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DOS TITANES DE LAS LETRAS INGLESAS

Amigos con derecho a injuria

Amis y Larkin se corrigieron y ayudaron mutuamente en una amistad no siempre sencilla

Kingsley Amis, retratado ante su máquina, en 1987.
Kingsley Amis, retratado ante su máquina, en 1987.

“Follador P. A. Larkin, calle Sodomita 49, Chico Excremento (Adjunto Primer O.J.E.T.E.); Remite Metededo, Línea del Monte, Campo Cagarro, La Raja”. La dirección no existe, por supuesto: es uno de esos inventos maliciosos que Kingsley Amis incluía en su correspondencia con Philip Larkin y provocaban en ambos una alegría infantil. Larkin y Amis se habían conocido en el prestigioso St. John’s College de Oxford en abril de 1941. “Cuando se conocieron”, afirmó en una ocasión Martin Amis, el brillante hijo novelista de Kingsley, “los dos tuvieron la impresión de que por fin habían encontrado alguien más brillante que ellos mismos”.

Kingsley había nacido en el sur de Londres en 1922; Larkin, en Coventry ese mismo año. Ambos deseaban convertirse (y lo conseguirían, por supuesto) en escritores importantes, pero, al margen de este propósito, había pocas cosas que tuvieran en común: la educación en Oxford, el interés por la poesía y el jazz, el desprecio a la fatuidad no solo en literatura y el amor por el alcohol, que a Larkin le inspiraría algunos poemas como Estudio de los hábitos de lectura y Compasión en blanco mayor y a Amis todo un libro, Sobrebeber (sic), también publicado recientemente en español.

Notable poeta y crítico de jazz

Poeta, bibliotecario, novelista y crítico de jazz, el británico Philip Larkin nació en 1922 en Coventry y murió en 1985, en Hull.

Esta considerado uno de los poetas ingleses más importantes del siglo XX. En 2008, The Times lo nombró el mejor de la posguerra de Gran Bretaña.

Publicó su primer libro de poemas en 1945, El barco del norte. Con la recopilación Engaño menor (1955) alcanzó notoriedad: Consolidó su prestigio con Las bodas de Pentecostés (1964) y Ventanas altas (1974).

Una chica en invierno fue una de sus novelas más celebradas. También se ganó una reputada fama como crítico de jazz desde sus textos en The Daily Telegraph.

Las diferencias entre ambos, por otra parte, eran evidentes, y se harían más visibles con el tiempo. Amis se casó dos veces y tuvo tres hijos; Larkin nunca se casó, y buena parte de su obra está destinada a denunciar ambas cosas: sus poemas Egoísta es el hombre (“Nadie puede negar, no, / que Arnold es menos egoísta que yo. / Se casó con una mujer para que no se le fuera / y ahora la tiene allí hasta que se muera”), Llévese uno para los niños (“Un juguete vivo es siempre una novedad, / pero al final uno también se cansa”) y su célebre Sea este el verso, que comienza con la frase “Bien que te joden tus padres” y culmina aconsejando “Escapa lo antes que puedas / y no tengas hijos”.

Diferencias sustanciales

Las carreras literarias de los dos también presentan diferencias sustanciales. Amis disfrutó del éxito desde la publicación de su primera novela, la hilarante Lucky Jim (1954), que llevó a la crítica especializada a asociarlo al movimiento literario de moda, el de los radicales Angry Young Men, o Jóvenes enfurecidos. Larkin, a pesar de la aceptación inicial de sus (magníficas) novelas Jill (1946) y Una chica en invierno (1947), se convirtió en un poeta enormemente respetado pero no especialmente exitoso comercialmente, a lo que contribuyó el hecho de que nunca vivió en Londres: mientras, allí, Amis iba de cóctel en cóctel, haciendo y destruyendo reputaciones, Larkin ordenaba libros en alguna biblioteca universitaria en Belfast o Hull. Mientras Amis viajaba por el mundo (un poco a la manera del espía James Bond, que tanto le gustaba y para el que escribió una novela con pseudónimo, Colonel Sun), Larkin seguía en Hull y escribía una poesía de tono menor, deliberadamente provinciana. Al tiempo que Amis ganaba una considerable cantidad de dinero, y presumía de ello, Larkin vivía en una habitación sin lujos. Mientras Amis parecía incansable (siete libros de poemas, veintiséis novelas, tres libros de relatos, once libros de no ficción), Larkin se agotó o creyó agotarse después de haber publicado tan sólo las dos novelas antes mencionadas, una selección de ensayos y cinco libros de poemas, incluyendo los fundamentales Engaños (1955), Las bodas de Pentecostés (1964) y Ventanas altas (1974). De hecho, cuando se le quiso hacer el mayor honor que puede recibir un poeta inglés, el de ocupar el puesto de poeta laureado, lo rechazó afirmando: “El impulso de escribir poemas me abandonó hace siete años, periodo en el cual no he escrito prácticamente nada. Naturalmente es una decepción, pero prefiero no escribir poemas a escribir poemas malos”. Amis, por su parte, no rechazó la Orden del Imperio Británico cuando ésta se le ofreció en 1981.

Philip Larkin, en su mesa de trabajo, en 1965.
Philip Larkin, en su mesa de trabajo, en 1965. AGE

Las amistades entre escritores nunca son fáciles de explicar, no están exentas de rispideces y, por lo general, acaban en desastre. En sus cartas a Mónica Jones (lo más parecido que tuvo a una relación estable), Larkin se queja permanentemente de Amis: de que sus visitas son extenuantes, de que su casa está sucia, de que no reconoce públicamente su aporte a los libros con los que lo ha ayudado, de que es un tacaño, de que bebe mucho (“el sábado fuimos a Dublín, bebimos todo el camino hasta allí, y todo el camino de regreso: todavía me estoy recuperando”, le cuenta en 1951), de que es fatuo. “No es su éxito lo que me molesta más, sino su inmunidad a las preocupaciones y al trabajo duro, aunque su éxito también me molesta”, escribe en 1956, y agrega, en referencia a su holgada situación: “No me sorprende que pueda escribir”.

Novelista de éxito desde ‘Lucky Jim’

Narrador, poeta, crítico literario, guionista y profesor, el británico Kingsley Amis nació en Londres en 1922 y murió en 1995. Su hijo es el también escritor Martin Amis.

Alcanzó la popularidad ya con su primera novela Lucky Jim (La suerte de Jim), Amis se convirtió en uno de los más destacado escritores ingleses de la llamada Angry Young Man (Jóvenes airados) y de la segunda mitad del siglo XX. Su novela Los viejos demonios ganó el Booker Prize en 1986.

En su juventud, Amis abrazó el estalinismo, si bien en 1956 se alejó del comunismo por la invasión de Hungría por parte de la URSS. Su evolución ideológica le llevó a posiciones anticomunistas y conservadoras que él mismo explicó en libros.

Mejorar los libros

A pesar de todo ello, muy pocas amistades entre escritores han tenido la importancia para sus protagonistas como la que tuvieron la de Larkin y Amis: el primero sometía sus poemas a la opinión del segundo antes de darlos a la imprenta, y Amis solía hacer lo mismo con sus libros. En 1953 Larkin le cuenta a Mónica: “Kingsley me ha enviado un montón de mecanografía diciendo que, ya que Reading quiere publicarle un libro de poemas, por qué no se los selecciono, los mejoro, los arreglo y pienso un título”. No es necesario decir que Larkin lo hizo, y que Amis hizo cosas similares por los libros de su amigo bibliotecario.

La publicación simultánea de dos de sus libros en español, Cuentos completos (editado por Impedimenta, con traducción de Raquel Vicedo) de Amis, y Una chica en invierno (Impedimenta, traducción de Amelia Pérez de Villar) es una buena oportunidad para recordar esa amistad y el hecho de que no siempre las relaciones entre escritores son peligrosas. Amis murió en 1995; en los últimos años de su vida había regresado con su primera esposa, con cuyo marido se vio también obligado a convivir. Larkin podría haber escrito un magnífico poema acerca de este matrimonio de tres ancianos, y Amis le hubiese respondido con un exabrupto, pero Larkin había muerto en 1985 y Amis, esta vez, no tenía su dirección ni podía inventársela.