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El Gran Wyoming: “El pueblo español no sabe reírse de sí mismo”

El presentador y humorista es la diana del nuevo 'roast' de Comedy Central

El Gran Wyoming, en el Teatro Barceló de Madrid.

“Estoy preparado para esto y para más, la vida ha sido dura conmigo”. El Gran Wyoming afrontaba así la sesión en la que, el pasado martes 16 de junio, Andreu Buenafuente, Pablo Carbonell, Loles León, Arturo Valls, Falete, Yolanda Ramos, Antonio Castelo y Santiago Segura aprovecharon para decirle unas cuantas verdades a la cara regadas de sarcasmo y humor. Comedy Central eligió al presentador de El intermedio como nueva víctima de un formato, el roast, que solo se ha llevado a cabo una vez más en España, con Santiago Segura como diana. Pocas horas antes de que se grabara El roast de El Gran Wyoming, que Comedy Central emite el domingo 12 a las 22.15, entrevistamos al presentador y cómico.

Pregunta. ¿Por qué aceptó participar en el roast?

Respuesta. Estuve en el programa que hicieron a Santiago Segura y me gustó mucho. Es un programa para que la gente se ría, que me parece una causa justa.

P. Es un formato que tiene mucho de reírse de sí mismo...

R. Sí, y no estoy seguro de que todo el mundo aceptara, porque a la gente no le gusta que le digan cosas. Es un problema de autoestima, hay gente que no está equilibrada, pero a mí me da igual. En Estados Unidos son mucho más duros en los roasts, dicen unas barbaridades… Aquí metemos más humor, pero allí es demoledor. Es más parecido a Sálvame Deluxe a mala hostia.

P. ¿Por qué esas diferencias en el humor anglosajón y el español?

Un 'roast' para los políticos

El Gran Wyoming no tiene pelos en la lengua para hablar de ningún tema, pero no hay quien le pare cuando empieza a criticar a la clase política. ¿A qué político sometería el presentador de El intermedio a esa ronda de verdades a la cara que son los roasts? “No les sometería a un roast, les sometería a un banquillo normal y corriente. Un buen roast sería la Audiencia Nacional. Pero los políticos lo tienen tan bien articulado que han conformado la sala que les va a juzgar en el Supremo el caso Gürtel. Si los jueces fueran de verdad, ese sería el auténtico roast. Me encantaría estar ahí con la toga y tenerlos sentados delante de mí. Eso me encantaría”.

R. El español es uno de los pueblos con menos sentido del humor de la Tierra. La gente lo confunde con las ganas de cachondeo. Aquí se valora la fiesta y la gente se ríe y aprecia mucho la gracia. Pero no tiene sentido de humor, el pueblo español no sabe reírse de sí mismo. La gente aguanta todo tipo de presiones sociales, salariales, pero si te ríes de su padre son capaces de darte una hostia.

P. ¿De qué salud goza el humor en la televisión española?

R. No hay demasiado, y es una pena. En la televisión se ha perdido el humor y la música si no viene acompañada de un reality. Han conseguido que cuando sale música en la tele, la gente la quite. Los realities han monopolizado la televisión. Es un empeño, porque mientras estás viendo un reality no estás pensando en otra cosa. La televisión se ha convertido en el arma de destrucción masiva de neuronas más importante de la historia. Podría ser la herramienta de difusión más importante y se han empeñado en que no. Hay una serie de falsos dogmas que se han inventado para que esto sea así. Yo estoy muy orgulloso de El intermedio porque en prime time podemos llegar a entrevistar a un señor como Emilio Lledó, filósofo de 87 años, y hacer un pico de audiencia. Eso está terminantemente prohibido por los manuales de semiótica. No puedes sacar en prime time a un señor de 87 años hablando de filosofía porque la gente cuando llega a sus casas están completamente llenos de problemas y quieren relajarse. ¿Por qué? Porque son gilipollas. Ese es el teorema número uno de un programador de televisión generalista, y es completamente falso. La gente quiere saber cosas, por eso ha funcionado El intermedio, porque contamos cosas. Pero encima lo que hacen es sacar lo peor, la hez de la sociedad, y la normalizan y cotidianizan para que la gente vea que su miseria es normal. Dejan a la gente sin armas para luego darle leña.

P. ¿Por qué un informativo satírico tiene más audiencia que informativos tradicionales?

La televisión se ha convertido en el arma de destrucción masiva de neuronas más importante

Los informativos tradicionales tienen un problema: funcionan como agencias de noticias. Tienen una escaleta y pase lo que pase le dan dos minutos a cada cosa, sea un incendio en Móstoles o algo con una repercusión gigantesca. Nosotros podemos dar tiempo que necesita una noticia importante. Y con las herramientas audiovisuales que tenemos podemos poner vídeos de lo que los políticos han prometido y lo que están haciendo en realidad. Yo si dirigiera un informativo haría eso, mirar lo que dicen y lo que hacen. En eso nos quedamos bastante solos. Por eso nos nutrimos de una audiencia que no nos correspondería si tuviéramos competencia. El arranque del programa, "ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad", que no sé a quién se le ocurrió pero me parece una genialidad, es verdad.

P. ¿Cree que hay límites para el humor?

R. Sí, yo tengo unos límites. Por ejemplo, no me gusta hacer humor de los defectos físicos de una persona que tengo delante. También soy un hombre muy demonizado por no participar en las redes sociales. No participo, no quiero participar y no voy a participar. No me gusta el nombre, las redes. Me recuerda a la almadraba del atún, donde uno entra y es muy difícil salir. Estuve muy poco tiempo en las redes y entendí que no me convenía en absoluto. ¿Las redes sociales se van a convertir en la nueva Inquisición? Yo te digo que sí, porque se pueden usar para lo que te dé la gana como coartada.

P. ¿A cuál de los participantes en el roast tiene más miedo?

R. Al público, ese es el que te juzga de verdad. Si se quedan mirando con un silencio atronador, la has cagado.

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