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El turismo es peor para el patrimonio que las guerras

La urbanización descontrolada o el cambio climático ponen en riesgo los monumentos de una forma más lenta pero más constante

Tres meses despues del terremoto en Nepal. la Plaza Taumadhi en el distrito Bhaktapur.

La negra lista de la barbarie está en lamentable y constante aumento: el arco de triunfo de Palmira, el templo de Baal -también en la ciudad Siria-, los iraquís museo de Mosul y esfinges de Nínive... Ejemplos recientes de la sinrazón de los ataques contra el Patrimonio Humanidad. La directora general de la Unesco, Irina Bokova, ha calificado como “intolerable” la destrucción de Palmira: “Cada uno de los ataques recientes nos insta a compartir todavía más el patrimonio de la humanidad, en los museos, las escuelas, la prensa, el hogar…”.

Sin embargo, las guerras no son el único, ni el principal factor que pone en peligro estos y otros lugares con excepcional valor histórico, artístico, arqueológico o arquitectónico. De los 802 sitios que forman la lista de patrimonio cultural de la humanidad, actualmente hay 30 que están en peligro. Antes de incluir a cualquier monumento o ciudad en este listado la Unesco realiza exhaustivos análisis sobre el estado de conservación. El documento que recoge las valoraciones de estos informes desde 1979 a 2013 concluye que los factores que más perjudican a los sitios patrimoniales son la mala gestión institucional: el desarrollo urbano descontrolado, las intervenciones y el uso inadecuado –como la sobreexplotación turística, este impacto ha pasado de un 8% de lugares afectados en 1985 a un 75% en 2013–, y otras intervenciones de la mano del hombre entre las que se encuentran, por ejemplo, los ritos religiosos, el vandalismo y los conflictos bélicos aunque estadísticamente en un porcentaje “insignificante”. Hasta 2013, los lugares destruidos por un ataque deliberado contra ellos habían sido 44. En la memoria colectiva se encuentra el hueco que los talibanes dejaron tras la destrucción de los colosales budas de Bamiyán (2001).

Hay cantidad de ejemplos de que el hombre continúa siendo un lobo para el hombre, para su historia y sus raíces. En la actualidad, la mayoría se encuentran en África y en Oriente Próximo, pero no solo ahí. Los edificios del puerto de Liverpool (Reino Unido), lugar desde donde partiría el submarino protagonista de la canción de los Beatles (aunque no oficialmente, el patrimonio inmaterial más importante de la ciudad inglesa) son patrimonio de la humanidad desde 2004. Fue uno de los centros más importantes de comercio marítimo en los siglos XVIII y XIX. En 2012 pasó a considerarse patrimonio en peligro por un proyecto en los muelles históricos que ampliará el centro de la ciudad, alterará el skyline, fragmentará y aislará –al menos de manera visual– las diferentes zonas del puerto. Ese mismo año también se deliberó sobre la torre Pelli en Sevilla. Un asunto que ha estado sobre la mesa en distintas ocasiones ya que se consideraba que el impacto visual de los 178 metros del edificio construido junto a la isla de la Cartuja afectaría a la catedral, los Reales Alcázares y el Archivo de Indias, el triángulo sevillano patrimonio de la humanidad. Finalmente se concluyó que “se evitarían desarrollos similares en el futuro de la ciudad hispalense”.

Turistas visitan el Machu Picchu. AP

La condición de sitio protegido por la Unesco no impide todas las intervenciones, las estudia y si no perjudican perennemente al lugar se pueden permitir. Aunque no siempre estas actuaciones llegan a ser valoradas por el ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Históricos). Así, el pasado marzo la movilización ciudadana hizo que los organizadores del World Padel Tour retiraran la solicitud de realizar la competición en el anfiteatro romano de Mérida. Nada más saltar a la palestra la intención de realizar un torneo de padel en el edificio emeritense de 2.000 años de antigüedad, los grupos municipales de la oposición dieron la voz de alarma y distintas plataformas ciudadanas pidieron que no se llevara a cabo. Esto hizo que los organizadores echaran atrás su intención de celebrar allí el campeonato, incluso antes de que el comité de valoración diera su veredicto. La Unesco reconoce que si las intervenciones causan el menor impacto en los sitios y, sobre todo, si son reversibles se pueden utilizar. No son lugares vetados, son lugares protegidos y lo ideal es conciliar su desarrollo humano y económico con su conservación. Esto se debería tener en cuenta en sitios como el macizo de Machu Picchu (Perú), patrimonio de la humanidad desde 1983, en el que la sobreexplotación turística puede llegar a ponerlo en peligro. “Tiene exceso de visitantes en comparación con lo que puede absorber. Hay riesgo de deslizamientos de terreno”, explica Lucía Iglesias, miembro de sector de Relaciones Exteriores e Información Pública de la Unesco. “Hay que buscar vías de equilibrio para que esto no ocurra”. Como limitar las actividades que pueden realizar los visitantes, en las isla de Capri (Italia) están prohibidos los autobuses no residentes.

En el templo de Abu Simbel (Egipto), las autoridades decidieron modificar el entorno para soportar el impacto de las hordas de turistas que atascaban las carreteras de acceso y cuya respiración dentro del santuario -de más de 3.000 años- aumentaba la humedad y la concentración de dióxido de carbono facilitaba la formación de depósitos salinos en los muros. Para resolver los problemas de tráfico, se instauró la circulación en una sola dirección y para reducir la humedad y temperatura en la cámara funeraria se instaló un sistema de ventilación, creando así un oxímoron fruto de las necesidades actuales. Sergio Sánchez del Moral, investigador del CSIC y jefe del departamento de Geología del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, explica que en el patrimonio que se encuentra en medios subterráneos el impacto de las visitas es mucho mayor ya que sin ellas, en condiciones naturales, son ambientes muy estables.

Turistas dentro del templo de Abu Simbel. REUTERS

Potosí, la ciudad boliviana cuyo nombre es sinónimo de riqueza extraordinaria, está hoy lejos del estado que le dio ese significado. En el siglo XVI era un gran complejo industrial, el suministrador de plata del imperio español, materia prima del “dólar de la época”, los ocho reales –modelo del dólar estadounidense actual–. Iglesias compara las instalaciones, que siguen siendo explotadas hasta la extenuación, con un queso gruyère, lo que pone en peligro tanto el lugar como los que lo trabajan por riesgo de derrumbe. Esta sobreexplotación llevó a Potosí a entrar en la lista de patrimonio en peligro en 2014 debido a su actividad minera incontrolada y la insta a buscar otras maneras de desarrollo económico.

Contra las catástrofes naturales es más difícil combatir y son otros de los motivos por los que un lugar puede entrar en la lista de patrimonio en peligro. La ciudad de Bam (Irán) sufrió un terremoto en diciembre de 2003 que dejó en nada sus construcciones de adobe. Seis meses más tarde, entró, a la vez, en la lista de patrimonio mundial y en la lista de patrimonio en peligro. Así, un grupo de expertos evaluó los daños y se pusieran manos a la obra en la reconstrucción de la ciudadela, una de las muestras más perfectas y mejor conservadas de la arquitectura en adobe del mundo. Como la peruana Chan Chan, una ciudad precolombina de adobe -anterior al imperio Inca-, que por la fragilidad del material, la dificultad de su estabilización por las condiciones climáticas extremas -la zona ha sufrido un aumento de lluvias por el fenómeno el Niño- y se ha elevado el nivel de aguas subterráneas, unidas a los insuficientes recursos destinados a su conservación se ve abocada a permanecer en la lista de riesgo. En los últimos años el cambio climático no solo está afectando al patrimonio natural, también al cultural. La desertificación, las inundaciones, los cambios de humedad y de temperatura, así como los cambios de flora y de faunia afectan a los materiales de construcción.

El caso contrario al seísmo de Bam es el ocurrido tras el terremoto en Nepal el pasado 25 de abril. El patrimonio de Katmandú quedó reducido a escombros, pero el Gobierno nepalí no quiso que se les incluyera en el listado de patrimonio en peligro. Fueron técnicos a valorar los daños, pero no están incluidos. Hay países que asocian este listado con un castigo y “el espíritu de la convención no es tal”, insiste Iglesias. La lista en peligro no es una sanción, es una oportunidad, sirve, entre otras cosas, para movilizar efectivos y fondos, no solamente económicos y no solamente de la Unesco. No es una lista negra, es una lista ámbar que indica “¡ojo!, precaución”.

El puente que desunió

El único lugar que ha salido de la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad ha sido el Valle del Elba en Dresde (Alemania), 18 kilómetros de palacios, praderas, pueblos, el centro de la ciudad con monumentos de los siglos XVI a XX. Fue incluido en la lista de Patrimonio mundial en 2004 pero el Ayuntamiento de la ciudad sajona tenía planeado levantar un puente que uniera las dos orillas del río, una autopista que repercutiría en la integridad del paisaje. En 2005 se convocó un referéndum para que los ciudadanos decidieran y la mayoría votó a favor de la construcción. Aun así, se detuvo por la intervención de la Unesco. En 2006 este sitio entró en la lista de Patrimonio en peligro para perder definitivamente en 2009 la distinción de Patrimonio de la Humanidad y ganar una vía que aligeraba el congestionado tráfico de la ciudad.

Es la segunda vez que esto ocurría, la primera fue en Omán, cuando el Estado decidió reducir el 90% del espacio del Santuario de Oryx árabe, una zona con un ecosistema único, lo que le hizo salir del listado de Patrimonio Natural de la Humanidad.