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Carlos Zanón gana el premio Dashiell Hammett 2015

Entrevista con el escritor, que ha conseguido el máximo galardón de la Semana Negra por 'Yo fui Johnny Thunders'

El escritor Carlos Zanón en Gijón.

Carlos Zanón (Barcelona, 1966) es un poeta que siempre ha querido ser músico y que triunfa con su particular aproximación a la novela negra. El premio Dashiell Hammett que ha ganado por unanimidad este viernes en la Semana Negra de Gijón con su novela Yo fui Johnny Thunders (RBA) es la mejor prueba de que el género goza de salud literaria y amplía sus fronteras. “El mestizaje en una sociedad y en una literatura implica vitalidad y el hecho de que no nos hayamos puesto talibanes con lo que es novela negra o no y hayamos abierto las fronteras es una buena noticia”, asegura en una conversación con EL PAÍS minutos después de obtener el premio, con la piel aún algo roja por la emoción y el cariño recibido.

Los personajes de mis novelas sienten esa necesidad de encontrar una épica en la monotonía y la vulgaridad, quieren que les pase algo en sus vidas"

Abogado penalista, además de su obra poética Zanón ha publicado otras dos novelas negras (No llames a casa y Tarde mal y nunca, finalista del Silverio Cañada) en las que ya se veían las señas de identidad de un novelista que encabeza la ola renovadora de la novela negra mediterránea. A saber: crítica social alejada del panfleto, costumbrismo, personajes cercanos y maltratados por la vida y un gusto por historias sencillas, reales, dolorosas. “En esos personajes hay mucho mío, pero no tanto por los hechos como por la mirada” asegura con una sonrisa honesta que busca compartir su pasión con su interlocutor. “ Hay muchas barbaridades que pasan en mi novela que no me han pasado y no quiero que me pasen, pero los personajes de mis novelas sienten esa necesidad de encontrar una épica en la monotonía y la vulgaridad, quieren que les pase algo en sus vidas y en ese sentido sí me veo reflejado” explica.

Para mí mi mundo son mi gente, mis libros, mis discos. Podría estar en Madrid en Bilbao o en Gijón y sería igual de feliz e infeliz

Autor de aliento corto, fascinado con la música, el cine y la cultura popular estadounidense, Zanón mira la vida con un tono inteligente y melancólico que se refleja muy bien en Yo fui Johnny Thunders. “Me gusta que los personajes se pregunten por qué hacen las cosas. Y reflejar esas faltas de ortografía que siguen subrayadas en rojo cuando vuelves al pasado, esas cosas que nunca terminas de hacer bien. Somos como hámsters y esa esuna idea que me gusta trabajar”.

Zanón no da lecciones, no es un moralista, pero tiene claras ciertas cosas. El espíritu de John Wayne recorre la novela y es inevitable preguntarle cuándo dimos la espalda a esa forma de ver el mundo. “John Wayne nos abandonó cuando el mundo dejó de corresponder a una determinada ética. La parte buena de la religiosidad era la ética, hacer las cosas bien, ser un tipo honesto. Yo creo que actores como Gary Cooper o John Wayne eran eso”.

John Wayne nos abandonó cuando el mundo dejó de corresponder a una determinada ética.

Divertido e inteligente conversador, el también crítico de Babelia se ríe a gusto pero no se corta cuando se le pide que analice su propia novela. “Hombre, diría que es una buena novela pero también le vería defectos. Yo creo que hay personajes que no tienen suficiente tiempo como para dar cambios muy bestias. Hay un par de personajes que no quedan muy bien delimitados. Pero también diría que empieza bien y que acaba bien, que tiene ritmo”.

Su relación con Barcelona es muy particular. En No llames a casa la ciudad no salía nombrada ni una sola vez, pero los lectores no tuvieron dudas sobre dónde estaba situada. La Barcelona de las novelas de Zanón no es la ciudad turística y mediterránea, sino un escenario de derrotas, con calles grises y bares cutres. “Soy muy autista en eso: para mí mi mundo son mi gente, mis libros, mis discos. Podría estar en Madrid en Bilbao o en Gijón y sería igual de feliz e infeliz. Barcelona es una ciudad bastante fronteriza de muchas cosas, pero no tengo una relación de cariño o de amor, de decir ‘si no fuera Barcelona no podría escribir’. No”. ¿Tentado a escribir sobre Madrid? “Sí. Este año he estado viajando mucho allí y me encantaría que llegase un momento que entendiese los códigos de la ciudad de tal manera que pudiera escribir una novela que un tío de allí dijera, vale lo ha pillado, sabe de qué va la ciudad”.

A medida que lees más y escribes más te das cuenta de que hay mucha gente muchísimo mejor que tú

La música se filtra por la conversación con un escritor que cuando se le piden influencias cita en primer lugar a Lou Reed. “Lo que siempre me ha gustado de la música es la intensidad y la emoción que transmite una canción y eso lo intento llevar a la novela. El trabajo de escritor es muy autista, muy pasivo, y lo que haces acaba teniendo una recepción al cabo de dos años. La posibilidad de tocar una canción, subir al escenario y percibir la emoción de la gente tiene que ser flipante. Claro que me gustaría”, cuenta algo nostálgico.

Zanón acaba de ser agasajado con un premio de prestigio, pero su idea del éxito no cambia. “A medida que lees más y escribes más te das cuenta de que hay mucha gente muchísimo mejor que tú. Cuando tienes 20 años te crees el mejor del mundo. ¿Cómo compensas eso? Con ilusión. Quiero escribir más, quiero equivocarme; el éxito lo concibo en que me permitan equivocarme en dos o tres novelas más”, concluye, con ese estilo tan propio de poeta de vida y derrotas.

Ganadores de la Semana Negra

- Premio Dashiell Hammett: Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón

- Premio SN-BAN!: Alexis Ravelo

- Premio Rodolfo Walsh: Escrito en negro, de Martín Olmos.

Premio Memorial Silverio Cañada: Te quiero porque me das de comer, de David Llorente

- Premio Espartaco a la mejor novela histórica: El reino de los hombres sin amor, de Alfonso Mateo-Sagasta.

- Premio Celsius 232: El imperio de Yegorov, de Manuel Moyano

- Concurso de Relatos: José Veglia 

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