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Victoria máxima de ‘La isla mínima’

Alberto Rodríguez, con el Goya a la mejor dirección.

Atín Aya falleció en 2007. Fotógrafo, retrató en blanco y negro un país que poco a poco cogía el color en la Transición tras décadas de oscuro franquismo. Andaluz, ahondó en el alma de la gente de las marismas, en los pobladores que superaban las calamidades de una zona agreste y bellísima. Aya murió con 52 años y no sabrá lo que influyó en el alma de dos cineastas, el realizador Alberto Rodríguez y el director de fotografía Alex Catalán, que en el año 2000 vieron una antológica suya. Rodríguez y su guionista habitual, Rafael Cobos, escribieron un tratamiento en 2004, lo metieron en un cajón y rodaron Siete vírgenes. Así nació la semilla de La isla mínima, el thriller que anoche se llevó 10 estatuillas en la 29ª gala de los Premios Goya, confirmando la sensación de favorita que arrastraba desde el día de la lectura de las candidaturas.

La España de 1980, la policía del tardofranquismo, la suciedad moral de los caciques, la lucha por lograr mejoras laborales, la lluvia en la jungla del arrozal. Todo ello anida en una película que confirma que Rodríguez no ha hecho ni una sola película mala, y que a la vez ha ido creciendo trabajo a trabajo. La Academia no se dio a experimentos raros y premió tanto la dirección de Rodríguez como la calidad de La isla mínima con el galardón a mejor película. Ese cabezón lo dio Penélope Cruz, que además pisaba por primera vez la ceremonia como productora. Por su parte, Rodríguez, que había pasado anteriormente por otras cuatro ceremonias sin ganar ni un premio, vio recompensado su talento, que se convirtió también, por prolongación, en un triunfo del cine andaluz, porque los Goya estuvieron llenos de cómicos, presentadores, homenajeados y ganadores de esa comunidad.

Fue una gala casi sin perdedores. El único que se sabía ganador, el Goya de Honor Antonio Banderas, dio una lección de vida, arte y oratoria. Dani Rovira, presentador de la gala y que además logró su estatuilla al actor revelación entre besos de su pareja en Ocho apellidos vascos y en la vida real, Clara Lago, fue un perfecto anfitrión de una ceremonia que por momentos, eso sí, dio la sensación de no acabarse nunca. Rovira mezcló chistes, gags, supo tocar la moral al ministro de Cultura, José Ignacio Wert, que sí acudió a la entrega tras el plantón del año pasado, y al que pidió poder tutear (“¿Te puedo llamar Nacho?”), regaló un Opel Kadett —que previamente había intentado vender en varios momentos— a Penélope Cruz, habló de tú a tú a José Sacristán y formó parte de dos de los momentos musicales, uno de claqué y el poderoso inicio titulado Resistiré, que arrancó con Ana Belén y finalizó con una treintena de actores y actrices —entre ellos una energética Asunción Balaguer de 89 años— cantando un himno reconvertido en una marsellesa del cine español. Rovira soltó puntillas como decir “orcos” cuando quería decir “arcas estatales” o cuando aseguró que había en las candidaturas de la comedia de Emilio Martínez Lázaro “una ausencia absolutamente clara”. La ceremonia duró 45 minutos más de lo previsto, alargándose hasta la 1.40 de la mañana.

Bárbara Lennie ganó el premio a mejor actriz por Magical girl. Fue el único galardón recibido por la segunda película de Carlos Vermut, que había ganado en el Festival de San Sebastián la Concha de Oro a mejor película y la Concha de Plata a la mejor dirección con un thriller que sobrepasa los géneros y anuncia una espléndida carrera para un creador procedente del cómic. Lennie representa a una generación de intérpretes que no diferencian entre teatro y cine. Como Javier Gutiérrez, miembro de la compañía Animalario, que encarna a un policía de la vieja guardia en La isla mínima. Lennie, además, también sirvió como imagen de las nuevas hornadas: las cuatro actrices que competían por el premio para mejor protagonista tenían menos de 40 años; incluso los cuatro directores candidatos en esa categoría no llegaban al medio siglo.

Hubo muchos recuerdos para Ocho apellidos vascos, la película que hizo historia con sus 56 millones de euros recaudados. Sus tres intérpretes candidatos se llevaron las estatuillas: Karra Elejalde (actor secundario), Carmen Machi (actriz secundaria) y Rovira (actor revelación, convirtiéndose en el segundo anfitrión de la gala, tras Rosa María Sardá, en llevarse un premio en una ceremonia que presentaban). Elejalde, que cuando ganó con También la lluvia su primer paco (así lo bautizó) dio un larguísimo discurso, fue el único que cumplió ayer con el minuto implorado por Rovira.

Dani Rovira muerde su Goya a mejor actor revelación. REUTERS

Del resto de los candidatos, El Niño obtuvo cuatro premios, Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, dos, y la hispanoargentina Relatos salvajes, de Damián Szifrón, metido en plena vorágine preoscar, obtuvo el de mejor película iberoamericana de sus nueve candidaturas. Otro premio que parecía cantado fue el de mejor documental, que logró el soberbio Paco de Lucía: la búsqueda, de Curro Sánchez Varela, hijo del genio de la música, lo que de paso se convirtió en un homenaje al fallecido guitarrista.

No estaba en el guion prevista una gala reivindicativa, pero poco a poco ese 21% del IVA cultural fue dejándose ver en la ceremonia. Desde el discurso del presidente de la Academia, Enrique González Macho: “Ya va siendo hora de que nos bajen el IVA”. Aclaró que quería hacer una “elipsis” y evitar repetir los mismos temas y polémicas que el cine español viene arrastrando en los últimos años pero aun así no renunció a reivindicar una vez más que el “maldito” impuesto del 21% se reduzca. González-Macho dio las gracias a los embajadores de Estados Unidos y Francia, presentes en la sala, y puso como ejemplo a sus países. “Hacen de su cinematografía un asunto de Estado”[…] y alabó cómo ambos países producen películas “poderosas” que llevan su cultura por todo el mundo.

Uno de los momentos más tensos de la noche llegó por boca de Pedro Almodóvar, quien, justo antes de entregar el premio de honor a Antonio Banderas, lanzó una andanada al ministro de Educación, Cultura y deporte. El cineasta saludó a “los amigos del cine y la cultura”... y añadió: “Señor Wert, usted no está incluido”.

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