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Muere el premio Nobel alemán Günter Grass a los 87 años

Desaparece una gran figura de la literatura europea tras la Segunda Guerra Mundial

El escritor, en su casa de Lübeck el pasado 21 de marzo. . Reuters-LIVE! / Julián Rojas

Günter Grass, quizás el escritor más famoso, polémico y a la vez representativo de la segunda mitad del siglo XX alemán, murió ayer por una infección en un hospital de Lübeck, la ciudad del norte de Alemania donde vivía. Alcanzó el éxito masivo con su primera novela, El tambor de hojalata,publicada en 1959, y cuatro décadas más tarde logró el primer Nobel de Literatura en 27 años para un autor alemán —antes lo había obtenido Heinrich Böll— por “haber dibujado la cara olvidada de la historia con vivas fábulas negras”, según la explicación que dio entonces la Academia sueca. Ese mismo año, 1999, recibiría el Príncipe de Asturias de las Letras.

La vida de Grass está ligada de forma inseparable a los acontecimientos que sacudieron Alemania durante el siglo XX. Nacido el 16 de octubre de 1927 en Gdansk —la entonces Ciudad Libre de Danzig y hoy territorio polaco—, fue reclutado en 1944 por la unidad de élite nazi Waffen-SS y, tras la Segunda Guerra Mundial, estudió en la Academia de Arte de Düsseldorf.

El tambor de hojalata, que narra la vida del niño-hombre Oskar Matzerath, irrumpió en la Alemania de posguerra y recibió tantos elogios como críticas de aquellos que veían en el libro un espejo demasiado real y descarnado del surgimiento del nazismo y de la guerra. La popularidad de esta obra, por la que fue a los tribunales acusado de pornógrafo y blasfemo, aumentó en 1978, cuando Volker Schlöndorff la llevó al cine y ganó el Oscar a la mejor película extranjera y la Palma de Oro en Cannes. “De repente, superó la anticuada norma de las novelas alemanas y ofreció una conexión con la narrativa moderna europea. Supuso un chorro de aire fresco”, resumía ayer al teléfono Roland Berbig, profesor de Literatura Alemana de la Universidad Humboldt de Berlín. “Lo que, por amor, no le había ahorrado a mi país, fue leído como si ensuciara mi propio nido”, respondió Grass a sus críticos en su discurso de aceptación del Nobel.

Pese a que dejó de escribir novelas el año pasado, Grass, gran defensor del canciller socialdemócrata Willy Brandt, no rehuyó casi ningún asunto espinoso hasta el final de su vida. En 2012, publicó el poema Lo que hay que decir, en el que acusaba al Estado de Israel de poner en peligro la paz mundial por su capacidad para producir bombas atómicas. El Gobierno israelí reaccionó declarándole persona non grata y prohibiéndole la entrada al país. En ese poema, el escritor aseguraba que estaba escribiendo con su “última tinta”.

Grass, quien pese a su cercanía a Brandt y a otros líderes socialdemócratas terminó distanciándose del SPD, participó en buena parte de los debates políticos de las últimas décadas. En 1990, se mostró contrario a la unificación alemana. “La espeluznante e incomparable experiencia de Auschwitz excluye la posibilidad de un solo Estado alemán”, decía el autor en febrero de 1990, tan solo ocho meses antes de que la República Democrática Alemana se disolviera. Grass abogaba entonces por una confederación de Estados alemanes.

En 1989, firmó la carta que reclamó al entonces presidente de Estados Unidos George Bush (padre) un diálogo con Nicaragua. También fue implacable crítico con la política seguida por su hijo, George W. Bush, al que consideraba una amenaza para la paz mundial por su actuación en la guerra de Irak. Defendió a Salman Rushdie cuando recibió amenazas de muerte del régimen iraní por su obra Versos satánicos. Criticó con dureza en 1997 el suministro alemán de armamento a Turquía y la denegación de asilo al pueblo kurdo. Mantuvo una larga y fructífera enemistad con Marcel Reich-Ranicki, el gran crítico literario de la Alemania de posguerra, quien murió en septiembre de 2013.

Todos los géneros

- Novela. Trilogía de Danzig: El tambor de hojalata (1959), El gato y el ratón (1961)y Años de perro (1963). Anestesia local (1969). El rodaballo (1977). Encuentro en Telgte (1979). La ratesa (1986). Malos presagios (1992). Es cuento largo (1995). Mi siglo (1999). A paso de cangrejo (2002).

- Teatro. Los plebeyos ensayan la revolución (1966). - Poesía. Del diario de un caracol (1972).

- Ensayo. Partos mentales o los alemanes se extinguen (1980).

- Memorias. Pelando la cebolla (2007). La caja de los deseos (2009). De Alemania a Alemania. Diario (1990-2009).

Grass continúo opinando —y molestando a muchos con sus opiniones— hasta el final de sus 87 años. Hace solo dos meses, se preguntaba si, de una forma u otra, no estamos ya viviendo una Tercera Guerra Mundial. “En los últimos tiempos oímos continuamente avisos para impedir una nueva catástrofe como la de la Primera o la Segunda. Me pregunto desde hace tiempo si no ha empezado ya de una forma paralela en Ucrania, Siria y otros lugares”, afirmó.

“Deja un legado inmenso, del que todavía queda bastante por publicar o por traducir en España”, asegura en una conversación telefónica Miguel Sáenz, su traductor y miembro de la Real Academia Española. Entre su vastísima obra, que incluye narrativa, teatro, ensayo y poesía, destacan El gato y el ratón y Años de perro, que junto con El tambor de hojalata constituyen la denominada Trilogía de Danzig; así como El rodaballo (1977), En el cuarto trasero (1982), Un vasto campo (1995), Últimas danzas, novela que publicó en 2003; Mi siglo, una recopilación de sus reflexiones sobre cada uno de los años del siglo XX, incluida una sobre el bombardeo nazi de Gernika en la Guerra Civil, y ensayos políticos como Alemania: una unificación insensata.

Sáenz, quien lo trató en las reuniones que Grass organizaba con los traductores de sus obras a distinas lenguas, lo recuerda como un gigante de la literatura y un hombre del Renacimiento que, además de escribir, esculpía, pintaba acuarelas, hacía grabados... “Los encuentros con los traductores, que podían durar una semana, no solo eran muy fructíferos porque tratábamos con él directamente sobre los problemas con los que nos encontrábamos en nuestro trabajo. También eran auténticos festines en los que jugábamos a los bolos, él cocinaba una sopa de pescado buenísima y en los que a él le encantaba pasárselo bien y reírse”, recuerda.

El antinazi que fue miembro de las SS

Ficha de filiación de Günter Grass a las Waffen SS en mayo de 1945.

La bomba estalló el 11 de agosto de 2006. “Por qué rompo mi silencio”, se titulaba la entrevista con Günter Grass que ese día publicaba el gran diario conservador alemán, el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Ya se sabía que el gran escritor y premio Noble se había alistado en las Juventudes Hitlerianas como voluntario y que a los 17 fue llamado a filas por el Ejército nazi. Pero durante la presentación de su autobiografía Beim Häuten der Zwiebel(“Pelando la cebolla”), confesó haber pertenecido en su juventud a las Waffen SS, las unidades militares del cuerpo de élite del partido nazi, a las órdenes de Heinrich Himmler y particularmente activo en la perpetración del Holocausto. A los 17 años, Grass sirvió en Dresde en la Décima División Blindada Frundsberg.

De poco sirvieron sus explicaciones de que su ingreso no fue voluntario y que no pegó un tiro. Grass recibió fortísimas críticas de aquellos que consideraban un hipócrita al escritor de izquierdas, destacado antifascista y poco menos que guardián de la moral alemana en las últimas décadas. Le acusaban no tanto de haber cometido un error en su adolescencia como de haber tardado 60 años en hablar de su pasado en una de las divisiones más asesinas del régimen nacionalsocialista. Su explicación es que en todo ese tiempo no “había sabido como decirlo”.

El expresidente polaco Lech Walesa pidió que devolviera su condecoración como ciudadano ilustre de Gdansk (Danzig en alemán), la ciudad polaca en la que nació y en la que se desencadenó la II Guerra Mundial.

La entonces recién nombrada canciller Angela Merkel también criticó al premio Nobel de Literatura. “No me extraña que ahora le critiquen, porque él nunca se mantuvo al margen en las discusiones públicas. Comprendo las críticas y habría preferido que [su pasado] se supiera desde el comienzo”, decía entonces la líder democristiana y jefa de Gobierno. La misma que ayer mostró su “profundo respeto” y consternación por la muerte de Grass, un escritor que, según Merkel, “marcó como pocos la historia de Alemania, desde el final de la II Guerra Mundial hasta hoy, con su compromiso personal, literario, político y social”.

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