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No apagues la luz, ni se te ocurra

No apagues la luz, ni se te ocurra

Decía Bernard Minier (Béziers, 1960) en un artículo en este mismo blog que si algo caracteriza al estado actual del género negro en Francia es “la cantidad y la diversidad de talentos (unos confirmados, otros aún imperfectos, balbucientes, pero prometedores) y su constante renovación". Minier es el mejor ejemplo del poder de un panorama vivo e híbrido, donde las fronteras del género desaparecen. Ahora vuelve con No apagues la luz (Black Salamandra, traducción de Dolors Gallart), su tercera novela y una demostración del control que el autor de Bajo el hielo tiene del thriller.

Con un punto de partida escalofriante, una pesadilla que tienes la impresión de que puede pasarle a ti y que rezas para que no sea así, escenas angustiosas, ritmo y un profundo análisis del interior de los personajes, Minier nos lleva por un camino estrecho y a veces claustrofóbico. La inteligente y triste mirada de Martin Servaz, su peculiar comandante de policía, hundido, acabado y sin ganas de vivir, es el punto de vista perfecto para este thriller con los acosos, las mentiras, el maltrato, la violencia y la desesperación como grandes temas.

Y como aperitivo, el primer capítulo en exclusiva en EL PAÍS.

Fíjense cuánta maldad puede haber en este inicio. La brillante, guapa y ambiciosa locutora de radio Christine Steinmeyer recibe una carta de una suicida que le pide ayuda. Con las prisas y el lío propio de las fiestas de Navidad, pasa de lo que cree que es una broma. Poco después, recibe una llamada en directo en el que alguien le acusa de haber sido una egoísta y haber dejado morir a otra persona. ¿Una broma pesada? No, el inicio de una cuesta abajo que acaba con todo lo que alguna vez Christine dio por seguro.

Por su parte, Martin Servaz está en una residencia de retiro para policías, lejos de sus seres queridos, de sus compañeros, de un trabajo que es su vida. Servaz llegó allí después de que su némesis Julian Hirtmann le enviara el corazón de su amada en una cajita. Roto y desquiciado, el policía sólo sale del pozo cuando recibe una carta con una llave de hotel en el que hace un año una artista se quitó la vida a lo bestia.

Cómo se juntan estas dos tramas, cómo Minier juega con lo dicho y lo oculto, las verdades y las mentiras, los valores y relaciones que dábamos por seguros y que desaparecen de un día para otro es algo que dejo para disfrute del lector.

Podemos resaltar otras virtudes de un libro que se lee solo."¿Quién es el imbécil que dijo que la primera impresión es la que vale?" La frase es de Martin Servaz, 40 años, divorciado, uno de los mejores personajes de los últimos tiempos. Culto, malhumorado, amante de Mahler por encima de todas las cosas, resuelve algunas conversaciones con una cita en latín. Lo que podría parecer pedante, se convierte en este escritor frustrado en una elección entrañable. Minier nos enseña a través de Servaz que nada es lo que parece, que la visión que tenemos de la policía está llena de tópicos. A través de sus reflexiones sencillas pero a la vez brillantes, vemos a un Servaz que odia la injusticia, la mediocridad, los deportes televisados, la tecnología, la velocidad y la acción. Esto se lo deja a Irène Ziegler, una de sus compañeras, amante del riesgo y las armas.

Julian Hirtmann, ex fiscal convertido en asesino en serie, ser brutal, inteligente y abrumador es el contrapunto perfecto a nuestro protagonista, del que no se aleja tanto. Su obsesión por Servaz, ya desarrollada en El Círculo y En bajo el hielo (ambas editadas por Roca) es una sombra que sobrevuela la trama a lo largo de todo el libro. El propio Minier lo describía así en Elemental: “Hirtmann no es un monstruo, no está desconectado de la realidad. Tiene muchos puntos en común con Servaz. Él mismo lo dice: no hay una membrana que separe el mal y el bien. El mal circula por todas partes y lo que me interesa es que el mal, los asesinatos, son creación y resultado de la sociedad tal como es, de su fascinación por la violencia”.

Mi manía por no contar prácticamente nada de las tramas de los thrillers me deja sin munición. Sólo les diré que si van a leer un thriller este año que sea este. Que se dejen atrapar por el ritmo de las novelas de Minier, por su mala uva, por su capacidad para describir la angustia, por su calidad. Y, por supuesto, no apaguen la luz, bajo ningún concepto. Hoy, y nunca mejor dicho, Vive le noir!!