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Amargo retrato de la vida en pareja

El argentino Daniel Veronese inaugura la temporada de los Teatros del Canal de Madrid con 'Bajo terapia', una comedia plagada de verdades, mentiras y sorpresas

De izquierda a derecha, Fele Martínez, Juan Carlos Vellido, Gorka Otxoa, Melani Olivares, Carmen Ruiz y Manuela Velasco, en un ensayo rn de la obra.
De izquierda a derecha, Fele Martínez, Juan Carlos Vellido, Gorka Otxoa, Melani Olivares, Carmen Ruiz y Manuela Velasco, en un ensayo de la obra.

Es un viernes por la noche y ninguno de los que entran en ese saloncillo impersonal y minimalista sabe a lo que viene. Se muestran extrañados de que Antonia, la psicoanalista que comparten en privado por parejas, les haya citado allí. En el salón no hay nadie, nadie les espera, y las tres parejas no saben muy qué hacer. Es la primera vez que se ven. Todo se aclara cuando alguien descubre en una mesa una nota de la psicóloga. “No os habéis equivocado”, leen atónitos. “Es una sesión que vais a dirigir vosotros mismos en una terapia de grupo. Hay ocho sobres que tendréis que ir abriendo numéricamente y haciendo lo que allí leáis”. Menudo marrón, piensan todos, pero el juego es el juego y se animan a ello con más o menos entusiasmo. Bajo terapia es una comedia demoledora sobre la vida en pareja, con un final tan sorprendente, sobrecogedor y amargo, que el público se queda petrificado y sin aliento. Las continuas risas que se oyen en la función en torno a esas situaciones llenas de humor que van confesando en ese encuentro terapéutico las tres parejas se congelan de un plumazo. “Sé que es un baldazo de agua fría”, reconoce el director de la obra, el argentino Daniel Veronese, que inaugura con Bajo terapia, el próximo día 27, la temporada de los Teatros del Canal, en Madrid. Estrenada con éxito y todavía en cartel en Buenos Aires desde principios de año, es la primera obra de Matías del Federico, con la que ganó el concurso Contar 1, un proyecto organizado por empresarios y actores argentinos con el objetivo de descubrir y lanzar a nuevos autores. La versión española, adaptada y revisada por David Serrano, está protagonizada por Gorka Etxea, Manuela Velasco, Fele Martínez, Melani Olivares, Juan Carlos Vellido y Carmen Ruiz.

El final es tan sorprendente, sobrecogedor y amargo, que el público se queda petrificado

Un sofá y un sillón tapizados en cuero rojo, unas cuantas sillas, un perchero y una mesita con café, agua y bebidas, alcohólicas también, es el escenario de este encuentro en el que se dan cita las parejas formadas por Esteban (Gorka Etxea), un ocurrente personal shopper de 38 años, y su novia, Carla (Manuela Velasco), arquitecta de 36; Daniel (Fele Martínez), contable de 40 años, y su mujer, Laura (Melani Olivares), abogada de la misma edad, y Roberto (Juan Carlos Vellido), un comercial adusto de 42 años, casado con Marta (Carmen Ruiz), una callada profesora de 37 años que se encuentra de baja desde hace meses. Y a toque de trompeta, otro de los elementos que han dejado en la sala, y siguiendo las indicaciones de la psicoanalista, las tres parejas van abriendo los sobres uno a uno y, no sin protestas y enfados, se ven obligados a confesar, ahí, en público y delante de desconocidos, las razones que les han llevado a acudir a la consulta de un terapeuta. Y sobre a sobre, hasta ocho, van saliendo todos los miedos, las amarguras, las verdades y las mentiras en situaciones hilarantes. El sexo, los hijos, los amigos, los celos y los engaños amorosos forman parte de estas confesiones, sacadas muchas de ellas con sacacorchos, pero también con muchas risas. Un absoluto crescendo, plagado de ironías y reproches, que va subiendo de volumen y densidad hasta el final inesperado.

Daniel Veronese en un momento de la obra.
Daniel Veronese en un momento de la obra.

Daniel Veronese (Buenos Aires, 1955), un referente del teatro más independiente y artístico, valedor de dramaturgos de la talla de Chéjov o Ibsen, acomete la comedia más comercial con las mismas seriedad y profundidad que ya son marcas de su trayectoria. “Siempre estoy buscando comedias, me gusta manejar el humor, y en todas las obras que dirijo, incluso en los dramas, intento meter humor, porque me parece que son zonas de inflexión y de respiro, de comunicación con el público”, reconoce Veronese al final de un ensayo vespertino en el que ha ido acompañando a los actores en ese camino de búsqueda del humor a través de las situaciones, en una mezcla de sensación de peligro y sentimiento de alegría. “El teatro y la actuación son una mezcla de pánico y euforia. La clave, para mí, es encontrar situaciones humorísticas. No pido a los actores que actúen como actores cómicos, sino que se enfrenten a esos momentos que se presentan en la vida y que uno no puede hacer nada, simplemente suceden. La solución es pensar que toda situación graciosa exacerbada es dramática. No quiero actores cómicos, sino situaciones cómicas. Me siento cómodo en la comedia, pero no hay tantas comedias que me gusten. Bajo terapia me atrajo tanto que abandoné por un tiempo la promesa que me hice de tomarme un descanso. Tengo una hija de siete años que me reclama, pero me ofrecen muchas cosas y esto parece el cuento de nunca acabar. Llevo tiempo pensando en ponerme límites y recién ahora me voy a tomar dos meses de descanso. ¡Dos meses!”, exclama Veronese, con un punto incrédulo pero feliz. Premio Max Iberoamericano en 2015, el fundador del grupo teatral El Periférico de Objetos, un constante experimentador y creador de montajes en el mundo entero, Veronese llevaba tres años sin presentar obra en España (la última fue en 2012 en el Matadero con Los hijos se han dormido, una versión de La Gaviota de Chéjov). Esta vez lo hace con una propuesta comercial —no es la primera vez: llevó, por ejemplo, a Buenos Aires, en 2014, El crédito, de Jordi Galcerán, de la que no reniega en absoluto—. “El teatro comercial tiene la clara vocación de búsqueda del público, tendiendo al consenso con inteligencia, alejándome de la vulgaridad y la obviedad. Al teatro comercial hay que darle una salida para que la gente sienta que está viendo algo sorprendente, pero que, a la vez, comunique, que lo entienda, que se divierta. Son tantos elementos los que hay que unir, que le aseguro que no es un género fácil”. En Bajo terapia, es verdad, reconoce su director, que la gente sale tocada por el final, pero también se siente identificada con las tres parejas en muchos momentos de la obra, en esos desnudos emocionales que el que ha vivido una relación amorosa sabe de lo que se está hablando.

Veronese: “La gente va a buscar respuestas al teatro que no puede encontrar en otro lado. Respuestas emotivas”

Dice que va a parar, pero, de momento, tiene otras dos obras estrenadas en el circuito independiente en Buenos Aires. Desprende una energía que, confiesa, le nace de la libertad en el trabajo. Como actor —su carrera comenzó como intérprete y mimo— ha participado en la última película de su compatriota Lucrecia Martel, Zama, producida por los hermanos Almodóvar y basada en la obra de Antonio Di Benedetto. “El cuerpo me pasa factura. Me gusta tanto el teatro que me cuesta decir que no”. Porque es en el teatro donde este hombre de mirada inteligente y directa encuentra la verdad poética de la vida, y más en época de crisis económica y moral. ¿Especialmente la comedia? “Lo he comprobado en Argentina. La gente va a buscar respuestas al teatro que no puede encontrar en otro lado. Respuestas emotivas. Desde ese punto de vista, la comedia puede colocar al público en una situación más optimista frente a la vida. En general, me parece que el arte, en época de crisis, siempre es más sabroso, es menos inocente, tiene un carácter de necesariedad obligatoria, y el público siente eso y es convocado con más sensibilidad. Recuerdo la época del corralito en Argentina, en 2001, como un drama total, porque, de repente, tu plata ya no era tu plata, y los bancos que antes te daban créditos y garantías, te trataban bien, te cerraban la puerta en las narices. A mí me pasó con mi banco. Pues en esa época en la que solo podías sacar 100 pesos semanales, los teatros de Buenos Aires se llenaron de gente que pagaba 10 pesos por la entrada. ¿Por qué? Porque iban en busca de la verdad poética, que no tiene nada que ver con lo que dan en los noticiarios o lo que cuentan los políticos, es algo emocional. Esa verdad poética permite en el mejor de los casos pensar mejor la vida en general, es como un alimento en época de crisis”.

Bajo terapia. De Matías del Federico. Director: Daniel Veronese. Intérpretes: Gorka Etxea, Manuela Velasco, Fele Martínez, Melani Olivares, Juan Carlos Vellido y Carmen Ruiz. Teatros del Canal, Madrid. Del 27 de agosto al 27 de septiembre.