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Tras las tapias y los setos: 'Subsuelo', de Marcelo Luján

El escritor Marcelon Luján | Foto: FERNANDO MONGE

NOTA DEL COORDINADOR: El escritor Alexis Ravelo, nuestro cronista de BCNegra, nos regala esta crítica del nuevo libro de Marcelo Luján. Gracias. Lean y disfruten.

POR ALEXIS RAVELO

A veces se nos olvida, pero el trabajo de un novelista no es ser famoso, ni vender miles de ejemplares, ni que sus libros se lean como se ve un telefilme. Antes bien, consiste en encontrar buenas historias y contarlas de la mejor manera posible para emocionar o, aun mejor, conmocionar a su lector. Hacer que el libro produzca gozo en la lectura. Y que, tras la lectura, se convierta en memorable.

Subsuelo, la nueva novela de Marcelo Luján (Salto de Página), comienza con una parcela en el campo. Con una piscina rodeada de cerezos y aligustres. Con unos burgueses emborrachándose en torno a la mesa donde han cenado, mientras sus mujeres hacen café, les traen botellas, friegan los platos. Con tres adolescentes sentados al borde de esa piscina. Y con un cuarto hijo, un veinteañero que ha llegado tarde a esa segunda residencia, esa casa de vacaciones donde los amigos de sus padres pasan los veranos. Que ha llegado tarde y demasiado cansado para ir a comprar el hielo que acaba de terminarse. Esto es: Marcelo Luján decide comenzar su novela con una escena normal en cualquier chalé de las afueras un viernes por la noche de comienzos del estío. Solo que ese será el origen de la desgracia para dos familias. Y, sobre todo, será el arranque de una maraña de engaños, secretos, extorsiones y crueldad, una historia acerca de la pérdida de la inocencia, el dolor de la pérdida y una sexualidad entendida de forma depredadora y enfermiza. Una historia que se desarrolla oculta bajo la superficie de esa apariencia de familia bien que intenta sobreponerse a un percance que el azar —o el destino— le ha hecho sufrir. Igual que bajo la superficie de esa casa de vacaciones se desarrolla la vida de un hormiguero, leit motiv principal de este relato incómodo que nos obliga a preguntarnos qué se esconde tras las tapias y los setos que rodean los chalés de nuestros vecinos acomodados.

Al contrario que muchos que pueblan las mesas de novedades con sus historias de “ritmo trepidante y acción cinematográfica”, intentando convocar al asombro con excesivos giros para enrevesar argumentos que, en el fondo, no pueden evitar ser siempre el mismo, Luján es un estilista: con una prosa limpia, que huye de lo decorativo e involucra el flujo interno de conciencia de los protagonistas, maneja con sobriedad la técnica de la postergación, sin hacer trampas ni sacarse conejos de la chistera. Escribe para un lector adulto, con quien establece un juego perverso gracias a una sabia elección de la posición del narrador y un inteligente tratamiento del tiempo. Muestra lo que va a pasar, pero no exactamente cómo. Y, sobre todo, lo oculta a los personajes. Quizá por eso, al leer Subsuelo uno recuerda a ese tipo de narradores que supieron —con sobriedad, sin aspavientos ni adjetivos gratuitos— emplear su oficio en llegar a la raíz del dolor y mostrárnosla. Pienso en Steinbeck, en Erskine Caldwell. Acaso en Carson McCullers o en Cormac McCarthy. Son todos norteamericanos, lo sé. El lector, seguramente, tendrá una memoria más diversa que la mía.

En cualquier caso, tradición aparte, Marcelo Luján es un caso peculiar en el actual panorama hispano. Un autor con una voz personalísima que, sin embargo, adquiere diferentes modulaciones, dependiendo de la historia que deba contar. Con frecuencia, eso sí, se trata de historias desasosegantes, como sabrán los lectores de Moravia o de La mala espera. Subsuelo viene a ser un paso más en una producción que constituye una labor de zapa en el confort del discurso bienpensante. Eso lo convierte en un texto poco conveniente para esos lectores que prefieren que los libros que leen sean como telefilmes. Los demás, sin duda, no deberían perdérselo.

Comentarios

No me creo nada de nada, novela no realidad, eso es exagerar para dar gusto a algunos, debe ser como en todas las familias, unas con más y otras con menos.
No me creo nada de nada, novela no realidad, eso es exagerar para dar gusto a algunos, debe ser como en todas las familias, unas con más y otras con menos.