiana porque su barrio no es más que el espejo de la corrupción emocional, sentimental y política del país. Los intereses creados, la miseria y la maldad, la mezquindad y la generosidad, los odios y los afectos... van tramando el tejido social en el que esta honda historia se desenvuelve, que los envuelve a todos, del que todos participan, donde ninguno es de una sola pieza y todos representan la fascinante complejidad humana de un suburbio de las ciudades actuales. Y todos con identidad propia.

Pero la cumbre del relato la alcanza la creación de estos dos personajes femeninos centrales que muestran la penetración psicológica de la autora, su mirada implacable. Es una novela realista que debe mucho al neorrealismo italiano, pero la tentación costumbrista queda completamente superada por la insuperable capacidad de Ferrante de extraer dramatismo de la cotidianeidad sin rozar siquiera el maniqueísmo. Esa es una virtud impagable. La otra, la creación de personajes; baste ver las oscilaciones de Lenù en su contradictoria relación con Nino, de una complejidad y riqueza extremas. O la movediza personalidad de Lila (“Esa era la Lila a la que yo tenía cariño. Sabía asomar de repente del interior de su propia maldad para sorprenderme”) para que la inteligencia de Ferrante invada al lector. La tetralogía se cierra aquí definitivamente bajo una creciente, lúcida y poderosa temperatura dramática que la convierte en una de las grandes narraciones de nuestro tiempo.

La niña perdida. Elena Ferrante. Traducción de Celia Filipetto Isicato. Lumen. Barcelona, 2015. 544 páginas. 24,90 euros.

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