CRÍTICA | REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL

La distinción de una autora

No todas las semanas se estrena una película española dirigida, escrita en solitario y protagonizada por una mujer de 33 años

Leticia Dolera y Alexandra Jiménez, en 'Requisitos para ser...'.

No todas las semanas se estrena una película española dirigida, escrita en solitario y protagonizada por una mujer de 33 años. Ni todas las semanas ni nunca. Porque la triple apuesta de la hasta ahora actriz y cortometrajista Leticia Dolera en Requisitos para ser una persona normal no tiene antecedentes en nuestro país.

REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL

Dirección: Leticia Dolera.

Intérpretes: Leticia Dolera, Manuel Burque, Silvia Munt, Miki Esparbé, Jordi Llodrá.

Género: comedia. España, 2015.

Duración: 90 minutos

Una comedia romántica sobre la condición del treintañero (supuestamente) a la deriva, que no es sino una oda a la diferencia. O mejor, un elogio de la distinción, palabra que lleva consigo una elegancia y una personalidad que se adecúa más al tono de la película y al excelente empuje de Dolera. Trabajo, vida familiar, relaciones sociales, pareja... Ser una persona normal. Pero, ¿queremos todos ser normales? Y, sobre todo, ¿qué es ser una persona normal? Con una estructura de comedia romántica de libro, y un diseño formal muy cuidado, la película parece mirarse en una serie de autores que, partiendo de un estruendoso colorido y de un universo pop muy marcado, han ido encontrando su propia personalidad: Wes Anderson, Michel Gondry, el Jean-Pierre Jeunet de Amélie, la Isabel Coixet de Cosas que nunca te dije, el Mike Mills de Beginners: Principiantes, quizá la película que mejor encaje con el aspecto y el fondo de Requisitos para ser una persona normal. Gusto por las listas: de gustos, de cosas por hacer, de cosas por descubrir; continuos insertos ajenos a la secuencia que, al hacer acto de aparición, empujan a la comicidad hasta una nueva dimensión; canciones indies; mucha voz en off; maravilloso uso del color; textos sobreimpresos en la pantalla; cuidadosa elección de las tipografías. Jeunet, Anderson, Coixet, Mills... Dolera.

El único problema podría ser que se vea por parte de ciertos espectadores como un anuncio más de esa ola de publicidad que en la última década se ha visto influida precisamente por todas esas películas y autores anteriores. Porque en Dolera no hay sólo referentes; hay verdadero encanto sobre el hecho de sentirse al margen, explorado ya en sus cortometrajes Lo siento te quiero (2009), A o B (2010) y Habitantes (2013). Los bellos primerísimos planos, la ironía desprejuiciada y los variados hallazgos de montaje, con Ikea como perfecto paisaje romántico de nuestra nueva cotidianidad, junto a la labor interpretativa de la pareja protagonista y de los secundarios, convierten a la película en la simpática, dulce y poderosa carta de presentación de una joven autora que apunta una personalísima distinción. Cómica y romántica.

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