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CAFÉ PEREC

El Día del Hueso

Dicen que hay que vender y que los lectores piden libros deshuesados y sin cuitas de estilo

Ahora que andamos cada vez más en los huesos, adelgazando en cultura, trasegando huesos de Cervantes, pero —como siempre— sin leerle, ahora que la tendencia son novelas escuálidas en ideas y cortas en todos los sentidos, me acuerdo de que el mallorquín Cristóbal Serra, el más secreto de nuestros escritores, estaba también por lo corto en literatura, aunque apelaba a cortedades bien distintas: a la concisión y a la brevedad como caminos para alcanzar lo esencial, de modo que su propuesta en Diario de signos(“Hasta los libros inspirados los prefiero cortos: Jonás, la epístola de Judas…”) estaba en realidad a años luz de los libros ligeros y nada inspirados que potencian editoriales de nuestro simplón presente.

Hueso por aquí y hueso de Cervantes por allá. Y un panorama apabullante de libros sin ambición artística, contrapuesto al de otros que sí la tienen y son más difíciles de roer. Dicen que hay que vender y que los lectores piden sólo libros deshuesados y sin cuitas de estilo, alejados de excesivas complejidades.

Y uno piensa en Flaubert, con su conciencia fanática de los problemas técnicos, allá en su casa de ventanas azules en Croisset, junto al indiferente Sena. Hoy queda sólo el río, ni rastro de la mansión en la que al atardecer envidiaba a los que habían podido dejarse llevar sólo por su instinto, como Molière o Cervantes. “Ellos no tenían técnica”, escribió en su tarde más melancólica.

Pero todo eso evoca un mundo ya muy lejano, porque hablar de problemas técnicos y del fanatismo en el estilo, ¿no es surgir de una bruma del pasado? Por pura paradoja, me hago esta pregunta cuando precisamente estoy celebrando la inteligencia discursiva de Pronto seremos felices, inspirada novela en la que Ignacio Vidal-Folch parece haber notado, con ritmo inesperado, el mismísimo aliento de Flaubert en su nuca, y quizás también el de Christopher Isherwood, el potente retratista de Adiós a Berlín.

Pensar en el arte complejo de ese libro me lleva a recordar que cuando en Granada en 1963 se estrenó El año pasado en Marienbad, film duro de roer, la publicidad en la prensa granadina advirtió (en prevención de incidentes): “Si acude con la intención de divertirse, NO VAYA. Si acude porque le gustan las cosas simples, NO VAYA. Si acude para no pensar y porque le gustan las películas convencionales, NO VAYA…”.

¿Y si este próximo 23 de abril, aniversario de Cervantes, se señalara a los libros todavía relacionados con el arte complejo con unos discretos círculos rojos en un ángulo de las portadas? Serían círculos idénticos para todos ellos, donde se podría leer: “¡Ojo! Contiene tuétano literario. Si está buscando algo para no pensar, PASE DE LARGO”.

Ese círculo, que señalaría los libros que pudieran ser verdaderos huesos para la buena gente, sería muy orientativo para todos. Y así evitaríamos malentendidos en ese ya cercano 23 de abril que este año, en lugar de Día del Libro y en un desesperado intento de modificar dinámicas y aislar el grano de la paja, podría pasar a ser el muy cervantino Día del Hueso.