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Muse, la especie invasora o lo que sobrevivió del punk

Al trío nada le parece tan loco como para ser descartado. Pero su propuesta, como el álbum 'Drones', es irrepetible

De izquierda a derecha,Dominic Howard, Matt Bellamy y Christopher Wolstenholme, los miembros de Muse.
De izquierda a derecha,Dominic Howard, Matt Bellamy y Christopher Wolstenholme, los miembros de Muse.

Hará unos tres años saltó la noticia de que un cangrejo de origen norteamericano se había instalado en el delta del Ebro. La especie había llegado hasta allí de forma accidental. Se descartaba que el animalillo hubiese cruzado el Atlántico a nado. Estaba claro que había sido el hombre quien había, de manera fortuita, introducido en la zona una especie invasiva y voraz que amenazaba el ecosistema y que podía dañar seriamente la producción de mejillones y ostrón. “Es un gran resistente, puede sobrevivir a salinidades y temperaturas muy diversas”, advertía entonces un biólogo local.

Hará unos 40 años se inventó una cosa llamada punk rock. Desde las alcantarillas de Nueva York cruzó al Atlántico a puñetazos y llegó a Londres para instalarse allí y tratar de terminar con las especies musicales entonces preponderantes, sobre todo, con el rock sinfónico.

Muse no sabemos si es una especie invasora o una raza que sobrevivió al diluvio del punk e incluso al apocalipsis de Internet

Como el cangrejo norteamericano, no logró su cometido. Hoy comemos mejillones de Sant Carles de la Rápita y existe Muse, esa banda erigida basándose en todas esas ideas que Queen o Genesis debieron tener en los ensayos pero que descartaron por ridículas. A este trío británico nada le parece suficientemente loco como para ser descartado. Igual no son irresistibles en su postulado musical, que sigue siendo una ensalada en la que alguien olvidó meter lechuga, pero, sin duda, son irrepetibles. Lo que hacen ellos en directo solo lo pueden hacer hoy los grandes del pop. Su espectáculo es igual de bombástico que el de Lady Gaga. Pero con más ropa.

Nadie sino Muse podría concebir un disco como este Drones, su séptima referencia. En él crean una suerte de ópera rock alrededor de la clonación, la inteligencia artificial y demás orwellianas metáforas aplicadas a la realidad tecnológica del siglo XXI. Aunque, al final, en la mitad de los temas parece que de lo que realmente están hablando es de la separación de su líder, Matt Bellamy, de la que fuera su esposa, la actriz Kate Hudson. Se les ve tratando de contener sus afanes de dominación interplanetaria para presentar algunos de los temas más contenidos desde su irrupción en el panorama musical hace más de una década, cuando tenían las ideas, pero les faltaba el presupuesto. Al final, claro, sucumben a su realidad y se abandonan no a uno, sino a dos temas (‘The Globalist’ y ‘Drones’) que funcionarían como catártico epílogo.

“Una especie invasora no tiene por qué tener efectos negativos”, comentaba el biólogo para explicar que la llegada del cangrejo no tenía por qué provocar el pánico. Muse no sabemos si es una especie invasora o una raza que sobrevivió al diluvio del punk e incluso al apocalipsis de Internet que redujo el concepto megaestrella al de diva con Instagram, pero lo cierto es que, para la salud del ecosistema musical, se necesitan bandas como estas, que comen de todo.