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El realismo sucio de Latinoamérica

Las novedades de Arturo Ripstein y Lorenzo Vigas protagonizan la jornada en la Mostra

El director mexicano recibe esta noche un premio especial por sus 50 años de carrera

El director venezolano Lorenzo Vigas (en el centro) junto a los actores Alfredo Castro (izquierda) y Luis Silva (derecha) en el Festival de Venecia. EFE

El realismo sucio llegado de Latinoamérica se ha convertido en protagonista de la jornada en la Mostra de Venecia, con la proyección de la nueva película del veterano cineasta mexicano Arturo Ripstein, La calle de la amargura, y el estreno en la sección competitiva del venezolano Lorenzo Vigas, que ha presentado, Desde allá, su debut en el largometraje.

En La calle de la amargura, presentada fuera de competición, Ripstein regresa a esos bajos fondos mexicanos que tan bien ha retratado en su larga trayectoria con un relato inspirado en la crónica negra: el caso real de dos profesionales de la lucha libre que fueron encontrados en un barrio de la ciudad de México. Ripstein añade otros personajes, como dos prostitutas de buen corazón, un marido homosexual en el armario y una astuta farmacéutica que dará con la llave del crimen, que el director firma con ojo tierno y a la vez cruel, a través de una cámara flotante que se acerca y se aleja de ellos, como si dudara entre la empatía y la condena.

El cineasta mexicano también recibe esta noche un premio especial de la Mostra para celebrar sus 50 años de carrera. A la hora de hacer balance, Ripstein ha dicho que nunca se ha sentido feliz detrás de la cámara. "Feliz es el único término que no es posible para definir mi trabajo. Uno se pone detrás de la cámara por desdichado, triste, vengativo y miedoso. Yo filmo por rencor, pero ser así de mala persona me hace muy feliz", ha bromeado en rueda de prensa.

Feliz es el único término que no es posible para definir mi trabajo

Arturo Ripstein, cineasta

Con su última película, Ripstein ha cumplido un sueño largamente acariciado: rodar en blanco y negro. "Al ser hijo de productor, mi vida entera transcurrió en estudios de cine. Por aquel entonces, hace 65 años, no había color. Empecé a conocer el rostro de México en blanco y negro. De las muchas películas que he hecho, casi todas estaban pensadas en blanco y negro. Si no las hice fue porque no me dejaban", ha aclarado en rueda de prensa. "Picasso dijo una vez que el color debilita. Estoy de acuerdo. De hecho, la vida es en blanco y negro".

No debe de ser casualidad que La calle de la amargura beba del neorrealismo italiano y del expresionismo alemán, pero también de la tradición de la picaresca y el tremendismo español. "Me siento mexicanísima, pero mi verdadera patria es la lengua española. Esa tradición la llevamos inconscientemente en la sangre todos los que hablamos con la eñe", ha añadido la guionista Paz Alicia Garciadiego, pareja del director, con quien forma un sólido tándem creativo desde hace décadas.

Ambos se han referido al nuevo canon que parece invadir el cine latinoamericano desde hace unos años, representado también por Lorenzo Vigas con Desde allá, que se proyecta hoy en competición por el León de Oro. Desde hace más de una década, una nueva ola de directores mexicanos, argentinos, chilenos y brasileños, asiduos en los principales festivales de cine europeos, se esfuerzan en describir la realidad cotidiana de sus respectivos países con un tono más cercano al realismo sucio que al realismo mágico.

"América Latina está teniendo una mirada importante respecto al futuro de la cinematografía. Por fin se nos empieza a escuchar y, sobre todo, a ver", ha declarado Ripstein, pese a creer que la propia noción de Latinoamérica es "puramente geopolítica" y niega las particularidades locales. En cambio, para Garciadiego todos los cines latinoamericanos tienen algo en común. "No creamos que somos tan distintos. Somos iguales. Haber sido colonia y habernos forjado creyendo que el parámetro estaba de este lado del Atlántico ha hecho que nos menospreciamos a nosotros mismos", ha dicho la guionista.

En esa nueva ola caben nombres como el de Lorenzo Vigas, moderadamente aplaudido en las proyecciones de Desde allá, un debut en el que pone en escena la extraña relación que surge entre Armando, un homosexual incapaz de amar, que ofrece dinero a jóvenes caraqueños a cambio de que le sigan a casa y se desnuden para él, y Elder, un delincuente de poca monta que ve en ese hombre maduro y taciturno al padre que nunca tuvo. Crecerá entre ellos un vínculo de dependencia tirando a malsano, fundamentado primero en el dinero y después en la carencia afectiva. La película admite lecturas freudianas, pero también funciona como retrato de las profundas diferencias de clase que sacuden Venezuela.

En el equipo de Desde allá figuran nombres llegados de toda Latinoamérica: el mexicano Guillermo Arriaga (quien firmó Amores perros o Babel antes de su enfado con Alejandro González Iñárritu) colaboró en el guion, mientras que el joven cineasta mexicano Michel Franco coproduce la cinta, que ha montado la brasileña Isabela Monteiro de Castro y que protagoniza el actor chileno Alfredo Castro, intérprete fetiche de Pablo Larraín.

"Hay algo común en el aire. Compartimos muchos problemas, pero por otro lado existe una gran desconexión entre nuestros países. En Venezuela no se ve cine colombiano, pese a estar a poca distancia, ni tampoco mexicano o chileno. Esta película es un pequeño esfuerzo que demuestra que eso puede ocurrir, siempre que haya apoyo de una base social y política", ha dicho Vigas desde la Mostra. Para Castro, los parecidos entre los integrantes de esta nueva ola son mayores que las diferencias. "Existe un punto de vista que todos comparten, una mirada política, crítica y desafiante. Por ejemplo, Desde allá sobrepasa la homosexualidad como tema principal. No se centra en lo romántico y prefiere inspeccionar profundamente lo social. La película habla de supervivencia cotidiana, de cómo nuestros jóvenes, e incluso nosotros mismos, tenemos que sobrevivir, más que vivir", ha concluido el actor.