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Guédiguian y la conexión española de su película sobre el genocidio armenio

El cineasta presenta en Valladolid el filme inspirado en José Antonio Gurriarán, víctima de un atentado en Madrid en 1980

José Antonio Gurriarán (derecha) y Robert Guédiguian, en Valladolid.
José Antonio Gurriarán (derecha) y Robert Guédiguian, en Valladolid.

Más tarde o más temprano tenía que suceder. Era una deuda que le pesaba con sus padres y abuelos, con el pueblo armenio al que pertenece. El genocidio que acabó con la vida en 1915 de más de un millón y medio de armenios, perpetrado por Turquía, es algo que Robert Guédiguian (Marsella, 1953), el cineasta francés, el luchador empedernido contra las injusticias, guardaba en su corazón. Sólo faltaba la chispa, la llave para contarlo al mundo.

Y esta llegó de la mano de un periodista español, José Antonio Gurriarán, quien en diciembre de 1980, cuando era subdirector del diario Pueblo, fue una de las víctimas de un atentado que un grupo terrorismo armenio perpetró en Madrid. Gurriarán se había metido en una cabina telefónica para llamar a su periódico tras una explosión. En ese momento, una segunda bomba le sorprendió en la cabina y sufrió graves heridas. Guédiguian conoció a Gurriarán hace cinco años cuando el periodista presentó en Marsella su libro La bomba, en un festival dedicado a Armenia.

“Buscaba desde hacía mucho tiempo la manera de hacer un filme sobre el genocidio y sus consecuencias. En cuanto leí el libro, me di cuenta de que lo que contaba José Antonio era clave para poder hacer el filme. Me ha dado también la oportunidad de hablar de todos los demás genocidios, de los conflictos y luchas armadas que asuelan este mundo”, explica orgulloso Guédiguian, quien presentó en la sección oficial de la Seminci (la Semana Internacional de Cine) de Valladolid Una historia de locos, además de un documental como productor, Une bombe de trop, en el que se adentra en la historia del periodista, hoy en silla de ruedas y algo debilitado, pero que se mantiene fuerte en sus convicciones. Más allá de que el pueblo armenio haya unido sus destinos, cineasta y periodista se profesan una admiración mutua. “Está usted ante un hombre ejemplar”, dice Guédiguian sobre el informador, de 76 años.

Crítica a la injusticia

Los dos se consideran hombres de paz, pero no pacíficos, dos luchadores contra la intolerancia. “El filme no es tanto un canto al pacifismo, sino una denuncia de las sevicias de un país, de la crueldad extrema de un país como Turquía que se niega a reconocer la matanza que provocó, algo que sí han hecho los alemanes con el genocidio nazi”, asegura Gurriarán. El realizador asiente y añade: “El filme es una crítica a todas las formas de injusticia que provocan la violencia. Es también una manera de luchar contra el olvido de un pueblo y hacer justicia a mis abuelos y bisabuelos".

Una historia de locos, protagonizada por Simon Abkarian, Ariane Ascaride y Grégoire Leprince-Ringuet, entre otros, narra la historia de un joven afectado por una bomba que un armenio hace explotar al paso del coche del embajador turco en Francia y cómo ese joven va en busca del terrorista que ha destrozado su vida. Gurriarán, muy emocionado tras ver el filme, asegura que el atentado le cambió como persona y le hizo ser más comprensivo. “Al principio, pensé que iba a afectar a mi trabajo y mis progresos como periodista, pero me abrió enormes posibilidades como fue la de conocer a un pueblo como el armenio”. Comenzó a estudiar e investigar sobre el genocidio, reconocido por muchos países y por el Consejo Europeo, pero no por Turquía ni por España. “Lo que me pareció más interesante de la historia de José Antonio es que es una víctima inocente e ignorante del conflicto armenio. No sabía nada de aquellos que pusieron la bomba”, apostilla Guédiguian, quien cree que la mirada al pasado es inherente al ser humano.