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Traducir a Kafka: ¿‘La metamorfosis’ o ‘La transformación’?

Nuevas ediciones enfrentan concepciones sobre el inmortal clásico, que cumple 100 años

Ilustración de Antonio Santos para 'La Metamorfisis'. Ampliar foto
Ilustración de Antonio Santos para 'La Metamorfisis'.

Tocar a un clásico

Por Isabel Hernández

Modificar el título de un clásico es algo no exento de problemas, pero ciertamente de rabiosa actualidad en nuestros días. Por ello no me cabe duda de que quienes optan por traducir la obra de Franz Kafka como La transformación han reflexionado sobradamente al respecto y optado por el cambio pensando, seguramente, en que este término la dota “de un carácter de narración doméstica, urbana y biográfica, y no mitológica” (Jordi Llovet). Hay quien incluso se apoya para ello en las declaraciones al respecto que Jorge Luis Borges hiciera a EL PAÍS en 1983, sin saber, probablemente, que Borges, tal como manifestó en una entrevista a F. Sorrentino en 1977, nunca tradujo esta obra (ni tampoco, al parecer, las otras que conforman el volumen), pero, sobre todo, que, como él mismo expresó, sus conocimientos de la lengua alemana eran demasiado limitados como para poder hacer de sus palabras un referente en lo que a una traducción de esa lengua respecta.

Es evidente que antes de apoyarse en determinados testimonios, estos han de ser comprobados. En el caso de un libro literario resulta, por lo demás, demasiado arriesgado calificar de “error” la traducción del título de una obra que ha desencadenado ríos de tinta y pensamiento, y que por su contenido, se quiera o no, entronca directamente con la tradición literaria de las metamorfosis. Es evidente que todo autor escoge con sumo cuidado las palabras que utiliza; Kafka escribía rápido y no solía revisar sus textos. Gran conocedor de la tradición clásica, no me cabe duda de que el término por él escogido, Verwandlung, le evocaba las metamorfosis mitológico-literarias, pues Verwandlungen fue el título que se dio en alemán a la obra de Ovidio hasta el siglo XIX (y aún hoy sigue recibiendo en muchos casos esa denominación: Metamorphoseon libri = Bücher der Verwandlungen). El propio Goethe, él sí una autoridad de la lengua alemana, utiliza el término Verwandlungen en sus textos literarios, y Metamorphosen únicamente para sus estudios científicos, tal es el uso que da la lengua alemana a esta pareja de términos.

Es difícil saber qué es lo que Kafka tenía en mente a la hora de titular su obra; no lo dice en sus diarios ni en sus cartas de aquellos años a Felice Bauer. Pero asimismo resulta difícil pensar que Kafka, que en su correspondencia se refiere al relato como una Geschichte, término que en su significado original es algo que sucede por casualidad, por intervención del destino, quisiera apartarse decididamente de la tradición literaria de las metamorfosis. De haber pretendido tal cosa, nunca hubiera utilizado un término que lo hubiera insertado directamente en la tradición del texto de Ovidio, cuyo correspondiente en español no es otro que “metamorfosis”. Ortega, con mucha probabilidad, el autor de la traducción atribuida a Borges, no podía estar tan equivocado.

Isabel Hernández es la traductora de La metamorfosis, de Kafka, recién publicada por la editorial Nórdica.

Viñeta de Max.
Viñeta de Max.

¿Da lo mismo?

Por Jordi Llovet

Casi me sabe mal haber sido el primero, en España, que le puso a una traducción de este relato el título de La transformació, en los años 1970. Más tarde me encargué de la edición de las Obras completas de Kafka para Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores y volví a optar por La transformación, en vez de La metamorfosis. En esa edición di cumplida noticia de mis razones. “Metamorfosis” y “transformación” son exactamente lo mismo: la primera es voz de raíces griegas, y la segunda, de raíces latinas. Kafka pudo llamar a su narración Die Metamorphose, pero prefirió llamar a su cuento Die Verwandlung, que es una palabra del más corriente alemán, como ya advirtió Jorge Luis Borges. También Gabriel Ferrater, que conocía bien la lengua alemana y el universo literario kafkiano, denominó La transformación a ese relato de Kafka en las páginas preliminares de su traducción de El proceso al catalán. Los esposos Muir le pusieron también este nombre (The Transformation) en la primera edición de su traducción al inglés. Luego, animados por la versión anónima de los años 1920 publicada en la Revista de Occidente, y, muy en especial, por la pésima traducción de Vialatte al francés (La Métamorphose), pasaron a llamarla Metamorphosis, a veces con artículo, a veces sin él. Por fin, Malcolm Pasley, que fue ni más ni menos que miembro del comité de redacción de la más solvente edición crítica de las obras de Kafka en lengua original, promocionó una nueva traducción al inglés del relato, con el título The Transformation, como ya señalé en el aparato crítico de mi edición citada.

Decidirse por un título o por otro, es decir, por la palabra de origen latino o la de origen griego, es solo una cuestión de matiz, pero un matiz de suma importancia: Franz Kafka no era en absoluto aficionado a la literatura de ciencia-ficción, que nunca practicó. Otra cosa es que tuviera una imaginación desbordante, y que utilizara, a modo de prosopopeyas, muchos animales en sus relatos, siempre alegóricos, como los ratones en uno de sus últimos cuentos, o el mono en el Informe para una Academia: en todos los casos, los animales importan poco, lo que importa es el trasunto de carácter sencilla y profundamente humano que encierran esas alegorías.

Kafka sabía que las Metamorfosis de Ovidio, por ejemplo, se habían traducido siempre en lengua alemana, hasta entonces, como Die Metamorphosen; es posible que se decidiera por una palabra más vulgar para acercar su narración al terreno de lo cotidiano —y este es el caso de su libro— y alejarlo del terreno de lo fantástico, lo suprarreal o lo mitológico. Una simple lectura de la obra nos permite confirmar que no se trata de ninguna pieza de mitología ni de ciencia-ficción, ni capaz de entrar en los anales de la literatura fantástica: es una narración doméstica, anclada en los grandes modelos de Kafka: Kleist, Dickens y Flaubert. Por lo demás, en una de las primeras líneas de la narración se dice que Gregor Samsa se ha transformado (verwandelt) en un insecto (o bicho, o chinche, o escarabajo: Ungeziefer) monstruoso. Todos los traductores han trasladado esta voz, ya en el texto, como “transformado” o “convertido”; nadie ha puesto “metamorfoseado”. Porque ese monstruo es humano: es el hijo de una familia burguesa convertido en coleóptero para señalar la distancia abismal que lo separa del resto de su familia. Es, en suma, un escritor de carne y hueso condenado a desaparecer a causa del contexto burocrático y comercial que lo rodea. Por esas razones siempre preferiré La transformación, aunque el título no llegue a cuajar nunca por culpa de Ortega y Gasset o de Fernando Vela, o por razones de “efectos especiales”.

Jordi Llovet es el encargado de la edición de las Obras completas de Kafka en Galaxia Gutenberg.