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crítica | los vengadores: la era de Ultrón

El gestor de mitologías

Es difícil imaginar una versión mejor, pero es ficción audiovisual a la medida de quien va a las salas a comprobar, no a descubrir

Imagen de la secuencia inicial de 'Los Vengadores: la era de Ultrón'.

En el clímax de Los Vengadores —franquicia de franquicias, primera película-encrucijada en el megafolletín que va construyendo Marvel Studio blockbuster a blockbuster—, el director Joss Whedon tuvo una ocurrencia estilística brillante: un plano secuencia —o, más bien, su simulacro digital— que relacionaba a todos los héroes en plena acción, buscando un equivalente cinético a ese recurso visual —la splash-page— que el comic-book de súperhéroes inmortalizó como acento enfático para amplificar la espectacularidad y congelar la épica al modo de un colosal conjunto escultórico. Los Vengadores: la era de Ultrón se abre con un apabullante momento de acción en plano secuencia y se cierra, de manera no menos significativa, con las tomas de un grupo escultórico que eterniza a sus personajes en plena batalla: a Whedon, consciente de cuáles son las fortalezas de su toque particular, tampoco se le escapan las implicaciones conceptuales de sus puntuales gestos barrocos.

En un momento culminante de ese prólogo, los rostros de los Vengadores, tensados por la furia, se alinean en lo que parece guiño directo a la crispación expresiva de una portada Marvel de última generación. Habrá a quien poco le importe que, en ese plano secuencia sintético, resulte más que evidente que lo único que está en juego son meros maniquíes digitales: en ese universo de (evidente) artificio, ni ha habido especialista que haya arriesgado la vida, ni operador de cámara al que aplaudir un esfuerzo homérico. La distancia entre ese espejismo de plano-secuencia y uno real es, en el fondo, la misma que hay entre Los Vengadores: la era de Ultrón y… una película de verdad, entendiendo a esta como aquel territorio donde un director tiene espacio para la decisión creativa y el espectador encuentra un ámbito para la sorpresa. La reiteración (casi desesperada) del único recurso formal significativo de Los Vengadores en esta secuela delata que aquí Whedon es más un gestor —el puente entre una mitología y sus fans- que un cineasta. Pedir que, además, fuera un poeta —como lo fueron Jack Kirby, Neal Adams y Jim Steranko— sería demasiado.

LOS VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN

Dirección: Joss Whedon.

Intérpretes: Robert Downey, jr., Jeremy Renner, Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Chris Evans.

Género: ciencia-ficción. EE UU, 2015.

Duración: 141 minutos.

Whedon aplica su fórmula mágica —diálogos supuestamente afilados (casi una screwball comedy de la egolatría) e hiperbólicas secuencias de acción, con, ahora, unas gotas de pompa filosófica de baja graduación—, gratificando a incondicionales con guiños de conocimiento enciclopédico y aturdiendo al resto a golpe de incesante estímulo espectacular. La estrategia funciona y quizá es difícil imaginar, en estos términos, una versión mejor, pero es ficción audiovisual a la medida de quien va a las salas a comprobar, no a descubrir.

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