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Wagner Moura: “Narcos’ también habla de mí como latinoamericano”

Vivir en la piel Pablo Escobar, el mayor narcotraficante de la historia, transformó el actor

Para el papel, Moura hizo una inmersión en español y en la cultura de Latinoamérica

Wagner Mora como Pablo Escobar, en 'Narcos'.

A Wagner Moura (Tropa de Élite, Playa del Futuro) le está costando más trabajo perder los 20 kilos que engordó para interpretar a Pablo Escobar que afrontar las críticas sobre su acento en la piel del mayor narcotraficante de la historia. El actor brasileño les da vida a las ambigüedades de este personaje sanguinario (que, aun así, muchos adoran en Medellín, donde construyó su cartel) en Narcos, serie exclusiva de Netflix, que se estrenó el 28 de agosto, con la producción ejecutiva de otro brasileño, el cineasta José Padilha (Autobús 174, Tropa de Élite).

Muy elogiado por su actuación, pero criticado por su español, que tuvo que aprender desde cero antes de afrontar el papel, en cinco meses de inmersión en una universidad colombiana, el actor dice que aceptó el reto con cierto recelo, pero hoy considera que ha hecho un buen trabajo. “Estoy muy orgulloso de lo que hice”, concluye.

Para la segunda temporada, que Netflix no ha confirmado oficialmente, pero cuya producción ya ha sido anunciada por la prensa colombiana (y que el actor no niega), Moura lleva consigo una visión transformada de Colombia y de América Latina. Y espera que los brasileños hagan lo mismo: “Por primera vez, me sentí latino. Narcos muestra cómo formamos parte de un mismo espacio y tenemos muchas cosas en común”, cuenta en una entrevista exclusiva a EL PAÍS.

La charla fue en portugués, pero si la periodista quisiera, bastaría con pulsar el botón de cambiar la lengua: “La próxima entrevista tiene que ser en español, ¿listo? Gracias, un fuerte abrazo y que estés bien”, clava el actor, en el más perfecto español de Colombia.

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Un fotograma de 'Narcos'

Pregunta. Sabemos que Pablo Escobar fue odiado por la mayoría de los colombianos, pero también amado por muchos otros. ¿Tuvo usted que investigar a fondo para encarnar las emociones de este personaje tan ambiguo?

Respuesta. Sin duda, es un tipo complejo. Incluso en aquella época, en los años setenta, ochenta, hasta su muerte, en 1993, fue un narcotraficante totalmente diferente de los demás. Y para nada parecido con el Chapo Guzmán de hoy en día. Pablo no se contentaba con ser un millonario. Tenía un ego gigantesco. Quería transponer una barrera social, ser amado, y además, tenía deseos megalómanos. Quería ser presidente de Colombia y casi lo consiguió. Su mentalidad era la de un Robin Hood, tanto que en las zonas pobres de Medellín se le ve hasta hoy como a un salvador. Este tipo de complejidad es buena para interpretar cualquier personaje. Él fue un padre amoroso, tenía una relación fuerte con su esposa, a pesar de haber tenido muchas amantes, y, mirándolo por el otro lado, era un asesino frío. Pero, por supuesto, esta es una interpretación mía de aquel que fue probablemente el más famoso delincuente del siglo XX. Es el Pablo Escobar que hice.

P. Él estaba a favor de la legalización de las drogas, ya en aquella época. ¿Qué piensas sobre este tema?

Quien nació en el planeta Tierra y tiene madre es un ser humano. ‘Todo el mundo fue bebé’, dice la canción

R. Este es un tema superactual y él ya pensaba así. Le concedió una entrevista, creo que a la radio RCN en los años 80, que solo se divulgó recientemente. En ella habla de legalizar las drogas. Que la tendencia natural era esa, que los narcotraficantes se convertirían en empresarios que pagarían impuestos al Estado. Pablo quería ser reconocido como un empresario, con el apoyo del pueblo y de la élite.

P. ¿Sentiste que podrías cruzar alguna frontera ética al humanizar a semejante antihéroe?

R. El límite ético existió para mí de otra forma, porque humanizar es exactamente el trabajo del actor. Quien nació en el planeta Tierra y tiene madre es un ser humano. ‘Todo el mundo fue bebé’, como dice la canción de Arnaldo Antunes, así que tiene vínculos humanos. No es el psicópata clásico, que no es capaz de subjetividades. Ese no sé si sabría interpretarlo, porque es frío, genera poca empatía. Cuando hice el Capitán Nascimento, en Tropa de Élite, surgió esa discusión también. Pero las personas son así, una mezcla de cosas. La preocupación ética que yo tenía con Pablo era contar esta historia de forma bien documentada, correcta, para honrar a Colombia y a las víctimas de este conflicto, que en primer lugar es colombiano. Creo que Narcos logra esto. Los héroes de la serie son los colombianos: los que lucharon y aquellos a los que mataron o que sufrieron los asesinatos de sus familiares a manos de jefes del narcotráfico.

P. Narcos inspiró algunas reacciones negativas, especialmente de colombianos, porque un brasileño interpreta a Pablo Escobar. Y también criticaron tu acento. ¿Eso te molesta?

Los héroes de la serie son los colombianos, los que lucharon y aquellos a los que mataron o sufrieron los asesinatos de sus familiares a manos de jefes del narcotráfico

R. La verdad es que nadie me había dicho eso. Claro que, solo por ser brasileño, sé que a muchos les molestó que yo hiciese a Pablo. Pero estoy muy orgulloso de lo que hice. Me entregué mucho a este papel y creo que conseguí hablar bien el español. Lo hice lo mejor que pude tanto en lo artístico como en lo ético. Así que estoy tranquilo. En una entrevista anterior a esta, que fue en inglés, la periodista me preguntó cómo me sentía “con todo el mundo diciendo que mi actuación fue excelente”. Yo ni lo sabía, también creo que me protegen de los comentarios [risas]. No me relaciono mucho con eso, entonces esos dos polos me afectan muy poco.

P. Pero debe de haber sido un gran reto actuar, porque, además de hablar español, había que imprimirle las palabras y el acento característicos de Medellín, que son una capa adicional de la lengua.

R. Sí. Llegó un momento en el que me relajé, pero fue muy difícil al principio. Parte de tu cabeza quiere que el español sea perfecto. Y la otra parte está allá, en la dramaturgia, la escena, interactuando con los otros actores.

P. La mayoría de los brasileños solo conoce Colombia a través de la prensa. Ahora que conoció la realidad de los tiempos de Escobar y los de hoy, ¿qué opina sobre ese país?

R. Colombia es un país muy complejo políticamente. Están los paramilitares, la guerrilla, y toda esa violencia es muy anterior al narcotráfico. Viene de la lucha entre los partidos liberal y conservador, allá en los años 40 y 50. Me parece impresionante, después de haber vivido todo lo que vivió, que el país se haya reconstruido en un tiempo tan corto. Siento el mismo riesgo al caminar por Bogotá que en cualquier otra gran ciudad, como São Paulo. Me quedé especialmente impresionado con Medellín, que hoy en día tiene muchas iniciativas ciudadanas, de transporte público, bibliotecas, etc., que son muy buenas, porque realmente interfieren en la vida de la gente y la cambian para mejor. Son fuentes de inspiración para nosotros, aquí en Brasil. Tengo que decir que nunca me sentí extranjero en Colombia. En Buenos Aires, que me encanta, por ejemplo, no llegas a sentirte tanto parte del lugar. Los colombianos tienen algo muy cercano a nosotros los brasileños, y nunca sentí, en Narcos, que estaba contando una historia que me fuese ajena. Es mi historia también, como latinoamericano.

Parte de tu cabeza quiere que el español sea perfecto. Y la otra parte está allá, en la dramaturgia, la escena, interactuando con los otros actores

P. ¿Esperas que tu actuación en la serie despierte ese mismo sentimiento y una curiosidad acerca de la historia y la cultura de América Latina?

R. Mi interés sin duda ha aumentado gracias a la serie. Por primera vez, me sentí de hecho latino. Si vas a Estados Unidos, pasas por el control de inmigración y te maltratan. Solo entonces piensas: “Soy latino”. Narcos muestra que formamos parte de un mismo espacio y que tenemos muchas cosas en común.

P. ¿Hay algún otro personaje de la historia latinoamericana que le gustaría interpretar?

R. Sí. El año que viene voy a dirigir una película, la primera como director, sobre el bahiano Carlos Marighella, probablemente el guerrillero latinoamericano más famoso después del Che Guevara. Además del narcotráfico, las dictaduras de la región —también promovidas por Estados Unidos— son un sello distintivo de la historia reciente de América Latina.

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