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Sergio Pitol se cura, el litigio sigue

El escritor mexicano supera la hemorragia gástrica que le ha tenido al borde de la muerte

El escritor y premio Cervantes Sergio Pitol, en Madrid en 2006. Ampliar foto
El escritor y premio Cervantes Sergio Pitol, en Madrid en 2006.

En la planta de terapia intermedia del hospital Ángeles, en Xalapa (Veracruz), el escritor mexicano Sergio Pitol se recupera de una hemorragia gástrica que ha estado a punto de costarle la vida. A sus 81 años, el Premio Cervantes ha salido del trance rodeado de sus íntimos y algunos familiares. Ahora ya come sólido e incluso escucha ópera. En unas semanas más espera volver a su legendaria casa xalapeña de la calle Pino Suárez, con sus 14.000 libros y sus perros Homero y Lola. Pitol no sabe aún, o eso aseguran sus allegados, que durante su estancia en el hospital, mientras luchaba por sobrevivir, un vendaval ha golpeado su puerta. El terremoto, que ha agitado durante días los medios mexicanos, ha sacado a la luz oscuros demonios familiares y quebrado el muro de discreción que rodeaba a este exquisito escritor, traductor y diplomático. En una disputa dirigida por una parte de su familia contra su círculo más íntimo, su lucidez ha sido puesta en duda, se han lanzado acusaciones de secuestro y negligencia y, a la postre, ha emergido la fragilidad crepuscular de un hombre que desde hace años apenas puede hablar, pero que, como dice su compatriota Elena Poniatowska, “siempre ha sido capitán de su nave”.

Aunque seguramente hunda sus raíces en una historia más antigua, el primer acto público de esta enrevesada trama se registró en octubre pasado, cuando una parte de la familia de Sergio Pitol, encabezada por su primo Luis Demeneghi, presentó una demanda de interdicción para lograr la tutela del autor. La relación de Pitol con estos parientes fue muy estrecha en una época. Huérfano de padre y madre desde los cinco años, el escritor creció bajo los cuidados de su tío materno, Agustín Demeneghi. Durante mucho tiempo, Pitol, como atestiguan los documentos que muestra la familia, resultó casi un hermano mayor para su primo Luis. Aun así, desde hacía décadas su círculo más íntimo, según corroboran tres escritores consultados, lo formaban su secretario personal, su chófer y su cocinera, a cuyo hijo pagó la carrera. En un segundo nivel, aunque también muy próximo, se encontraba un grupo de académicos y estudiosos de su obra.

La demanda buscaba declararle incapaz y nombrar tutor a su primo, malavenido con la esfera más cercana a Pitol. Su base eran los problemas neurológicos del escritor. Y no sólo la afasia progresiva que le impide el habla. El documento médico aportado por los parientes, y que más tarde se hizo público, trazaba un cuadro de discapacidad, en el que no se escatimaban alertas a supuestos riesgos para su integridad “física, jurídica y económica”.

A mediados de octubre, la magistrada, para sorpresa de la familia, denegó la tutela al primo. Pero mientras resolvía sobre la capacidad del escritor, dio la custodia temporal al Departamento de Desarrollo Integral de la Familia, dependiente del Estado de Veracruz. Y como cuidadoras nombró a dos amigas del escritor: Nidia Vicent Ortega y Elizabeth Corral Peña, profesoras de la Universidad Veracruzana. Ambas defienden a capa y espada su lucidez. “Lee todo los días el periódico y a sus autores preferidos, escucha música y, por medio de señas y otros medios, se comunica con su entorno”, afirma Vicent.

El rechazo judicial no fue ajeno a la envenenada atmósfera familiar. Pocos fuera del universo más cercano al autor sabían que desde principios de octubre una demanda firmada por Pitol responsabilizaba a su primo de haberle administrado quetiapina, un fármaco supuestamente contraindicado. “El medicamento lo recetó el médico y por eso se le administró y a dosis muy bajas. Es todo falso; ni siquiera es verdad que fuese él quien presentase la demanda, no es capaz de hacerlo”, se defiende Luis Demeneghi.

Vida y literatura

El mexicano Sergio Pitol Demeneghi nació en 1933 en Puebla. Diplomático, traductor y escritor,recibió entre otros galardones y distinciones, el Premio Cervantes en 2005 a toda su trayectoria.
De humor mordaz y refinado, sus novelas son ejercicios de estilo de mirada crítica y desencantada. Destaca Trilogía del carnaval, formada por El desfile del amor (1984), Domar a la divina garza (1988) y La vida conyugal (1991), El mago de Viena (2005) o Autobiografía soterrada (2011). Entre sus volúmenes de cuentos, Nocturno de Bujara (1982).
Prueba del aprecio por su obra y por su persona es la reciente carta de apoyo de 700 escritores y amigos, en la que se asegura que “goza de cabal salud mental”.

Las aguas, como se ve, bajaban turbulentas y negras, pero hasta principios de febrero el conflicto discurrió alejado de los focos. Todo estalló con el ingreso hospitalario del autor. Mientras el mundo se sobrecogía por su estado de salud, el primo salió a la palestra para culpar a sus cuidadores de negligencia por su retraso al internarle. No se quedó ahí. En una demoledora entrevista en La Jornada, ha acusado a “la camarilla” de tener secuestrado a Pitol y ha hecho públicos informes médicos para demostrar su deterioro mental.

Las imputaciones han desencadenado un seísmo en el universo literario. Una ola de escritores y amigos, encabezada por autores como Elena Poniatowska, Margo Glantz, Juan Villoro o Mario Bellatín, muy vinculados al autor de El arte de la fuga, han salido públicamente en defensa de su lucidez. La andanada ha servido para que la parentela opte por un perfil más discreto. “Sergio requiere de ayuda y se la queremos dar. La tutela debe ser para la familia”, explica ahora Demeneghi, en un intento de calmar las aguas. Pero la duda ya ha sido sembrada. Entre los amigos de Pitol ha cundido la alarma y no están dispuestos a bajar la guardia.

“Sergio está totalmente lúcido. El problema del lenguaje lo tiene desde hace mucho. Cuando cumplió los 70 años, le rindieron un homenaje en el Palacio de Bellas Artes, y al dar las gracias por la ovación se quedó repitiendo ‘muchas, muchas, muchas…’ La disfasia ha avanzado, pero él logra comunicarse mediante palabras, gestos, balbuceos, indicaciones”, afirma Mario Bellatín.

“Es humillante que se hable de un deterioro que los amigos cercanos no hemos percibido. Sergio ha sobrellevado con enorme entereza el no poder hablar, pero sigue leyendo, organiza reuniones operísticas en su casa y yo mismo intercambio mails con él. El año pasado, aún publicó un libro con algunos textos nuevos”, indica Villoro.

Los partes médicos apuntan que Sergio Pitol podrá salir pronto del hospital. Fuera le esperan la casa, un espinoso proceso sobre su tutela y posiblemente la amargura de descubrir muchos cristales rotos.

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