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JOSÉ RODRÍGUEZ-SPITERI | Presidente de Patrimonio Nacional

“Estoy teniendo una enorme paciencia con el Museo del Prado”

Rodríguez-Spiteri dice que que hay soluciones aunque desde el museo no quieran hablar

José Rodríguez-Spiteri, fotografiado el lunes junto a su despacho.
José Rodríguez-Spiteri, fotografiado el lunes junto a su despacho.

Desde que en julio del año pasado se supo que los responsables de Patrimonio Nacional estaban dispuestos a hacer valer su derecho de propiedad sobre cuatro obras maestras esenciales en la colección del Museo del Prado, el conflicto de intereses entre ambas instituciones no ha tenido un respiro. No es para menos. Las obras reclamadas son iconos indiscutibles de la primera pinacoteca española: El descendimiento de la cruz, de Rogier Van der Weyden (1435); El jardín de las delicias (1500) y La mesa de los siete pecados capitales (1485) ambas de El Bosco, y El lavatorio (1548), de Tintoretto. Su destino sería el nuevo Museo de las Colecciones Reales, cuya apertura está prevista para otoño de 2016.

Patrimonio exige al Prado obras de El Bosco, Tintoretto y Van der Weyden

José Rodríguez-Spiteri (Madrid, 1945), presidente de Patrimonio Nacional, argumenta que esas obras llegaron al Prado en 1943 gracias a los depósitos temporales constituidos en el franquismo y que en 1982, ya en plena democracia, una ley constitucional reguló los depósitos y se estableció que se renovarían cada dos años. La última firma tiene fecha de 22 de febrero de este año y, pese a las declaraciones que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santa María, realizó en su día a este diario en el sentido de que los cuadros no saldrán del Prado, para Rodríguez-Spiteri parece que la situación no está del todo resuelta. En esta entrevista, Rodríguez-Espiteri afirma que las negociaciones tienen unos mediadores nombrados por Presidencia del Gobierno y Cultura, y que hay soluciones aunque los responsables del Prado (el director Miguel Zugaza y el presidente del Patronato, José Pedro Pérez Llorca) no quieran hablar con él del tema. “Estoy teniendo una enorme paciencia con el Prado”, asegura el máximo responsable de Patrimonio Nacional, quien asegura que hay “mil fórmulas” para desatascar el conflicto. Y una de ellas podría ser que las cuatro obras permanezcan en la colección permanente del Prado, tal como hasta ahora, pero que “periódicamente se pueda disponer de ellas para visitar su casa matriz”.

Pregunta: ¿Una rotación pactada y regulada?

Respuesta: Podría ser. Es una de las fórmulas con las que los negociadores están jugando. Pero puede haber otras.

P. Después de las declaraciones de la vicepresidenta del Gobierno y de los responsables del Prado, parecía que la reclamación estaba en punto muerto.

R. Las leyes son las que son. Tengo gran respeto por el equipo que está al frente del Prado, y entiendo su posición. Pero hay unas leyes constitucionales que afectan a todo el Patrimonio Nacional. Los legisladores pudieron dejar fuera a El Prado, pero no se hizo. Tienen que cumplir la ley.

P. Eso significaría que el Prado se quedaría sin cuatro obras esenciales, de entre las 15 más importantes de su colección.

R. Son esenciales para ellos... y también para el futuro Museo de las Colecciones Reales. El último acuerdo de renovación se firmó con Plácido Arango como presidente del patronato del Prado. Se les dijo que estábamos inventariando los fondos de todo Patrimonio para el museo. El plazo acabó el 22 de febrero. Nos hemos encontrado con un muro.

P. Hay quien piensa que puede que este museo no sea tan necesario, con los que ya hay en Madrid.

R. Yo llegué a Patrimonio en enero de 2012. Había un proyecto de hacer un museo dedicado a tapices y carruajes. Pero se decidió que solo con carruajes y tapices, no se atraería al público. El concepto expositivo pasó a ser el de contar el mecenazgo a través de los Austrias y Borbones, que es como decir la historia de España. El problema que me encuentro es que los peines contenedores de los cuadros estaban vacíos. Las obras estaban prestadas en palacios, embajadas y museos, como El Prado. Había que inventariar y traer las obras para el nuevo museo. Se habló con ellos, nunca por carta, y se negaron.

P. ¿Están ustedes reclamando obras a otras instituciones?

R. Sí. Y sin problemas. Por ejemplo, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) tenía un tapiz nuestro, de Raphael Mengs. Se les comunicó que nos lo traíamos a Madrid y solo preguntaron por el día en que el camión iría a recogerlo.

La ley está por encima de lo que el señor Zugaza o yo podamos querer”

P. ¿Me puede citar otras obras importantes que deberían abandonar sus museos habituales para venir aquí?

R. Prefiero no señalar. Pero sí le digo que tenemos obras de El Greco, Velázquez o Goya, que estaban fuera y que van a ser expuestas en nuestro museo.

P. ¿Puede citarme las cinco obras más importantes que servirán de reclamo para visitar el Museo de las colecciones Reales?

R. No de momento. Es un espacio enorme. Las obras de arte rondarán el millar, pero esperaremos a que se haga público el proyecto museográfico y sepamos cómo se organiza el interior.

P. ¿Cuándo se hará público el concurso?

R. Antes del verano.

P. ¿Y cuándo espera saber de qué obras disponen? Hay unas elecciones generales pronto y su cargo es político. Puede que haya un sustituto que no quiera litigios con un museo como el Prado.

R. Puede. Pero hay una ley que está por encima de lo que el señor Zugaza o yo podamos querer.

P. También se puede legislar para modificar y consolidar una propiedad que muchos consideran un hecho.

R. Se puede hacer una ley para desafectar la propiedad. No es usual, pero se podría hacer.

P. Al margen del conflicto, ¿cómo es su relación con Zugaza? Por cierto, sorprendió que no acudiera usted a la exposición dedicada a Roger Van der Weyden en el Prado.

R. No fui porque mi par en el Prado es el presidente del Patronato, José Pedro Pérez Llorca, y él no asistió a la presentación. Con Zugaza me llevo bien. La última vez nos vimos en El Pardo, en la entrega de las medallas de Bellas Artes. Salimos juntos y le presté mi coche y mi chófer para volver a su casa. Por mí, ninguna tensión.

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