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CINE / ENTREVISTA

“Yo traiciono los géneros”

El director coreano Bong Joon-ho, reverenciado en Europa, afronta el cine desde las imágenes que le inspiran y no desde ideas abstractas o historias reales

Bong Joon-ho, retratado en la Casa de Corea en Madrid.
Bong Joon-ho, retratado en la Casa de Corea en Madrid.

En la última Seminci de Valladolid hubo codazos entre los cineastas españoles por ver quién le daba la Espiga de Honor a un cineasta coreano, Bong Joon-ho, de 45 años y tan solo cinco películas, que ha revolucionado la manera de afrontar los géneros en el cine. Bong es un creador reverenciado en Europa Occidental y en especial en España, ya que la nueva generación de cineastas usa, como él, el thriller, la ciencia-ficción, el terror o los monstruos para ir más allá y transmitir otras historias, por ejemplo sociales. Alberto Rodríguez, Carlos Vermut, Paco Plaza (al que el coreano nombra con deleite), David Trueba, Jaume Balagueró…, todos hablan de este reinventor de géneros como un modelo a seguir, un espíritu a imitar. En la Berlinale del próximo febrero, el suyo será uno de los siete nombres del jurado internacional.

Curiosamente el debut en el largometraje de Bong se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián en el 2000 con Perro ladrador poco mordedor, que fue recibido, siendo muy generosos, con escepticismo. “Aprendí mucho de aquella experiencia”, cuenta en Madrid. “Nunca debes renunciar al montaje final ni ceder a presiones de los productores para variar lo que quieres contar”. Desde entonces no ha dado ni un paso atrás. Hasta el punto de que es legendaria su pelea con el distribuidor Harvey Weinstein antes del estreno estadounidense de su último trabajo, el primero en inglés y con actores occidentales, Snowpiercer (2013): Bong le ganó la partida a alguien que es conocido en la industria como Harvey Manostijeras. “Visité sus oficinas y allí trabajaban en varias salas de edición. En una vi cómo troceaban The grandmaster, de Wong Kar-Wai, y pensé: si hacen eso con un genio, ¡qué no harán con mi película!”. Pero resistió y ganó.

Bong absorbió el mejor cine occidental de género, lo deglutió y ahora está devolviendo el favor, multiplicado, al séptimo arte. Pero él no se cree tan importante. “En Valladolid me hablaron de La isla mínima como deudora de Memories of murder y de otros creadores, especialmente españoles. No tengo mucho tiempo para ver cine, lo siento, no puedo responder. Me provoca mucha curiosidad, pero prefiero no cargar con esa responsabilidad”. A Bong se le escapa a borbotones el sentido del humor: “De adolescente quería ser como Alfred Hitchcock. Y lo he logrado en parte. ¡Mira qué tripa tengo!”. Más en serio habla de lo que conoce España. “Buñuel, por favor, no hay otro como él. Y Carlos Saura. Me fascinan sus películas”. Y confirma una leyenda urbana: el monstruo que sale del río Han para recorrer Seúl se mueve igual que los toros de los sanfermines porque fueron su inspiración. “A los técnicos de efectos digitales les enseñé fotos de los toros e imágenes de los encierros para que copiaran su manera de moverse”.

¿Si soy pesimista? Qué va, soy un tipo alegre. Es que la realidad es como la cuento. Da miedo, y más como padre”

En el cine de Bong Joon-ho, la naturaleza humana es mucho peor que la naturaleza monstruosa. No hay peor enemigo para el hombre que el hombre. “Reflejo lo que veo, así es el mundo real. ¿Si soy pesimista? Qué va, soy un tipo alegre, es que actualmente la realidad es como yo la cuento. Claro que me da miedo, y más como padre de un hijo de 18 años”. El director es un cruzado del cine en pantalla grande, y abomina de las películas en los móviles. ¿Ha logrado atraer a su gusto a su hijo? “Pues sí, ve las películas como mucho en Blu-ray o DVD. Ahora, puede ser que el porno, cuando está solo…”.

Su último trabajo ha sido la reconversión del color al blanco y negro de su Mother (2009), un thriller en el que una mujer investiga un asesinato presuntamente cometido por su hijo. “La pensé en color. El director de fotografía fue el mismo que en Snowpiercer, y durante el montaje de esta estuvimos recordando grandes títulos en blanco y negro, y se nos ocurrió la idea. Pensábamos en las primeras películas de Fellini; en Dreyer y su primer plano de Maria Falconetti en La pasión de Juana de Arco; en Anna Magnani en los clásicos del neorrealismo italiano…”.

Bong, que empezó como guionista, reconoce que sus trabajos nacen de imágenes que le inspiran, no ideas abstractas o historias reales. “Eso me lleva a traicionar los géneros. Sin esquema que me coarte no hay trabas. Incluso acabadas mis películas yo no sé definirlas”. Y entre risas añade: “Eso es cosa de los de marketing”.

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