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Bibliotecas sin papel y con drones

Sensores, tecnología emocional y apps, innovaciones que van más allá del préstamo

La biblioteca sin libros de la Universidad de Florida.

Cualquier lector tiene en mente sus bibliotecas míticas: la de Alejandría, la del Quijote, la de El nombre de la rosa, la del capitán Nemo, la infinita de Jorge Luis Borges, la de los libros olvidados de Carlos Ruiz Zafón, la de la Matilda de Roald Dahl, las mágicas de J. K. Rowling... En todas ellas había libros físicos, aunque fueran humanos como en Fahrenheit 451. Lo primero que uno encuentra al investigar sobre el futuro de las bibliotecas, sin embargo, es que ya hay más de una sin documentos tangibles, como la célebre Politécnica de Florida, en la que todos los títulos son digitales. No fue la primera, con todo, y ahí están otras de Tucson o Texas para demostrarlo. Pero ese es tan sólo uno de los posibles cambios que han convertido el de la biblioteconomía en un sector pionero en el uso de las nuevas tecnologías, prueba de lo cual son webs tan sugerentes como la del Center for the Future of Libraries de la American Library Association.

Así, en el mismo mes en que Cataluña se suma a la oferta de préstamo de ebooks que ya existía en comunidades como la de Madrid (donde tienen su propia app), basta ojear el aspecto de las consideradas diez bibliotecas más futuristas del mundo (no se pierdan la noruega de Vennesla, la alemana de Sttutgart, la China de Dalian o la madrileña del Matadero) para comprender que, en realidad, dicho futuro está ya aquí. Y no sólo en cuestiones arquitectónicas o de formato de documentos. Entre los debates que se pueden seguir en páginas especializadas tan imprescindibles como Lectura Lab, Dos Doce, Social Biblio, Biblio Blog, Biblogtecarios o los blogs de Julián Marquina y Nieves González, algunos de los más llamativos han avanzado temas tan diversos como los del uso de libros con sensores de movimiento, el uso de las tecnologías emocionales, el empleo de drones para el envío de libros o, incluso, el advenimiento de las impresoras 3D y los weareables. ¿Ciencia ficción? Para nada: en Finlandia, donde se ubica la fabulosa Kaisa de Helsinki, los usuarios pueden digitalizar LP o conseguir máquinas de coser en las bibliotecas, y en la Biblioteca Vasconcelos de México, una de las más modernas del mundo, hay kioskos digitales para la geolocalización de títulos.

Junto al empleo de los códigos QR y la realidad aumentada que permite que los libros se presenten solos, otro caso de éxito es el del Club de Lectura Medellín-Barcelona, que contribuye al intercambio virtual e ilustra el papel de estos espacios en la superación de la brecha digital. Y en cuestiones de dinamización, vale la pena conocer la imitada campaña #bookfacefriday de la Biblioteca Pública de Nueva York, así como su adaptación en centros que van de la Universidad Carlos III a la red de Bibliotecas de Barcelona. El tema da para más, desde luego, y vale la pena explorarlo sin prejuicios. Ya lo dijo Petrarca: "Mi biblioteca no es inculta aunque pertenezca a un inculto". Digitalmente, vale la pena ser tan modestos como él.