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de frente | Milena Busquets

Milena Busquets: “El dolor te pone en el bando de los perdedores”

La escritora publicó 'También esto pasará' (Anagrama) tras la muerte de su madre, Esther Tusquets, en 2012. "Soltar tu rollo no te cura. Cura leer a los demás", dice

¿La tristeza pesa dos toneladas? Pesa mucho más que el amor, que no pesa nada. La tristeza y el dolor pesan muchísimo. Te van curvando; por eso la gente mayor va más inclinada...

En su libro, escrito a raíz de la muerte de su madre, mezcla peso y ligereza... La frivolidad es un instrumento para manejar la vida. Siempre me ha servido la frivolidad. Viene de casa: no seas un plomo, no des el coñazo, no hables mucho. Aquí busco un equilibrio: hasta en un funeral puede haber algo muy cómico.

¿Cómo se sobrelleva el dolor? No se va. Aprendes a vivir con el dolor. Siempre has ido muy cómodo sobre la arena y de repente te tienes que poner zapatos medio número más pequeños. Y te jode. Puedes reír o enamorarte, pero hay algo que no acaba de ser como era.

Como perder la infancia. No sólo. El dolor te pone del bando de los perdedores.

¿Cómo le ha dejado el dolor? Más consciente. Si sirve para algo es para estar más atentos a los demás, ser menos egoístas, aunque a lo mejor esto es sólo bla bla bla, no estoy muy segura.

Susan Sontag decía que el dolor de otros nos transmitía culpa... Me educaron en contra de esto; eran tan ateos que no había sentimiento de culpa. Me decían: “Nunca sentimiento de culpa”. Se lo debo a mi madre [Esther Tusquets, editora y escritora].

¿De qué tiene culpa? Podría tenerla de mil cosas, pero no la siento; lo estoy haciendo lo mejor que puedo. Igual podría aprender a cocinar en lugar de pedir pizza o comida árabe cada noche. Podría haber tenido más paciencia con mi madre...

¿Qué pudo haber hecho? Hice lo que pude. Aguantar el tipo. Quieres quitarle el miedo a la muerte y el dolor físico al otro. Los médicos más o menos consiguen quitar el dolor físico; el miedo a la muerte va en consecuencia. Una mujer tan inteligente y lúcida como ella tenía la consciencia de que se moría. Me miraba en el hospital; yo veía en sus ojos que sabía que se moría.

¿Qué querría haber hecho? Me hubiera gustado ser Dios. Decirle: “No te preocupes, no vas a palmar”, pero lo único que podía decirle era que no se preocupara, que nosotros íbamos a estar bien.

¿Qué le ha dejado esa ausencia? La consciencia de haber vivido un gran amor, como la de Romeo y Julieta; es ridículo pensarlo, pero tiene el mismo drama, intensidad y pasión. A mitad del libro pensé que estaba escribiendo sobre un gran amor, de los dos o tres que podemos tener en la vida. Algunos no tienen ninguno. Lo que me queda es pensar que tuve la increíble suerte de tenerlo con esta mujer tan difícil.

¿Qué es un gran amor? No sé decírtelo; quien lo ha probado lo sabe. Yo sé lo que es, he tenido más de uno. Lo sabes en la piel.

¿Cómo se cuida? No se cuida. Un gran amor es un amor salvaje. Los amores tranquilos no existen. Un gran amor es aquel con el que pasas del cielo a las profundidades en las que te puedes decir cosas espantosas.

Tiene éxito con su libro. ¿Le da miedo? Ojalá tenga algo más que decir. No lo veo claro. Tengo 43 tacos y he visto el mundo editorial muy de cerca. Sería idiota que me cambie; he visto a mucha gente de éxito cerca. Mi miedo es a morir, a estar enferma, a que no me quieran. A lo mismo que antes.

¿Le cura la escritura? Me cura leer a los demás; leer a la gente a la que amo. Leer otra vez El extranjero de Camus, en el que dice: “Con que un hombre hubiese vivido un día ya tendría bastante recordando cada instante”. Eso es lo que te cura. Escribir, soltar tu rollo no te cura.