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OPINIÓN

En memoria de un amigo

Renunciamos, Javier y yo, a ser antiguos compañeros del colegio y fuimos desde el primer momento compañeros en La Mandrágora

Ilustración de Enrique Cavestany (Enrius).
Ilustración de Enrique Cavestany (Enrius).

Entiendo que la mejor manera de la que dispongo ahora para escribir acerca de la repentina muerte de Javier es la de huir de los tópicos.

En esa especialidad, como en muchas otras, Krahe era un maestro. Pero lo que sucede es que era y sigue siendo, es demasiado pronto todavía, un amigo muy querido y tras recibir la noticia por medio de otros amigos, singularmente de Juan Laguna, aquellos años ochenta ya juntos en la Cava Baja y con Joseche, calmo de alguna manera mi angustia hablando con Javi López de Guereña quien, desde Zahara de los Atunes, me cuenta los detalles.

Rafa Fraguas me pide que antes de escribir me calme, le digo que sí, pero no me calmo. Pienso en Annick y no me calmo. Supongo que calmarse es lo adecuado para escribir unas líneas como estas, que deseo resulten lo menos necrológicas posible.

Además, escribir atenúa el dolor y esto es un asunto de, con y para los amigos, para mencionarlos, recordarlos y de recurrir a ellos en momentos de dolor como este.

Renunciamos, Javier y yo, a ser antiguos compañeros del colegio y fuimos desde el primer momento antiguos compañeros en La Mandrágora, en aquellos años en los que casi todo era posible.

Y enseguida llegó Sabina con su carpeta de recuerdos bajo el brazo, y llegó Octavio, y llegó Fernando cuando ya antes había llegado Andreas pues eran, ya lo he escrito, aquellos años en los que casi todo era posible.

Pero se han ido tantos, Manolo, Piluca, Ángel, Ricardo...

Y ahora Javier.

Cercanos como fuimos en la proximidad y en la distancia, nunca habíamos necesitado ser demasiado explícitos ni con las palabras ni con los sentimientos de afecto pues, como con el valor, se nos suponía.

1981: “¿Qué pasa, que uno no puede hacer un disco? Para Bego y Enrique y demás familia, este que lo es: Javier”.

“Porque, en realidad, uno canta siempre para los amigos”.

De puño y letra la dedicatoria de lo que, en efecto, era y es su primer disco, un Valle de lágrimas”.

Las de ahora.

Enrique Cavestany (Enrius) fue el director de La Mandrágora, el local de la Cava Baja donde Krahe debutó, junto con Sabina y muchos otros.

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